Repoblamiento en el Titicaca: Buscan salvar del peligro de muerte a peces nativos, entre ellos el Karachi

De acuerdo con los datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), actualmente más de 5.000 especies de animales están en peligro de extinción en el mundo.

Por clase, se encuentra en peligro de desaparecer el 34% de los peces, el 25% de los anfibios y mamíferos, el 20% de los reptiles y el 11% de las aves. Las causas son múltiples; sin embargo, las más particulares son la destrucción y fragmentación de sus hábitats, el cambio climático, la caza y tráfico ilegal, y la introducción de especies exóticas.

Bolivia no se salva de registrar especies en peligro de extinción, en riesgo de desaparecer o en situación vulnerable, en sus lagos, ríos y áreas protegidas de zonas ubicadas en el altiplano, valle y amazonía.

En La Paz, el lago Titicaca, rodeado de montañas de la cordillera de Los Andes, donde habitan especies de peces únicos en el mundo, tiene sus aguas actualmente golpeadas por la contaminación, el cambio climático y la sobrepesca.

Por decisión de la Madre Naturaleza, en el lago navegable más alto del mundo, ubicado a 3.800 metros sobre el nivel del mar, habita el Ispi, el Mauri, el Karachi (amarillo y negro), la Boga y el Umanto, especies endémicas.

En la edición 2009 del Libro Rojo de la Fauna Silvestre de los Vertebrados de Bolivia, el Umanto (orestias cuvieri, nombre científico) fue declarado extinto (EX: el último individuo murió) y la Boga (orestias pentlandii) se encuentra en Peligro Crítico (CR: riesgo extremadamente alto de extinción). 

Además, ese documento sitúa en la categoría En Peligro (EN: en riesgo alto de extinción) al Karachi amarillo (orestias albus) y ubica en estado Vulnerable (VU: moderado riesgo de extinción) al Karachi negro (orestias agassii) y al Mauri (trichomycterus rivulatus).

Según la ictióloga e investigadora boliviana, Soraya Barrera, tanto el Karachi amarillo como el negro abundaron en el lago Titicaca en la década de los ‘80. “No hay información de años anteriores, ya que todavía no había gente formada en la rama de la Biología”.

En febrero de este año, el director ejecutivo de la Institución Pública Desconcentrada de Pesca y Acuicultura (IPD-PACU) del Ministerio de Desarrollo Rural, Grover García, reveló que en el Lago Titicaca el 85% de especies nativas está desapareciendo.

“A la fecha, las especies ícticas nativas en nuestro lago Titicaca, como el Karachi negro y el Karachi amarillo, están en un peligro de extinción (…). Esto se debe a una pesca indiscriminada, a la contaminación de lago”, alertó en una entrevista con la ABI.

Siembran más de 2,2 millones de alevines

De acuerdo con García, con base en esos datos y otras investigaciones, el IPD-PACU puso en marcha este año un plan de repoblamiento de especies nativas, como el Karachi y el Mauri, principalmente, en los lagos Titicaca, en La Paz, y Uru Uru, en Oruro. 

El plan ese ejecutado por el IPD-PACU y el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (Iniaf), en coordinación con la Autoridad Binacional Autónoma del Sistema Hídrico del Lago Titicaca, Río Desaguadero, Lago Poopó, Salar de Coipasa (ALT), representado por Bolivia y Perú, países que comparten las aguas del lago sagrado.

El plan consiste en sembrar alevines (pez de corta edad y pequeño tamaño, para repoblar), obtenidos a través de la reproducción artificial, con el fin de multiplicarlos y mantenerlos con vida “para las actuales y futuras generaciones”.

La primera siembra de 1,2 millones alevines de Karachi amarillo y negro, a orillas del lago Titicaca, exactamente en el municipio lacustre Chua Cocani, estuvo a cargo del presidente boliviano Luis Arce y autoridades nacionales y locales, el 27 de diciembre de 2022.

“Tenemos un enorme potencial en nuestro lago y por eso debemos ponernos manos a la obra para incrementar la producción de peces, como Gobierno apoyaremos en ese objetivo.Ésta es la siembra inicial de alevines de Karachi, vamos a seguir sembrando más especies en todo el país”, aseguró el mandatario aquella vez.

