Edgar Arandia el pintor de las festividades folklóricas

El poeta, escritor y antropólogo Edgar Arandia, es uno de los máximos representantes de la plástica boliviana. Sus trabajos expresan la cultura del altiplano, en especial las danzas, tradiciones y el folklore.

En 1983, cuando Arandia regresó del exilio, Ricardo Ballón conformó un grupo de  investigadores, entre ellos estaban César y el extinto Jaime Junaro, Luis Rico y Edgar Arandia.

“Fue como redescubrir mi ciudad y mi país. Todo el material ordenado y sistematizado por Xavier Albo y Matías Preswik fue publicado bajo el título de ‘Los señores del Gran Poder’ el año 1984.  A partir de ese momento, ya no dejé de interesarme por esa expresión colectiva que -de alguna manera- es un diagnóstico vivo de lo que acontecerá décadas después en Bolivia” contó.

 Arandia danzó muchos años en la fastuosa entrada del Gran Poder y afirmó que su producción artística se nutre con la temática cultural, así  como de otras ramas. “En el arte  no es prudente repetirse, aunque esto genere cierto éxito, porque terminas repitiendo y encasillando. Bolivia es un estado  riquísimo en expresiones  pagano religiosas que la hacen inconmensurable” sostuvo.

PRESERVAR VALORES

Lo más importante de las llamadas entradas folklóricas es  su capacidad, de concentrar a grupos humanos, para preservar valores ancestrales que no fueron colonizados, por ejemplo la práctica del ayni, los compadrazgos horizontales y verticales, la vestimenta que evoluciona sin perder su raigambre, la autoestima de los grupos indígenas y cholos que fueron marginados y excluidos de la vida política y económica durante muchos años de vida republicana explicó.

 “Una entrada folklórica no es más que la espectacular visibilización  de los grupos marginados que ahora sientan su presencia como parte sustancial del Estado Plurinacional, no solo por su poderío económico, sino por su ethos” agregó.

El también antropólogo sostuvo que las manifestaciones artísticas como trajes, máscaras, bandas, matracas, vestimentas es lo que genera en la economía contratos, gastronomía, sastrería, zapatería que se expresan en la fiesta del Tata, son información  fresca sobre la evolución de la sociedad  urbana y rural y su asentamiento en la urbe escondida: Chukiyawu Marka, la ciudad indígena y chola , con  La Paz, la ciudad criolla.

Para Arandia las nuevas generaciones de danzantes cada vez pierden el sentido espiritual  de la devoción al Tata. “Al danzar te conectas con los ancestros primigenios y bajas al nivel humano, a los seres sobrenaturales, así tu puedes reclamarle al Tata por su falta de atención a tus problemas o agradecerle y pedirle  favores para tu familia.  Se baila para exhibirse, danzar para el Tata implica un compromiso moral y social” manifestó.

Fuente: Ahora el Pueblo

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