El carnaval, la materia inmaterial

Por: Tatiana Suarez Patiño

El crecimiento demográfico de nuestro planeta cada vez alcanza números más elevados, lo sentimos cada vez que nos subimos a un micro, somos sin duda una especie destinada a la reproducción, y no solo en términos biológicos, sino en temas sociales también, toda nuestra cultura es una reproducción constante de otras prácticas que crecen, se modifican y dan lugar a otras manifestaciones.

Una de las prácticas que con más intensidad reproducimos y esperamos año tras año es el carnaval. El origen de esta fiesta se puede rastrear hasta la antigua Sumeria y Egipto, pero se siente tan actual y tan moderna a pesar de sus 5000 años de antigüedad.  

Una de las grandes características del patrimonio inmaterial es su cualidad dinámica, es decir que cambia con su entorno y eso es lo que asegura su permanencia, pues un rito que no se modifica con su contexto pasa a ser olvidado por no bailar al ritmo de su gente.

Una de las razones por las que el carnaval tiene mayor aceptación cada año es precisamente porque es una fiesta que se hace a la medida de cada persona, si bien hay celebraciones estables que no se modifican a simple vista como el carnaval de Oruro, o el corso de corso, o el Jisk´a Anata, o el carnaval cruceño, muchos de sus elementos si han cambiado, como la vestimenta o la música, incluyendo a la gente que celebra estas fiestas, los de antes ya no están.

Es muy común ver en redes sociales publicaciones apocalípticas que afirman que estos cambios “desvirtúan el sentido” de estas fiestas cuando se les suman cambios, o se les restan tradiciones, pero en realidad el cambio es su razón de ser, el cambio es lo que permite que no mueran.

Estas modificaciones son los mecanismos mediante los cuales las sociedades actuales se apropian de esas celebraciones antiguas y las hacen suyas, es la manera en la que el pasado se hace un presente que se transmite a un futuro.

Si las cosas antes eran mejor, o ahora son peor no nos interesa mucho, dado que estos son juicios morales que dependen del criterio personal de quien emite este comentario, lo que interesa es comprender que cada cambio es tan solo el reflejo de su contexto y de su tiempo histórico.

Este fenómeno se puede ver con mayor detalle en la vestimenta de los bailarines en las entradas, los colores de sus ropajes, las telas, los detalles, las modificaciones de los diseños, y en las tecnologías que se le aplica, como los botafuegos o las luces led, todos estos nuevos elementos son el reflejo de nuestro presente, de nuestras relaciones comerciales con otros países que importan telas, tecnología, y diseños, son pistas que le van a permitir al futuro saber cómo es que es nuestro ahora.

Asimismo, estas pistas de quienes somos ahora, se hallan también en la música, en los pasos de bailes, en la comida, en las prácticas que vamos modificando de acuerdo a nuestras necesidades, un ejemplo puntual para entender esto, está en el juego con agua tan típico de carnaval y que ahora está prohibido, y  es porque ya no somos una sociedad que puede permitirse el derroche de agua potable, cambiamos, y el cambio no siempre es negativo.

El carnaval es como nosotros mismos, que importa si nuestro cuerpo va cambiando con el tiempo como lo hace esta fiesta, lo importante es lo de adentro, eso que nos hace únicos, lo inmaterial en nosotros es lo trascendente, igual que en el carnaval, somos lo que sentimos no como nos vemos.

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