Vida

David Bowie y los cien libros que le cambiaron la vida

Con unos cinco mil objetos de su archivo personal, entre los que figuraban trajes, cuadros y letras manuscritas de canciones, la exposición retrospectiva que David Bowie presentó en el museo Victoria & Albert de Londres en 2013, tres años antes de su muerte, fue un suceso de crítica y de taquilla durante los cinco años que recorrió el mundo, antes de despedirse en el Brooklyn Museum de Nueva York. Para la inauguración de la primera escala de la exposición luego de su estreno en Londres, en Ontario, el museo divulgó la lista de las cien lecturas que Bowie consideraba más importantes e influyentes –no sus libros favoritos– de todas las que había leído en su vida. Esos libros habían estado presentes en la exposición original londinense, muchos de ellos suspendidos del techo, pero recién entonces fue que la lista –que incluye, ademas de libros, revistas de historietas como Viz, The Beano o Raw, y satíricas como Private Eye– se hizo mundialmente conocida. El fascinante volumen El club de lectura de David Bowie (Blackie Books), del periodista británico John O’Connell, recorre minuciosamente esa lista, repasando cada una de esas recomendaciones, vinculándolas a la obra del artista y tirando líneas por una cultura rocker y autodidacta compartida por muchos de sus compañeros de generación. Celebrando su demorada edición local, Radar comparte su prólogo y algunas de sus selecciones.    En julio de 1975, en los huesos y paralizado por una gravísima adicción a la cocaína, David Bowie llegaba a Nuevo México para rodar The Man Who Fell to Earth. Tenía veintiocho años y se había hecho con el papel protagonista del emisario alienígena Thomas Jerome Newton después de que Nicolas Roeg, director de la película, lo viera en el documental de la BBC Cracked Actor y se quedara impresionado por su aire de etérea alteridad. En plató, Bowie sorprendió a todos por su actitud diligente y su implicación; bromeaba encantado con todo el equipo y repasaba el guion con su compañera de reparto Candy Clark. Se había comprometido a mantener la ambiciosa promesa de no tomar drogas durante la filmación, de modo que cuando su presencia no era necesaria en el rodaje, se retiraba a su caravana y se entregaba a otro pasatiempo mucho menos dañino: leer libros. Por suerte, tenía mucho donde elegir. Según cuenta un reportaje de la época publicado en el Sunday Times: “Como Bowie odia volar, suele viajar por los Estados Unidos en tren, acompañado de una biblioteca móvil transportada en unos baúles especiales que, al abrirse, revelan sus libros, perfectamente colocados en baldas. Los tomos que se ha traído a Nuevo México tratan sobre todo de ocultismo, que es su pasión actual”. Esta biblioteca portátil almacenaba mil quinientos títulos; tantos que la observación que más tarde le haría Clark a un periodista de que Bowie “leía un montón” durante la grabación de The Man Who Fell to Earth se quedara bastante corta. Avancemos a marzo de 2013… Se inaugura en Londres la exposición David Bowie Is del Victoria & Albert Museum con críticas entusiastas y un éxito de taquilla que bate todos los récords. Esta retrospectiva de su carrera, que cuenta con unos cinco mil objetos del archivo personal del cantante entre los que figuran trajes, cuadros, letras manuscritas de canciones y story-boards de videoclips, recorrería todo el mundo antes de despedirse en el Brooklyn Museum de Nueva York, cinco años después. Coincidiendo con el estreno en Ontario, la primera escala de la exposición después de Londres, el museo publicó la lista –en la que se basa este libro– de las cien lecturas que Bowie consideraba más importantes e influyentes –ojo, no sus “libros favoritos” como tales– de las miles que había leído durante toda su vida. Esos libros, precisamente, ya habían aparecido en la exposición original de Londres, donde algunos estuvieron suspendidos del techo. De todos modos, la lista se viralizó, y ese fenómeno fue acompañado de un torrente de comentarios incrédulos, que podrían resumirse en: “¿Quién habría dicho que David Bowie leía tanto?”. Una conclusión un tanto curiosa, porque Bowie llevaba años haciendo gala de su amor por los libros; no solo en las entrevistas, sino también, indirectamente, en su obra y en el abanico de máscaras que llevaba cuando la presentaba ante el público. La anécdota de la biblioteca móvil nos muestra que la lectura se había convertido para Bowie en una verdadera obsesión en la época en que ya había alcanzado su objetivo de ser mundialmente conocido. Se entregaba a ella igual que se entregaba a todo; con un fervor casi maníaco. Sin embargo, debió de forjarse como costumbre en su cuarto del número 4 de Plaistow Grove, calle del barrio londinense de Bromley donde estaba la pequeña casa adosada en la que pasó los años definitorios de la infancia y la adolescencia. Allen Lane no inventó el libro de bolsillo en 1935, cuando creó Penguin Books, pero utilizó sus dotes publicitarias y empresariales para democratizar la lectura y poner a la venta las mejores obras literarias del mundo por lo que costaba un paquete de pitillos. La generación de la posguerra, a la que pertenecía Bowie, fue la primera en dar por sentada esta democratización, de modo que, ya en 1966, cuando la canción “Paperback Writer” de los Beatles llegó al número uno, el término había pasado a denominar la apropiación de los sectores creativos británicos por parte de gente obrera o de provincias. Bowie rindió muy poco en la escuela, y salió de ella en 1963 habiéndose graduado solo en una asignatura, Arte. Teniendo en cuenta el amplísimo abanico de intereses que posteriormente cultivaría, este hecho no denota pereza o incapacidad para la retención de información, sino impaciencia ante la educación académica. Como muchos autodidactas, Bowie se dio cuenta muy pronto de que disfrutaba más teniéndose a sí mismo como profesor que teniendo a otros. Además, le satisfacía enormemente poder enseñarles a los demás lo que había aprendido: cuando le gustaba un libro, dicen sus amigos, lo promocionaba con gran fervor. Puede que esa sea la razón de que, en 1998, empezara a escribir reseñas de libros para la cadena de librerías Barnes

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