El Jefe de Estado demandó a los pesqueros dejarlos reproducirse para hacer sostenible la actividad y afianzar la potencialidad pesquera de Bolivia con la producción a gran escala de especies nativas.

“Hay que dejarlos reproducir, hermanos. Por favor, hay que dejarlos reproducir”, exhortó.

La reproducción artificial implica un riguroso trabajo, desde investigación y preparación, “no es sólo ir pescar y hacer el desove”. Ahora, la finalidad, es que este procedimiento también sea aplicado por los mismos pescadores de las regiones aledañas al lago.

“Hoy producimos a través de nuestro IPD-PACU e Iniaf, pero nosotros vemos por conveniente que ustedes (los pesqueros) también sepan la producción de alevines para que ustedes mismos puedan producir todos los pescaditos que quieran”, dijo Arce.

Según los datos del IPD-PACU, a finales de 2022 se sembró un total de 2,2 millones de alevines de Karachi negro y amarillo en el Titicaca. Con ello, se estima que las familias pesqueras que habitan alrededor del lago generen más de Bs 1,1 millones en recursos económicos.

Alistan un ambicioso programa de repoblamiento

Sin embargo, esto no se quedará ahí, en la línea del compromiso del dignatario de Estado, el IPD-PACU alista un ambicioso programa, cuya ejecución requiere Bs 22 millones, para repoblar especies nativas de lagos y ríos de Bolivia.

El programa consiste en equipar los centros piscícolas instalados en el país para la reproducción artificial de especies ícticas nativas, además de realizar estudios e investigaciones.

“Vamos a continuar con el repoblamiento, pero primero tiene que aprobarse este programa, este presupuesto, para mejorar la infraestructura, el equipamiento y los insumos para que se puedan reproducir artificialmente los alevines de especies ícticas nativas”, precisó García.

El programa de repoblamiento abarca no sólo el Karachi, sino también especies como el Mauri, Ispi, Sábalo, Tambaquí, entre otros. En ese sentido, el IPD-PACU prevé presentar el programa a las autoridades nacionales el 2 de agosto y estima su aprobación a fines de este año, mediante una ley.

Uno de los objetivos del ambicioso programa es continuar con la reproducción artificial de alevines de especies ícticas nativas y alcanzar a sembrar entre 50 a 100 millones de alevines en lagos y ríos del territorio nacional.

“Según las investigaciones de la ALT, la Boga y Umanto ya no existen, y las especies como el Karachi, Mauri, Suche, Ispi están con amenazas de desaparecer. Por eso, nosotros queremos plantear este programa”, insistió el director ejecutivo del IPD-PACU.

Según esa institución, es la primera vez que el Estado boliviano se dedica a repoblar especies ícticas nativas, en coordinación con federaciones pesqueras y piscicultores aledaños al lago Titicaca.

80.000 alevines de Karachi en crecimiento

Ataviado con un overol color verde, sombrero de ala ancha y botas de goma, Waldino Choque Chambilla, técnico de producción del Centro Piscícola Tiquina, ubicado en la provincia Manco Kapac, a 105 kilómetros (Km) de la sede de Gobierno, supervisa las jaulas de peces como la Trucha y el Karachi.

No sólo la infraestructura, sino también el canto de las aves, el viento con el vaivén de los árboles y el ruido de las olas de lago milenario, convierten a este centro en un sitio estratégico para la reproducción artificial de esas especies.

“Nos hemos ido capacitando año tras año para hacer la reproducción artificial en especies nativas, en esta ocasión del Karachi amarillo y el Karachi negro”, explicó a este medio, mientras tiende las redes para que se sumerjan en las aguas del Titicaca.

El Centro Piscícola Tiquina tiene más de 30 años de antigüedad, actualmente es administrado por el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras y cuenta con 196 jaulas, de 5×5 y 4×4 de dimensión, para el crecimiento de Trucha y Karachi, principalmente.

“En esta jaula de 5×5 tenemos alrededor de 80.000 alevines de Karachi (de 1/5 centímetros aproximadamente), para que de aquí a dos años nos den las ovas, para hacer la reproducción artificial”, explica el técnico señalando con el dedo índice al cardumen de peces bebé que se desplazan entre las cuatro paredes de las jaulas.

