Los nuevos Avengers del Patrimonio

Por: Tatiana Suarez Patiño

Como sociedad casi siempre reproducimos ideas conjuntas, tipo un subconsciente colectivo como diría Jung, es por eso que cuando pensamos en una rosa, ésta siempre es roja, la bruja siempre es mala y fea, y el patrimonio es aburrido y para viejitos, pero fuera de esas ideas todos sabemos que también hay rosas blancas como la rosa de Guadalupe y su vientito, está Sabrina y la Hechizada, y existe una juventud fresca y pujante deseosa de apropiarse de su herencia cultural.

Durante el mes de abril el Ministerio de Culturas y Turismo organizó tres semanas de actividades casi diarias en conmemoración al 18 de abril día Internacional de los Monumentos y Sitios, se realizó un cronograma de eventos variado en gran parte de Bolivia para que distintos públicos pudieran integrarse desde distintas miradas: se planificaron recorridos, conferencias académicas, conversatorios, y concursos, de día y de noche, con distintas fechas para posibilitar que de alguna forma todos los ciudadanos pudieran asistir a la cita con su historia.

“La unión hace la fuerza” es nuestro mantra como país, y aquí no hay excepción, se convocaron a jóvenes voluntarios para que se unan en la lucha por llevar la palabra del patrimonio lo más lejos posible, pero no solo se los convocó para recibir su colaboración en la organización del evento, sino para que también participen activamente en todas las actividades, para que se capaciten, aprendan, piensen, se construyan y empiecen a aportar a la conservación de la memoria.

Fue una gran sorpresa contar con la presencia de más de 60 jóvenes que respondieron a una sola publicación en redes que decía que su patrimonio los estaba buscando. Estudiantes de la carrera de arquitectura, arqueología, antropología, derecho, psicología, turismo, de universidades públicas y privadas, se juntaron porque tenían deseos de conocer, de vincularse, de ser parte de este sistema que ayuda a preservar la identidad, vinieron con voluntad propia a aportar con su tiempo, y sus sueños de hacer un cambio y construir una mejora, porque siempre podemos y debemos estar mejor.

Y ahí estaban sentadas, 60 pequeñas flamas, todas con las mismas posibilidades de convertirse en estrellas luminosas en la negra noche de la mediocridad, solo que necesitaban una chispa más, un motor para utilizar toda esa energía, una charla y un soplo de aliento, había que pasarles qamasa, encenderlos con una voz honesta, y entregarles la confianza de que estamos trabajando fuertemente para conservar la historia, porque definitivamente tiene que arder dentro de uno lo que quiere encender en los demás.

Una vez organizados y motivados comenzaron a brillar; puntuales, atentos, y dispuestos a aprender, a colaborar, a ser mejores, preguntando todo el tiempo ¿en qué más ayudo? Y cómo no responderles que su sola presencia es toda la ayuda que se puede necesitar, tú con tu interés ya lo haces todo, la voluntad hace mucho.

Todas las actividades salieron muy bien, con una alta participación, y era hermoso ver a los nuestros mejores profesionales en el área de la conservación; los avengers del patrimonio boliviano explicándoles y mostrándoles a las generaciones futuras sus mejores trabajos y criterios profesionales, hasta 5 generaciones ocupadas y preocupadas en perpetuar nuestra historia se dieron cita durante este venturoso abril.

Esta semana de eventos no solo trajo la puesta en valor de muchos edificios, sitios, y monumentos culturales, sino que visibilizó algo muy interesante que merece atención, existe un público joven, pues no solo eran los voluntarios sino la mayor parte de los participantes de las actividades, había otros jóvenes que tenían una necesidad de conocer más sobre su patrimonio, de ayudar, aportar, y proponer soluciones para la conservación de su identidad.

Este es el momento de ponerle una breve pausita a la adultocracia, y empezar a escuchar a las voces jóvenes, esta es la juventud de la que hablamos cuando decimos “las sociedades futuras”, ellos son ese futuro que ahora es presente, es para ellos que hemos estado conservando, y ahora es momento de darles aquello que hemos cuidado tanto, entregarles su historia para que ellos ahora tengan el honor de preservarla y de disfrutar de su herencia cultural.

Mantener el patrimonio joven es la mejor forma de transforma la sociedad, mantenerlo activo, vigente y presente en nuestra vida es la única forma de integrarnos, somos una unión si defendemos un bien común: el derecho a la identidad.

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