El 8 de marzo entre feminismos y feminazismos…

Por: Carmiña Dubrek García Fernández

El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Unas marchan, otras festejan, otras postean mensajes feministas reivindicando luchas y derechos, otras reclaman una flor, otras simplemente trabajan, llevando adelante la doble jornada laboral como de costumbre. Este último grupo ha naturalizado la carga del hogar, para ellas, es “su” obligación asumir el trabajo doméstico infravalorado y su quehacer  remunerado por el mercado laboral que ahora le exige: capacidad de trabajo bajo presión y amplia disponibilidad de tiempo, entre otros requerimientos; y esto se da en todos los ámbitos laborales, las mujeres “deben” mostrar siempre una sonrisa y estar atentas a todo, de lo contrario serán catalogadas como inútiles, problemáticas, amargadas o malas mujeres.       

Este breve pantallazo muestra que el cuerpo social femenino es heterogéneo y amorfo, reflejándose en las distintas posiciones que se asumen cuando se habla de la condición femenina; unas hablan y buscan la igualdad, otras asumen sus luchas desde la reivindicación de las diferencias, buscando la discriminación positiva, alocuciones tejidas y construidas desde y dentro el patriarcado, estas emisiones discursivas van creando válvulas de escape, que lo que hacen, es mantener el statu quo, en muchos casos, sin proponérselo.

Otros grupos luchan por la desestructuración del patriarcado mirando los intersticios por los que se filtra la dominación al interior de los cuerpos, y en ese contexto conflictúan la naturalización de los roles, la vigencia del amor romántico, el ejercicio del poder, entre otros factores de atención estructural. Estos lentes críticos, permiten mirar las feminidades y masculinidades atravesadas por la simbiosis dominante, patriarcado-capitalismo, con el fin de desestructurar y transformar las formas de vida actual para alcanzar una condición humana digna, libre y feliz.   

Es así, que nos enfrentamos a una gama de feminismos y feminazismos. Es importante reconocer la existencia de este último, no es saludable negar que existen mujeres que asumen el poder desde el autoritarismo, que luchan y defienden a capa y espada la “vida”, las posiciones sociales inequitativas y desiguales, con frases como: “hijito no me estés trayendo a casa a una chica que no sea como nosotros” o “hijita hay que mejorar la raza…”, o “…la familia es lo principal, los trapitos sucios se lavan en casa…”, “¿qué prefieres estar por ahí saltado como loca, o estar segura bajo el cuidado de ese hombre que tiene con que mantenerte?”.

¿Qué hacemos, quemamos a esas mujeres?, ¿las eliminamos de la faz de la tierra?, ¿Las criticamos como a las jóvenes que deciden esculpir sus cuerpos a través de cirugías o que posan como charolas mostrando un producto? Estas mujeres aprendieron a leer el contexto y “decidieron” acomodarse de manera inconsciente o racional, en función a construir sus medios para alcanzar sus fines, fines, determinados por un tejido patriarcal mimetizado como decisiones propias.

En este mes de marzo, habrá que ir identificando aristas que perjudican a las transformaciones urgentes y necesarias. Una actitud “empoderada” y al mismo tiempo victimista crea contradicciones maniqueas. Es importante ser críticas y autocríticas identificando actitudes femeninas que usan el poder a su antojo maltratando a subalternas y subalternos y que cuando les conviene apelan a la condición de víctima. Estas acciones hace que se deslegitimicen demandas reales de mujeres que son agredidas, explotadas, maltratadas y humilladas por entornos machistas que aprovechan estas situaciones “a río revuelto ganancia de pescadores” dice un dicho.

En este contexto y en relación al 8 de marzo, parafraseando a Silvia Federici, es importante reclamarse feminista en tanto y cuanto esto signifique: (i) una búsqueda de autonomía, (ii) una actitud de rechazo al sometimiento de las mujeres al interior de la familia y de la sociedad, reflejado en el no reconocimiento del trabajo doméstico, que produce y reproduce la fuerza de trabajo que además subvenciona al sistema capitalista, y por último (iii) una sublevación contra la naturalización de las tareas domésticas. Embarcarse en procesos de desestructuración es agotador, -luchar contra una misma y al mismo tiempo, contra el entorno, familia, pareja, amigos, instituciones, medios de comunicación, etc.-, pero son acciones ineludibles. Este es un día más, que muestra que falta mucho camino por recorrer y que depende de nosotr@s aportar día tras día en la construcción de una realidad libre, humana y horizontal.

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