Jair Bolsonaro

Juez brasileño vota por inhabilitar al expresidente Bolsonaro

El ministro Benedito Goncalves, juez instructor del proceso contra el expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, encontró este martes culpable al exmandatario por abuso de poder en los comicios de 2022, y votó a favor de inhabilitarlo durante ocho años. Bolsonaro (2019-2022) fue directa y personalmente responsable de practicar “conductas ilegales en beneficio de su candidatura a la reelección”, afirmó el relator Goncalves en la sesión del Tribunal Superior Electoral (TSE) para atender la demanda del Partido Democrático del Trabajo (PDT). El PDT acusó al ex jefe de Estado del país suramericano de abuso de poder político y mal uso de los medios de comunicación tras una reunión con embajadores extranjeros en el Palacio de la Alvorada en julio del año pasado, en la previa de las elecciones generales. El juez instructor sostuvo que no hay duda de que en ese encuentro Bolsonaro difundió información falsa para convencer a la audiencia de que había un grave riesgo de fraude en las elecciones de 2022 y que él, en simbiosis con las Fuerzas Armadas, estaba en una cruzada por la democracia en el país. Goncalves destacó que la reunión, organizada con la intención de descalificar el sistema electoral, fue transmitida en vivo tanto por TV Brasil como por los perfiles de los políticos en las redes sociales, «alcanzando amplia repercusión» y culminando con la eliminación del video por iniciativa de la plataforma YouTube. Afirmó que, además del uso de bienes y servicios públicos, lo que hizo “aberrante” la conducta de Bolsonaro fue el uso del poder simbólico de Presidente de la República y el cargo de Jefe de Estado, para “degradar el ambiente electoral”. De acuerdo con el ministro, al pronunciar discursos sin base técnica con el único objetivo de enfrentar al TSE, violó ostensiblemente las obligaciones del Presidente de la República enumeradas en la Constitución Federal, en particular el deber de garantizar el libre ejercicio de los tres Poderes, el ejercicio de los derechos políticos y para la seguridad del país. El juez excluyó al entonces candidato a vicepresidente, Braga Netto, de la sanción de inhabilitación por no haber demostrado su responsabilidad en la conducta. El proceso contra Bolsonaro continuará este jueves con el voto de los jueces Raúl Araújo, Floriano de Azevedo Marques, André Ramos Tavares, Cármen Lúcia (vicepresidenta), Nunes Marques y Alexandre de Moraes (presidente del TSE). Fuente: TeleSUR

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¿A qué viene el nuevo Lula?

Emir Sader Desde que salió de prisión y recuperó sus derechos políticos, Lula se propuso volver a ser presidente de Brasil. Cuando se lanzó como candidato instaló el lema: Unidad y reconstrucción. Cuando hablé con él por primera vez después de su segundo mandato presidencial, le pregunté qué más había aprendido de su experiencia como presidente. Me respondió: Emir, no se puede gobernar sin tener el apoyo de la mayoría. Esto explica la necesidad de la unidad en Brasil. Más aún, tras haber vivido la división del país promovida por el discurso de odio de Bolsonaro, ese Brasil dolorosamente fragmentado y con Lula en prisión. Lula, sin embargo, ganó las elecciones. Pero por pequeño margen, lo que refleja cuán profunda era aún esa división. Las primeras semanas de su nuevo mandato vieron su emotiva ceremonia de investidura y la brutal acción bolsonarista del domingo siguiente en Brasilia. Esos dos primeros domingos de gobierno serían suficientes para mostrar las dos caras del mismo país. Así, la primera mención del lema –unidad– ganó una dimensión dramática, ante no sólo la división, sino la oposición de dos rostros radicalmente antagónicos de un país. La conciencia de Lula sobre este problema ya lo había llevado a formular la idea de un Frente Amplio, alianza de fuerzas de izquierda, centro e incluso derecha, nucleadas por el objetivo de derrotar a Bolsonaro y al bolsonarismo. Lula mejoró más su capacidad de diálogo con personas del espectro político, buscando aislar al bolsonarismo. La composición del gobierno reflejó esta compleja alianza, no sólo de diferentes fuerzas, sino también la amplia renovación de temas. Esto llevó a la creación de gran número de ministerios, revelando la amplitud del gobierno en la dirección de nuevos temas. El discurso de Lula y la búsqueda de la recuperación de la bandera brasileña y sus colores en su imagen política reflejan esa actitud. Habla con todos en nombre de Brasil y sus intereses y necesidades. La reconstrucción corresponde al diagnóstico del gobierno de Bolsonaro con su destrucción del país y la necesidad de rescatarlo. Esa reconstrucción debe partir de la recuperación del desarrollo económico –tema central del gobierno– cambiando radicalmente el modelo. En este plan se retoma el modelo exitoso de gobiernos anteriores: desarrollo económico con distribución del ingreso impulsando políticas sociales como prioridad fundamental; ampliación del mercado interno de consumo de masas; generación de millones de empleos formales y lucha frontal contra las desigualdades sociales y territoriales. Como ya aprendimos en este primer mes de gobierno de Lula3, hoy es difícil proyectar el futuro. No significa que todos los meses serán como éste. El balance de enero es fortalecer a Lula y debilitar a Bolsonaro. Los mayores desafíos de Lula3 son, en primer lugar, consolidar el clima de tranquilidad del país durante su gobierno. Segundo, lograr que la economía vuelva a crecer y tener políticas exitosas de redistribución del ingreso. Si Brasil vuelve a salir del mapa del hambre, si deja de ser el país más desigual del continente más desigual, Lula3 habrá sido una versión aún más virtuosa de lo que fueron sus gobiernos anteriores.