Además de ello, el centro cuenta con diferentes ambientes, entre estanques y un laboratorio en el que, cubiertos con mandil blanco y barbijo, como en una clínica, trabajan expertos de la ALT en coordinación con el IPD-PACU.

Tras un recorrido por esos ambientes, el técnico Waldino, oriundo de la localidad de San Pablo de Tiquina y con 11 años de experiencia en piscicultura, explica que fue capacitado para el trabajo de reproducción artificial de especies nativas del Titicaca. 

“Sacamos las ovas de las hembras, hacemos el control de madurez; sacamos el esperma de los machos, los incubamos. Se eclosionan, después llegan a ser larvas y llegan a ser alevines”, detalla sobre su labor en la reproducción artificial.

Con la mirada centrada en las jaulas de peces y una sonrisa, el técnico indica que la siembra de alevines en las riberas de Chua Cocani, en diciembre de 2022, es un proyecto que “está avanzando”, según el seguimiento.

Y en el laboratorio, la ingeniera técnica de la ALT, Linvana Aparicio Mendoza, reporta que, desde esa fecha hasta junio, los karachis alevines alcanzaron la edad juvenil, lo que significa que aún falta para que lleguen a la etapa de adultez, para luego convertirse en reproductores.

“Están en etapa juvenil y pueden defenderse de las amenazas que tienen en el lago Titicaca; por ejemplo, una de las depredadoras actualmente es la Trucha, una especie introducida, que es la que más ataca a las especies nativas en etapa larvaria”, explica la experta.

El Karachi se reproduce durante todo el año; sin embargo, entre julio y agosto, es la época cuando más se aprovecha la reproducción de esta especie, al haber una madurez sexual de las ovas.

Según su colega de la ALT, el también técnico ingeniero, Marcos Quispe Vargas, con la reproducción artificial de las especies ícticas nativas, como el Karachi, el objetivo es llegar hasta la etapa reproductiva, que demora entre dos, tres y cuatro años, dependiendo de la alimentación.

“Son especies que están en estado vulnerable; entonces, el problema es que (…) su etapa de crecimiento es muy lento, eso hace que la recuperación de estas especies sea más compleja”, revela.

Sin embargo, asegura que la ventaja de la reproducción artificial “es óptima” ya que es controlada y se obtiene entre el 80% a 90% de larvas, pero “el problema son los costos que implica este procedimiento”.

Pero, ¿qué pasaría si las especies nativas mueren?

Tras un profundo suspiro, el técnico Waldino asegura que las causas por las que las especies de peces nativos están en peligro de desaparecer son la pesca indiscriminada y sin control, la contaminación y la extracción de las totoras. Por todo ello, el Titicaca “está en alerta roja”.

“Los hermanos pescadores no miden la cantidad de pesca, ni el crecimiento de los peces. Nosotros tampoco podemos coartarles porque son cinco provincias que viven de la pesca”, lamenta.

Las familias que viven de la pesca, o tienen como principal fuente de ingresos esta actividad, son de las provincias circundantes al lago Titicaca: Ingavi, Los Andes, Omasuyos, Camacho y Manco Kápac. 

“Si es que (especies como el Karachi) entran en extinción, las cinco provincias no van a tener nada qué comer. Van a entrar a pescar, una o dos noches sin pescado van a salir, no van a tener qué vender y qué comer”, dice.

Junto con biólogos bolivianos y peruanos de instituciones y universidades, Waldino viajó durante unos 15 y 20 días por las dos cuencas del Titicaca: el Lago Mayor o Chucuito y el Lago Menor o Wiñay Marka.

A través de esa exploración, y tras un monitoreo, la comisión de expertos pudo constatar que en el lado boliviano del lago Titicaca hay “poca cantidad de peces” y en el lado peruano la situación es casi similar.

Actualmente, con una red agallera de 100 a 200 metros, sólo se alcanza a pescar en una noche, cinco, seis o siete karachis, lo cual preocupa respecto a otros tiempos cuando se pescaba cantidades de peces y se los comercializaba por baldes.

