Yemen: Cada diez minutos muere un menor por hambre y 7 millones de niños corren el riesgo de sufrir desnutrición aguda

05 de nov 2018 (Abya Yala Digital).- Según el director regional de UNICEF para el Medio Oriente y África, Geert Cappelaere, Yemen es un infierno en vida para el 50 o 60% de los niños que lo habitan, pues cada diez minutos, un niño muere por hambre y enfermedades que podrían ser prevenidas fácilmente, además alrededor de 1,8 millones de pequeños padecen desnutrición aguda. “Los niveles de vacunación han disminuido drásticamente desde que comenzó la guerra, y los brotes de sarampión y difteria están afectando fatalmente a los niños” aseguró.

Según datos oficiales de la Organización de Naciones Unidas (ONU) alrededor de 2,9 millones de niños y mujeres padecen malnutrición aguda y el número de niños que la sufren ha aumentado hasta el 90 % en los últimos tres años.

Además, Cappelaere indicó que “más de la mitad” de los 14 millones de personas yemeníes que corren el riesgo de sufrir hambre son niños, para después informar que unos 6.000 menores han muerto o han sufrido lesiones graves desde el inicio de la agresión violenta, liderada por el régimen saudí y sus aliados, en marzo de 2015.

El rostro de Yemen en una niña

Amal, la niña cuya foto de portada en el New York Times conmocionó al mundo, falleció en el campo de refugiados, donde se encontraba con su familia, al no poder ser trasladada a una clínica que se encontraba a 15 kilómetros del lugar. Recorrer esa distancia suponía un gasto que los padres de Amal no podían permitirse, por lo que la llevaron de vuelta al campo de refugiados, en el que están instalados y donde la pequeña falleció a los tres días.

El conflicto de Yemen, de acuerdo con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), ha ocasionado “la mayor crisis humanitaria del mundo”, donde hay unos 22 millones de personas que necesitan ayuda para sobrevivir y varios otros millones que padecen una hambruna.

Defensa de la soberanía de Yemen

Desde marzo de 2015, el régimen saudí y sus aliados llevan a cabo una brutal campaña militar contra Yemen, por decisión del príncipe Mohamed Bin Salman, de 33 años de edad, heredero del trono saudita y ministro de Defensa del reino, utilizando varios tipos de armas, incluidas las prohibidas y cuyos objetivos bélicos han sido centros de producción y de acopio de alimentos para “ganar la guerra por hambre”, según denuncian organizaciones defensoras de los DDHH. (La hambruna afecta ya a unos siete millones de civiles, lo que equivale a un cuarto de la población yemení de 28,5 millones de habitantes).

La obsesión saudí tiene que ver, evidentemente, con el petróleo. Yemen apenas lo tiene, pero su ubicación geográfica le confiere un valor estratégico primordial en la reordenación del tráfico mundial de crudo tras el levantamiento de las sanciones a Irán. Hace años que Arabia Saudí proyecta un nuevo oleoducto que, desde sus grandes yacimientos en el este del país y atravesando la región yemení de Hadramaut, desemboque directamente en Adén, esquivando así el actual paso de los cargueros por el estrecho de Ormuz, tutelado por Irán.

El régimen saudí y sus aliados tienen el objetivo de restaurar en el poder al expresidente fugitivo yemení, Abdu Rabu Mansur Hadi, y hacer frente al movimiento popular yemení Ansarolá para que Riad pudiese explotar las reservas de petróleo existentes a ambos lados de la frontera entre los dos países. La monarquía saudita inició esa guerra con ayuda de Israel, que dispone de un estado mayor conjunto con los sauditas en la vecina Somalilandia.

Khashoggi denunció el 2017 la masacre en Yemen

El periodista de The Washington Post, Jamal Khashoggi, denunció en su columna desde “su exilio” en 2017, “la masacre” de Yemen, y acusó directamente de los bombardeos sobre la población civil a Mohamed Bin Salman, gobernante de facto del país.

Khashoggi, de 59 años, que estaba afincado en Washington, desapareció el pasado 2 de octubre en el consulado saudí en Estambul cuando iba a recoger unos documentos para poder casarse con su prometida turca.

El periodista era esperado en el consulado por un comando de una quincena de agentes saudíes que habían viajado a Estambul pocas horas antes y regresaron a Riad esa misma noche.

Khashoggi, asesinado hace un mes en el consulado de su país en Estambul, fue “disuelto” con una sustancia química tras ser descuartizado, según señaló Yasin Aktay, asesor de la cúpula del gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP) del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y amigo personal de Khashoggi, citado este viernes por el diario turco Hürriyet.

“De acuerdo con las últimas informaciones, la razón por la que lo cortaron en pedazos fue para poder disolverlo más fácilmente. El objetivo era no dejar rastros del cuerpo”, añadió.

La Fiscalía turca había declarado el miércoles de que el cuerpo del periodista fue despedazado. “Esto es lo que también se desprende de la declaración de la Fiscalía. No hay nada razonable que se pueda responder a esto. Matar a una persona inocente es un crimen, tratar el cadáver así es otro crimen y una vergüenza”, añadió Aktay. “Se ha buscado en todos los lugares que aparecen en el sistema de cámaras de vigilancia, pero no se ha encontrado el cuerpo. Lo que hay son indicios”, agregó.

La Fiscalía de Estambul ha prometido que seguirá investigando el caso, pese a la escasa colaboración mostrada por las autoridades saudíes durante la visita del Fiscal General del reino encargado del caso, que estuvo del domingo al miércoles pasados en Estambul.

En un comunicado publicado el pasado jueves, primero de noviembre, en el diario The Washington Post, familiares de Khashoggi -que por razones evidentes no han sido identificados- califican de “grotescas y ridículas” las alegaciones contra Jamal de que “era un islamista peligroso” que amenazaba la estabilidad del Reino del Petróleo y denuncian que a la cabeza de los líderes de Oriente Medio que han salido en defensa del príncipe saudí, Mohamed Bin Salman, está el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien poco después del “caso Khashoggi” se puso en contacto con Donald Trump para recordarle que “Arabia Saudí es muy importante como socio estratégico en la región”, agrega la fuente.

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