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La tercera vuelta ya empezó

Valter Pomar (Traducción al español: Gabriel E. Vitullo) Las elecciones terminaron, pero los grupos de Whatsapp siguen a todo vapor. El tema del momento es el conjunto de manifestaciones de los «sectores radicales pero sinceros» del bolsonarismo. En uno de esos grupos acabo de leer lo siguiente: «Lula tiene que trasladar la sede del gobierno a Salvador y gobernar desde allí hasta que se normalice la situación. Quiero ver si allí van a querer hacer de las suyas». Este simple comentario es absolutamente brillante, por tres razones. Primera razón: «hasta que» la situación se «normalice». Afrontémoslo: los bloqueos y el alboroto bolsonarista pueden hasta bajar de intensidad, pero mientras el bolsonarismo tenga la influencia que tiene, no habrá «normalización». De hecho, fueron muchas las veces que se advirtió: el problema no acabaría el 30 de octubre. La «normalidad», por si alguien lo había olvidado, fue algo así: la izquierda se movilizaba y, cuando pasaba ciertos límites, parte del aparato estatal se esmeraba en reprimirla. Ahora, en cambio, lo que estamos presenciando es otra cosa: la derecha movilizándose con una retórica aparentemente insurreccional y parte del aparato estatal estimulando y solidarizándose con la confusión generada por esa derecha. El centro de atención en este momento pasa por la Policía Caminera Federal. Pero esa policía no está sola. Mientras no haya cambio de mando y depuración en estos aparatos de seguridad colonizados por el bolsonarismo, no habrá «normalización» (recordemos que lo «normal» no es lo ideal, como lo demuestran los estándares de actuación policial incluso en estados gobernados por la izquierda y recordemos, también, la inmensa cantidad de armas que tienen en su poder las personas de extrema derecha). Segunda razón: Lula no puede «trasladar la sede del gobierno a Salvador», entre otras razones por el simple hecho de que todavía no hay gobierno de Lula. Lula prestará juramento el 1 de enero. Hasta entonces el presidente es el cavernícola. La mención extemporánea de la transferencia de la sede del gobierno está relacionada con un aspecto bastante extraño de la situación actual. Me explico: la movilización de los camioneros (o más exacto es decir: el lock-out patronal de empresarios del sector) ya se ha visto como una preparación para duros ataques, incluso golpes de Estado, contra gobiernos de izquierda en el ejercicio de sus funciones. Pero no recuerdo que una movilización de este tipo haya sido utilizada como pretexto para impedir la asunción de un presidente electo. Obviamente: como la clase dominante es muy creativa, nunca se puede descartar ninguna posibilidad. Pero el hecho es que el presidente electo aún no tiene los medios para manejar administrativamente la situación. Quienes tienen estos medios administrativos son los cavernícolas y las demás autoridades establecidas, incluidos los gobernadores e intendentes. Tercera razón: para tomárselo en solfa. Aunque a veces hasta nos puede hacer reír, aunque sea de nervios, en este caso lo que está llevando a cabo la ultraderecha es la tercera vuelta. La tercera vuelta podría durar días o años, y eso dependerá en parte de las decisiones de la cumbre ultraderechista, empezando por la del cavernícola. Y éste hasta ahora está en silencio. ¿Qué es lo que él quiere? ¿Nuevas elecciones? ¿Impedir que Lula asuma el cargo? ¿Crear un caos tal que justifique una intervención militar? ¿Negociar un indulto preventivo? ¿Una salida honrosa de los sectores «radicales pero sinceros» de sus bases? ¿Enviar un mensaje para hacer saber cómo será la oposición al futuro gobierno? ¿Simplemente crear un poco de alboroto, algo inherente a su propia naturaleza? Especulaciones aparte, sabemos lo siguiente: si realmente el objetivo es tratar de evitar que Lula asuma el cargo y convocar a nuevas elecciones, se necesitará mucho más que los cortes de ruta actuales… Se necesitará, entre otras cosas, una movilización masiva del propio bolsonarismo, que en su mayor parte observa los acontecimientos desde lejos. Los bloqueos y otras medidas pretenden, entre otros objetivos, llamar la atención sobre la necesidad de esta movilización, aunque pueden tener el efecto contrario, por el daño que causan incluso a los votantes del cavernícola. Por eso, aunque esto angustia a todos aquellos que están acostumbrados a la inmediatez de las redes sociales, hoy lo mejor es esperar, exigir a los actuales gobernantes que actúen como deben y evitar enfrentamientos que contribuyan a agravar la situación. Aunque sin dejar de considerar que existen enfrentamientos que sí ayudan a paliar la situación, como es el caso de los trabajadores que crean las condiciones para despejar pacíficamente y por su cuenta ciertos caminos y como es el caso, también, de las unidades policiales que, bajo las órdenes de jefes más o menos civilizados, actúan en la misma dirección. ¿Y mañana? ¿Qué haremos? Esto depende de la evolución de los acontecimientos. Porque, como decíamos antes, no vivimos tiempos de “normalidad”, en los que la evolución de los hechos sigue un guión más o menos previsible. Las urnas se pronunciaron el 30 de octubre. Derrotada, la extrema derecha comenzó la tercera vuelta, movilizando las redes, parte de las milicias y los cuarteles, e intentando movilizar las calles. Hasta ahora no han tenido éxito. Pero si la movilización de la extrema derecha llegara a ganar carácter de masas, entonces será necesario reaccionar de otra manera. Siempre recordando que, mientras no haya cambio de mando y depuración en el aparato de seguridad colonizado por el bolsonarismo, seguiremos en estado de sobresalto. http://valterpomar.blogspot.com/2022/11/sobre-os-bloqueios.html?m=1

