Cergio Prudencio: ‘Me considero un hijo de las sonoridades aymaras y quechuas’

El reconocido compositor paceño Cergio Prudencio marcó un hito al conseguir el primer Premio Platino para Bolivia en la historia del galardón que celebró su décima edición. La estatuilla a Mejor Música Original le fue conferida como uno de los dos premios que recibió Utama, cinta nacional dirigida por Alejandro Loayza Grisi.

A poco de dejar Madrid, el músico atendió a La Razón para hablar sobre el reconocimiento, su trabajo en el filme y el emotivo discurso que pronunció en la ceremonia.

—El premio Platino a Mejor Música Original fue para Utama. ¿Cuando mencionaron su nombre, qué sintió?

—Una intensa emoción, una intensa alegría. Es una situación muy incierta, aunque uno siempre tiene fe en lo que hace bien, pero llegado el momento hay otros candidatos que tienen igual oportunidad. Cuando escuché mi nombre, de verdad me sentí emocionado, contento, feliz, porque una película boliviana reciba este reconocimiento. Este premio que, en este caso, recaía en mi trabajo como compositor.

—El suyo es el primer Platino para Bolivia. ¿Cómo se siente al respecto?

—También muy orgulloso, desde luego, que sea el primer Platino para Bolivia. Es la expresión, sin embargo, sintomática de un conjunto de manifestaciones que van más allá de mi trabajo en exclusiva o en específico. Creo que es el síntoma de que el cine boliviano, la cultura, el arte boliviano están en una dinámica productiva muy interesante que me parece que hay que atender con más énfasis.

—Por favor, describa la música de Utama. ¿De qué hablan?

—Hay algunas composiciones originales que he creado específicamente para Utama y hay otras composiciones, que ya tenía, que he cedido derechos. Obras para la OEIN (Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos), como cantos crepusculares, que en acuerdo con el director identificamos los fragmentos sonoros que iban a acompañar específicas situaciones de la película: escénicas, paisajes, de personajes.

En general, la música habla del paisaje con mucho énfasis a la situación de la pareja de personajes protagonistas de la historia y lo que ellos encarnan en arraigo cultural, pertenencia a la tierra, a la cultura de la que son parte, que llevan esa convicción hasta —literalmente— sus últimas consecuencias. Ese es de manera general el planteamiento.

—¿Qué sonoridades resaltan?, ¿qué instrumentos?

—Resaltan enfáticamente los instrumentos nativos, principalmente de origen aymara. Pinquillos, moseños, quenas, tarkas, wancaras, que hacen a la representación sonora de ese paisaje extraordinariamente potente, de esa fuerza telúrica que trae; pero además a la fuerza de la historia, a la tragedia humana en una situación ambiental que en realidad afecta no solamente a una comunidad sino a todo el planeta, hoy por hoy. Ese es el caudal sonoro que acompaña a Utama. 

—¿Cuáles son los temas de Fernando Cabrera y Luzmila Carpio que se incluyen en Utama?

—Cabrera compuso la canción final, la que aparece en los créditos, que es una suerte de reflexión poética sobre el personaje femenino de la película. Hubiera querido tener un acercamiento con él sobre cómo coincidíamos en ciertos criterios o no; no se ha dado ese diálogo infelizmente. De manera que él hizo su trabajo por su cuenta, y yo el mío, pero se trata de una canción como todas las de Cabrera, de una extraordinaria factura.

En el caso de Luzmila, fue una decisión del director incorporar una canción emblemática de su repertorio, en un momento de la narrativa cinematográfica que coincidía por el estado anímico de la historia.

—En su discurso, hizo énfasis en la nación y cultura quechua. ¿Cuánto ha aportado ello a su música?

—Prácticamente todo. Yo me considero como músico, como propuesta estética, un hijo de esas sonoridades, de esas músicas; aymaras y quechuas, ambas.

He pasado gran parte de mi vida estudiando esos instrumentos, aprendiendo a tocarlos y a identificar sus cualidades técnicas y estéticas; filosóficas, sus valores intrínsecos, sus enigmas y, desde luego, eso ha marcado mi propio trabajo. Como compositor le debo a esas fuentes, tanto culturales, de manera general: lo aymara, lo quechua, como específicas: los instrumentos musicales que le son propios. Le debo no solamente lo que soy como músico, yo diría que como ser humano también.

—Es uno de los compositores más renombrados del país. ¿Este premio corona su trayectoria? 

—Este premio suma un paso más de los muchos que hay que dar en este andar, en la vida de creación artística y de convicción por la cultura. No corona nada, porque no tengo una perspectiva de trabajo como una progresión hacia un lugar culminante, pero sí suma efectivamente. Enriquece, provee, y eso, sin duda, es algo por lo cual estoy agradecido.

—Luego de este resultado, ¿cuán importante/urgente es impulsar un fondo de fomento al cine?

—Es una urgencia. Primero, porque está establecido por ley. Ya el Fondo de Fomento Cinematográfico debería contar con recursos, porque la Ley de Cine así lo dispone. Pero también, porque hay una emergencia productiva que es inocultable y de la cual debemos de sentirnos orgullosos.

La nueva generación está formulando propuestas de muy diferente naturaleza, técnica y estética, mostrando lo que es la Bolivia de hoy y ese es un hecho que hay que celebrar.

El antecedente del PIU (Programa de Intervenciones Urbanas) de 2019 fue altamente exitoso y las pruebas están dadas, en películas no solamente como Utama, sino muchas otras que han dado cuenta de que cuando el Estado destina recursos, el país, la sociedad boliviana recibe retorno de muchas maneras, y por lo tanto hay que considerar que estamos hablando, en realidad, de inversión antes que de gasto.

El DISCURSO

“No tengo palabras. Simplemente quiero decir que la música no hubiera sido posible sin la nación quechua, sin el pueblo quechua, sin la cultura quechua, gracias a quienes yo tuve esos instrumentos musicales que posibilitaron que la película suene como suena. Mi honor, mi agradecimiento, mi emoción por el pueblo quechua, la nación aymara del altiplano boliviano”, dijo.

Así también agradeció al joven director Alejandro Loayza “por haberme convocado a hacer este trabajo que lo recibo en el Día Internacional de la Madre Tierra. Nunca mejor honrada esta película en fecha por su temática”, agregó para pronunciar unas palabras en quechua dedicadas a la Pachamama.

“Achachilas (señores o gente sabia), con toda voluntad, con todo cariño. Desde el fondo de mi corazón, se los estoy pagando para que sea en buena hora”, es como puede interpretarse la parte de su discurso en quechua. El músico aseguró que “ése es el espíritu de las palabras”, y que “provienen de una oración blanca kallawaya, dicho sea de paso. Así que tiene ese sentido, esa fuerza profunda del quechua kallawaya”.

Nacido en La Paz en 1955, Cergio Prudencio realizó estudios de dirección de orquesta y composición en la Universidad Católica Boliviana y en la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela. También es director de orquesta, investigador y docente; además de ser fundador de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos (OEIN).

Compuso temas para películas de Jorge Sanjinés, Paolo Agazzi y Juan Carlos Valdivia, entre otros.

Fuente: La Razón

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