“Me acuerdo que antes, mi papá, entraba al lago y sacaba hasta 100 y 200 karachis en una noche, pero ahora solo podemos sacar hasta cuatro y cinco karachis”, recuerda el técnico.

En tanto, según la técnica Linvana de la ALT, la desaparición de las especies nativas no sólo afectaría económicamente a los pescadores, sino también causaría la migración, ocasionaría una alteración en el ecosistema del Titicaca y afectaría a la seguridad alimentaria.

“Alteraría el ecosistema del lago Titicaca ya que todas las especies cumplen una función muy importante, por ejemplo, las orestias son mayormente omnívoras, se alimentan de todos los caracoles, microcrustáceos, microalgas”, señala.

Insiste que, en caso de extinguirse, al menos esa especie, se saturaría la repoblación de materia orgánica, como los microcrustaceos, microalgas y otros; entonces, el “lago entraría en colapso”.

En cuanto a la seguridad alimentaria, la experta alerta que, por ejemplo, el sabor del Wallak’e también está en riesgo de extinción, ya que se trata de una sopa autóctona milenaria preparada con base en carne de Karachi amarillo.

“La sopa de Karachi es muy buena para el desarrollo de la mente, porque contiene un alto contenido nutricional. Es beneficiosa, principalmente, en la alimentación de los niños, a la hora de su crecimiento”, destaca.

El sabor del Wallak’e en riesgo de extinción

En su pensión, ubicada en la calle Manuel Gustillos, a dos cuadras del Cementerio General de la ciudad de La Paz, Nancy Condori prepara y vende el tradicional Wallak’e, un singular caldo lacustre que desprende un dominante aroma a K’oa (hierba de hojas verdes), más fuerte que el Eucalipto.

Afanada por la masiva concurrencia, Nancy agarra un plato de barro y con el cucharón de madera primero sirve el Karachi, cuya carne es blanca, suave y delicada, y luego agrega la aromática y humeante sopa de color amarillento y aspecto espeso preparada con ají, ajo, cebolla, papa, chuño, que hacen el deleite de los comensales.

Mientras alcanza la efervescente sopa de pescado a uno de los comensales, la cocinera anuncia «Pasa caserita, servite, hay Mauri, Sábalo, Trucha, Ispi, bien te voy a yapar, pero enseguida revela que el Wallake es su preparación principal.

La sopa tiene que ser preparada con Karachi amarillo. Si se lo preparara con Pejerrey, Trucha o cualquier otro pescado, su sabor sería distinto y no sería original.¿Pero a qué se debe esto?, a que el Karachi se alimenta de manera natural de algas y moluscos.   

El precio del plato tradicional en ese restaurante es de unos Bs 15. Por día, Nancy vende alrededor de 5O wallakes porque “es nutritivo, ayuda a la memoria y calma el dolor de estómago”.

Día a día y sin falta, en la calle Valentín Navarro de la ciudad de La Paz, desde muy temprano, decenas de comerciantes ofrecen pescados provenientes de Huarina, Huatajata, Compi, Puerto Pérez y Guaqui, poblaciones aledañas al lago Titicaca.

Entre los pescados expuestos en tarimas de madera, en baldes de plástico y latas, se encuentran los karachis amarillo y negro, el primero selecto para la sopa energizante y el segundo para fritar.

Las vendedoras de pescado al por mayor comentan que antes el Karachi era más económico, pero el riesgo de su desaparición elevó su precio; por ejemplo, una lata repleta del pescado costaba entre Bs 2 y Bs 5, pero después sólo 25 unidades se vendían a Bs 14.

Nardi Quispe, quien también tiene su puesto de venta de pescado desde hace 10 años en Tiquina, ahora compra cuatro o cinco karachis en Bs 10, dependiendo del tamaño, es decir, a Bs 2,50 la unidad.

“Si usted come un caldo de Karachi es pues excepcional, ahora si usted come un caldo con Trucha es diferente, cada uno tiene su particularidad. Para mí el Wallak’e de Karachi ofrece buena nutrición. En ese sentido, se da la prioridad de repoblar con especies ícticas nativas”, comenta el director del IPD-PACU.