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Lula da Silva aumenta ventaja electoral sobre Jair Bolsonaro

De acuerdo a la última encuesta en Brasil realizada por el Instituto de Inteligencia en Pesquisa y Consultoría Estratégica (Ipec) de cara a las elecciones el 2 de octubre, el candidato a la presidencia Luiz Inácio Lula da Silva lidera la carrera electoral, con el 46 por ciento de las intenciones de voto. La pesquisa reflejó que el líder del Partido de los Trabajadores obtuvo una diferencia de 15 puntos con respecto al presidente brasileño Jair Bolsonaro (PL) quien alcanzó 31 por ciento de las posibles boletas que lo respaldan. Ipec arrojó que en el límite del margen de error de 2 puntos más o menos Lula da Silva está empatado, con la suma de todos los demás candidatos (46 por ciento a 44 por ciento) y con esos datos la elección se decidiría en primera vuelta electoral. Estos resultados muestran que el exmandatario obtuvo dos puntos porcentuales con relación a la última encuesta nacional del Ipec, publicada el 5 de septiembre de 2022. El exministro Ciro Gomes obtuvo un 7 por ciento y la senadora Simone Tebet un 4 por ciento. Entre tanto si existiera una segunda vuelta, la encuesta muestra a Lula con el 53 por ciento de las intenciones de voto, frente al 36 por ciento de Jair Bolsonaro.  En relación a la encuesta anterior, Lula da Silva tenía el 52 por ciento, lo que representa que subió un por ciento la diferencia, mientras que el Ejecutivo aparecía con igual porcentaje que esta última pesquisa. Fuente: TeleSUR

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Denuncian a Jair Bolsonaro en Corte Penal Internacional

La Corte Penal Internacional (CPI) con sede en La Haya, Países Bajos confirmó haber recibido una denuncia de la comisión que acusa al presidente brasileño Jair Bolsonaro de crímenes contra la humanidad durante la pandemia. El senador Randolfe Rodrigues (Rede-AP), vicepresidente de la comisión de investigación, recibió la confirmación de la recepción de la denuncia por parte de la Corte Penal Internacional. Concluida en octubre del 2021, la comisión de investigación pidió la acusación de 78 personas, incluido Jair Bolsonaro y ministros y exministros del gobierno. Las conclusiones del trabajo fueron enviadas a varios órganos de investigación nacionales, como el Supremo Tribunal Federal (STF), la Procuraduría General de la República (PGR) y el Tribunal de Cuentas de la Federación (TCU). La Comisión de Senado brasileño solicitó imputar a Bolsonaro por nueve delitos: «epidemia con resultado de muerte; infracción de medidas sanitarias preventivas; empleo irregular de fondos públicos; incitación al delito; falsificación de documentos privados; curanderismo; crimen de prevaricato; crimen contra la humanidad y delito de responsabilidad».   Además, la comisión consideró que la negligencia, la incompetencia y el negacionismo anticientífico de Bolsonaro habrían sido la causa de la mala gestión de la pandemia en Brasil. Tras la recepción de la denuncia, la CPI deberá decidir ahora si procede o no con las investigaciones contra Jair Bolosonaro. Fuente: Al Mayadeen Español

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¿Hacia dónde va Brasil en 2022?

