El feminismo, el patrimonio y la resignificación de los símbolos

Por: Tatiana Suárez.

Las últimas protestas generadas en México a causa de la impunidad legal y la imposibilidad de las víctimas de acceder a la justicia, ha desembocado en la unión y organización de varios colectivos de mujeres, quienes al no encontrar una respuesta de las autoridades se vieron obligadas a tomar las calles como símbolo de protesta. Ante la negativa del Estado de condenar a los culpables, en su mayoría policías, ellas, armadas con purpurina, latas de pintura en aerosol y la fuerza de sus gritos se dirigieron hasta donde se halla el famoso monumento “el ángel de la independencia” en el DF.

Reunidas e indignadas por la nula preocupación del estado y la sociedad por la vida de las mujeres, manifestaron su repudio contra la impunidad pintando en la piedra del monumento y en el suelo mensajes clamando justicia.

Al día siguiente, toda la prensa se llenó de titulares que decían: “Protesta feminista termina en vandalismo”, “Feministas destrozan el icónico monumento mexicano”, “Las feministas piden paz destrozando patrimonio y amedrentando a transeúntes”. Todos los titulares cuestionaban las formas de protestas de estas mujeres, pero ningún medio reflexionó sobre el hecho que había originado estas protestas. Quiero señalar que todos se permitieron “cuestionar” estos métodos de protesta, no estaban informando, sino que emitían juicios de valor basados en un criterio moral, pero cuando tocaba mencionar a la adolescente que fue violada por cuatro policías en una patrulla, ahí todos muy imparciales trataban de no condenar este hecho “hasta no tener pruebas contundentes”, como si el testimonio de ella no fuera suficiente. #YoSiTeCreo.

Situado el contexto, pasemos a analizar la relación social que existe entre los monumentos y las personas. Los monumentos son símbolos que representan hechos trascendentes en la memoria de un país, evocan victorias o derrotas, pueden ser una memoria optimista o un trauma de la memoria también, representan a personas importantes, y narran hechos históricos que han dejado una huella en la psique de las sociedades que interactúan con ellos.

Estos monumentos permiten intuir lo que es importante o lo que fue importante para una sociedad, la conservación o destrucción de estos símbolos es un tensiómetro potente para tomarle el pulso a las sociedades y saber cual es su relación con su pasado o su presente. Prueba clara de esto es el retiro o destrucción de estos símbolos dentro de las ciudades, como la escultura de Iósif Stalin que fue retirada de la plaza central de su ciudad natal Gori, o el retiro de las esculturas del dictador Francisco Franco en España, la destrucción de la estatua de Sadam Hussein en la Plaza Al Fardus de Irak, y sin ir más lejos la destrucción de varias esculturas de Cristóbal Colón que se hallaban en varios lugares de Latinoamérica.

Estos monumentos, que en una primera instancia pueden parecer “inmóviles” y hasta “inútiles” se constituyen en los recipientes de los sueños, frustraciones, pensamientos y deseos de las sociedades que interactúan con ellos. No son adornos para embellecer ciudades, no son símbolos inocentes, sino que son figuras hechas para educar y reafirmar pensamientos hegemónicos.

La toma del espacio público y la modificación del “ángel de la independencia” en México, es un acto político tan necesario y válido para el colectivo de mujeres como lo fue la caída de la estatua de Lenin en Kiev.

Ahora bien, existe una falsa creencia de que el patrimonio es algo sagrado e inmutable que no debe tocarse, cuando en realidad, este patrimonio al pertenecer a un colectivo de personas depende de ellos para su conservación o destrucción.

Es el medio el que decide lo que debe trascender al tiempo, y si las mujeres que viven injusticias en México, sienten que ese “ángel de la independencia” no las representa, porque ellas no tienen la independencia de decidir sobre sus cuerpos, de transitar sin riesgos y de trabajar para recibir una remuneración justa por su trabajo, entonces están en todo su derecho de protestar alterando el significado de este símbolo que no las representa y que solo hace alusión a la independencia de la que gozan los hombres.

Si, no voy a negar que la restauración de la piedra puede ser problemática, pero tampoco es imposible, inclusive existen productos comerciales llamados “removedores de grafiti” desarrollados por los conservadores para atender este fenómeno tan común dentro de las ciudades como es el expresarse modificando esculturas urbanas, no es el fin del mundo, la piedra se puede limpiar, pero la pregunta es ¿debemos limpiarla? ¿queremos olvidar este hecho como se olvidan los nombres de las víctimas de feminicidio? ¿debemos pasar página como con todas las injusticias? ¿O debemos dejar el monumento tal y como está hasta que esta situación se revierta?

Una idea muy del siglo XX es pensar que conservación y restauración buscan tener y mantener a los bienes culturales congelados en su tiempo histórico, como en un estado de suspensión, cuando en realidad, conservar el dinamismo es lo que va a preservar y alargar la existencia de estos bienes. Ese dinamismo lo aporta la sociedad, lo aportan las personas cuando se ven y se reconocen en estos símbolos que ayudan a la preservación de su historia cuidando sus bienes culturales.

Si la apariencia actual del ángel de la independencia va a permitir que miles de mujeres se reconozcan en él, y reconozcan la lucha de muchas mujeres que se organizan para defender y obtener la justicia que se nos niega cada día, entonces que se quede así hasta que esa independencia sea para todos y todas.

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