«Estaba tratando de salvar a otros, cuando mi hermano se quitó la vida»: por qué Corea del Sur es el país desarrollado con la tasa más alta de suicidios

«Cuando encontré el cuerpo frío de mi hermano pequeño hace tres años, era el mes de mayo, pero mi corazón se convirtió en invierno».

Jang Jun-ha se estremeció particularmente porque su hermano tenía apenas 35 años.

Jang llamó a la policía después de no poder contactar a su hermano por teléfono durante días.

Cuando abrieron a la fuerza la puerta de su habitación, Jang encontró a Jun-an yaciendo sin vida en la cama.

“En esa época, yo estaba tomando un curso en un centro de prevención de suicidio para ser instructor”, dice Jang.

“Visité escuelas para educar a los niños sobre las señales comunes de una persona que está contemplando el suicidio y sobre qué se puede hacer para ayudarla. Traté de salvar las vidas de otras personas, pero nunca me imaginé que mi hermano se quitaría la suya”.

A Jang, de 45 años, todavía le resulta difícil hablar abiertamente sobre por lo que su familia ha pasado, pues es un tema sensible en la sociedad surcoreana. Sin embargo, se está esforzando en compartir su historia personal para concienciar sobre el tema del suicidio.

La tasa más alta de suicidios entre los países desarrollados

Corea del Sur es famosa por sus grupos musicales de K-pop y empresas globales como Samsung. Pero en esta aparentemente exitosa sociedad, 36 personas se suicidan todos los días.

El país tiene la tasa de suicidios más alta entre las 38 naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

La agencia de estadísticas de Corea del Sur informó que 13.352 personas se quitaron la vida en 2021.

El suicidio es la principal causa de muerte entre los surcoreanos de 10 a 39 años de edad. Más de dos de cada cinco muertes entre adolescentes (43,7%) son por suicidio. Esta cifra se eleva a 56,8% entre los veinteañeros, y luego cae a 40,6% entre los treintañeros.

El hermano de Jang era parte de esa generación que lucha por sobrevivir.

En Seúl se registra una tasa de 23,6 muertes por suicidio por cada 100.000 personas, más del doble del promedio de 11,1 muertes de la OCDE.

El gobierno anunció recientemente un plan de cinco años para evitar los suicidios con una meta de reducir la tasa en 30%.

Esta meta es significativa porque si el gobierno tiene éxito, ya no sería catalogado como “el país con la tasa más alta de suicidios en la OCDE”.

Pero, ¿es esta una maniobra de relaciones públicas o una medida seria para enfrentar los profundamente arraigados problemas que son la base de esas cifras?

Una sociedad de alta presión

La tasa de suicidios de Corea del Sur tiene que ver con una mezcla de factores económicos, sociales y culturales.

Después de quedar destrozado por la Guerra de Corea, que terminó en 1953, el país surgió de entre las cenizas para convertirse en una potencia económica.

Pero ese rápido crecimiento económico no condujo a una expansión de servicios públicos, contribuyendo en cambio a una creciente desigualdad.

Eso creó una sociedad basada en niveles altos de competitividad y éxito, lo que llevó a muchos de sus ciudadanos a sufrir de problemas psicológicos.

Después de la muerte de su hermano Jan se enteró que este había ido a sesiones de terapia cada semana durante los últimos 10 años.

“Mi hermano se licenció en teoría cinematográfica y se preparaba para estudiar en el exterior. Como muchas otras familias coreanas, estaba bajo mucha presión para tener éxito. Pero las finanzas eran limitadas y la vida le pesaba”, indica Jang.

“Mi hermano luchaba intensamente contra la depresión. Me rompe el corazón no haberme dado cuenta de eso durante tanto tiempo”.

Desde mucho antes, los expertos han resaltado los peligros de una sociedad que se enfoca demasiado en el éxito personal, generalmente manifestado en términos de dinero o estatus social.

“Más allá de la alta tasa de suicidios en Corea del Sur, hay una triste historia de una sociedad con un sistema de bienestar débil, muy orientada hacia el éxito, generalmente reflejado en cuánta riqueza acumulas”, comenta Soong-nang Jang, decana del Colegio de Enfermería de la Universidad Chung-Ang.

“Y a medida que los lazos tradicionales entre los miembros de la familia y los vecinos se debilitan, todo el mundo parece estar combatiendo en soledad en esta batalla por el éxito”.

«Hablemos»

La cultura está cambiando lentamente y todavía queda mucho por hacer.

“Los surcoreanos están muy acostumbrados a ir en la delantera en esta sociedad hipercompetitiva, y Corea no es exactamente un lugar donde es fácil expresar tus sentimientos”, dice Yeon-soo Kim, director de LifeLine Seoul, un grupo benéfico que cuenta con una línea de prevención del suicidio que funciona la 24 horas.

“Las personas necesitan más espacio para expresar libremente y sin riesgo sus luchas y sus sentimientos. Necesitamos seguir recordándole a la gente que hay diferentes maneras de ser exitoso y que realmente reconozcan eso”.

Ahora Jang trabaja como psicólogo clínico en un centro de salud mental en Seúl, ayudando a familias que han quedado afectadas por el suicidio y a personas que tienen pensamientos suicidas. También lidera grupos de apoyo para familias que han perdido seres queridos por suicidio.

“Es una labor dura. Los familiares suelen ser los primeros en descubrir el cuerpo. Recuerdan vívidamente la escena y también describen muy gráficamente lo sucedido”.

Jang es consciente de la carga emocional de estas conversaciones.

“Pero esta es una labor que vale la pena cuando ves que están mejorando”.

Y su familia también ha logrado una sensación de aceptación y entendimiento.

Jang menciona que su hermano dejó una nota pidiéndoles perdón a sus padres y a él por abandonarlos.

Jang le dijo a su hermano pequeño que “todo está bien”, cuando la familia visitó su tumba un día.

“No tienes por qué pedir perdón. Estamos bien, cuidándonos mutuamente”, dice Jang.

“Así que no es necesario pedir perdón, ya regresaremos”.

BBC

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