Emir Sader Ciudad de México / La Jornada. – Brasil completa en 2022 cinco años de ruptura de la democracia. Fue la segunda ruptura desde el golpe de 1964, cuando el país padeció 11 años de dictadura militar. En aquel momento, terminada la dictadura en 1975, se dio un largo proceso de transición democrática, con una serie de circunstancias que hicieron que el primer presidente civil fuera José Sarney, originario del mismo régimen militar. Fue una transición conservadora, en que la democratización se ha limitado al restablecimiento del sistema político liberal. Nada más se ha democratizado en el país: ni la propiedad de la tierra, ni los medios, tampoco el sistema judicial o cualquier otra instancia de poder en la sociedad brasileña. La fuerza de la izquierda era pequeña, no logró siquiera el voto directo para la elección del presidente de Brasil. Fue un colegio electoral el que lo hizo. En 2022 se dibuja una nueva transición democrática. Todas las encuestas dan la posibilidad de victoria de Lula, incluso en primera vuelta. Ninguna encuesta, ni ningún análisis apunta a la posibilidad de que Bolsonaro logre religirse. A su vez, el lanzamiento de la candidatura del juez Sergio Moro ha fracasado, él se queda como uno más del montón de precandidatos con índices muy bajos en las encuestas. Este 2022 será de campaña electoral, sin duda. Marzo es el plazo para presentación de candidaturas. Lula será candidato por el PT, con el apoyo de otros partidos de izquierda. Hay especulaciones sobre si Bolsonaro pudiera desistir de su candidatura, para no tener que hacer debates con Lula y para no sufrir una derrota apabullante. Podría garantizar un cargo parlamentario, que lo defendería de las graves acusaciones que pesan en su contra. Será, de todas maneras, una campaña sui generis. Lula y Dilma, victoriosos dos veces, nunca habían ganado en primera vuelta. Esta vez Lula no es más el candidato del PT. Es el candidato de todas las fuerzas democráticas y ­antibolsonaristas. Su campaña recoge las demandas acumuladas en estos años de autoritarismo, de negacionismo, de arbitrariedades, de odios y de desprecios por las vidas humanas y por la democracia. Por ella representa a la gran mayoría de los brasileños, marginados de la política por quienes se valían de la crítica de la política para ejercer el poder de la forma más arbitraria. El antipetistmo fue superado por el antibolsonarismo. Esta es la clave del cambio radical de la situación en Brasil. Se había valido del olvido de las experiencias de gobierno del PT para intentar imponer una falta memoria de que los problemas actuales del país serían herencias de lo que el PT había generado. Pero es el carácter brutal que ha asumido la presidencia de Bolsonaro al hacer que él se volviera el personaje predominante en la vida política brasileña en los últimos tres años. El alza del rechazo al presidente ha hecho que el antibolsonarismo sea el factor fundamental que se fue generando en los dos últimos años, hasta el último año del primer mandato de Bolsonaro. Surgido de la trayectoria del PT y de sus propias experiencias de gobierno, Lula, así como salió de la cárcel y recuperó todos sus derechos, pasó a liderar las encuestas presidenciales. Difícil imaginar cómo esa situación pueda cambiar. Ni por la vía de alguna caída brutal del apoyo que Lula recibe, ni por la recuperación del apoyo de Bolsonaro, tampoco por la ascensión de algún otro candidato. Este parece ser el intento que le queda a la derecha no bolsonarista, dentro de la cual están los medios. Sería retomado el intento, fracasado hasta ahora, del juez Moro como su candidato alternativo. En ese marco, todo indica que, conforme pase el tiempo hasta el 2 de octubre, día de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, se consolide el favoritismo de Lula, con adhesiones de cada vez más gente a su candidatura. Él ya tiene el apoyo de poco más de la mitad de los evangélicos. El sector más resistente es el de los empresarios, que mayoritariamente aún apoya a Bolsonaro. El intento de teatralizar su internamiento en un hospital como resultado de un supuesto caso de obstrucción intestinal por parte de Bolsonaro demuestra cómo su arsenal de instrumentos es viejo, pero sin la eficacia anterior. Habrá otros acontecimientos como esos. Queda pendiente saber si serán suficientes para impedir que Lula gane en primera vuelta o que Bolsonaro impida que otro candidato lo supere. Este 2022 es de nuevo un año importante en Brasil, decisivo para el futuro del país y, de alguna manera, para el conjunto del continente, junto con las elecciones en Colombia. Lula y Petro son sus protagonistas centrales. El autor es filósofo y politólogo brasilero.

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