Delicia autóctona con alto valor nutritivo

La nutricionista Ruth Latorre Hidalgo recalca que el wallak’e es una sopa nutritiva y saludable por contener pescado y por su elaboración a través de la cocción hervida. De este modo se eliminan bacterias y virus en comparación con la preparación de alimentos fritos.

“La característica nutricional más destacada de los peces dorados y azulados, como el Karachi, es su contenido en grasa, que posee importantes propiedades para la salud, principalmente en la prevención de enfermedades cardiovasculares”.

El pescado contiene fósforo, esencial para fortalecer la memoria. Por ello no sólo es importante consumir Karachi, sino todo tipo de pescados, por ejemplo, el Ispi, que se lo consume completo: carne, huesos y cabeza.

“Además de fósforo, nutre con calcio. Cualquier tipo de pescado es sano y otorga bastante proteína”.

El pescado es rico en Omega 3, que evita que las células se oxiden y ayuda a combatir enfermedades. Además, regenera la flora microbiana, situada en el intestino, que es la que no deja pasar ninguna infección y es considerada el segundo cerebro del organismo.

“Si la flora microbiana es baja, nos enfermamos con facilidad, en cambio si la elevamos no tenemos malestares”, asevera.

En comparación con las carnes de res, cerdo, pollo, cordero y demás, que tienen sus propios nutrientes, la ventaja del pescado es que es suave, liviano, delicado y no tiene nervios, tampoco mucha grasa y es fácilmente digerible por el organismo.

Por todas sus bondades alimenticias, la nutricionista recomienda que comer a diario una sopa de Karachi como desayuno es mucho mejor que tomar un té con una porción de masa con base de harina.

“En la mañana prefiero que coman un plato de Wallak’e a que tomen un café con pan”, añade.

Los urus lo consumían hace miles de años

Según la entonces revista de culturas Jiwaki, de la Alcaldía de La Paz, “Wallasqi proviene del antiguo idioma puquina, cuyo significado es ‘agua donde nadan los pescados’”. Su derivación es Wallaqi término que hace referencia al plato de sopa de Karachi recién sacado del lago.

De origen puramente autóctono, esta preparación tiene referencias milenarias en el Qollasuyu. “Abuelos de la cultura aymara relatan sobre las propiedades de esta sopa que posee altas concentraciones de hierro, calcio y fósforo”.

“El caldo de Karachi es delicioso, la carne de este pez es riquísima, pero difícil de comer por las espinas. Esa moda de degustar el Wallak’e es de hace años. Algunos ahora lo piden con Pejerrey”, relata el antropólogo Milton Eyzaguirre.

Según Eyzaguirre, el consumo de pescado antecede a la cultura urus, que se autodenominaban cotsuñis (hombres del agua). Si bien no existen referencias ecológicas directas sobre ellos, fueron conocidos como excelentes ingenieros hidráulicos, porque crearon lagos y ríos artificiales, habilidades por las cuales se cree que fueron los primeros pueblos en consumir este tipo de productos.

En la época prehispánica se encontró, en algunas poblaciones de Tiwanaku, restos óseos de peces, muestra de que el consumo del pescado en el contexto andino era común. Por esas razones, el antropólogo sostiene que el término Wallake no tiene traducción exacta en Aymara.

“Los primeros asentamientos llegaron, aproximadamente el año 1100 a. C. y la lengua más antigua es el Puquina. No creo que esa preparación sea un atributo aymara, sino más bien uru”, remarca.

Hay recursos para mantenerlos vivos

“Estaba es riesgo nuestro Wallake (un caldo con base en esta especie de pescado, Karachi), por eso hemos tomado la decisión de producir nuestros propios alevines a través del IPD-PACU y del Iniaf”, señaló el presidente Luis Arce aquel 27 de diciembre pasado.

El plan de repoblamiento de especies ícticas nativas en el Titicaca, del IPD-PACU, es una esperanza para que esa sopa milenaria, cuya preparación ancestral fue heredada a varias generaciones, no desaparezca.

En palabras del ministro de Desarrollo Rural y Tierras, Remmy Gonzales, el Jefe de Estado, “no ha dudado un minuto en apoyar al programa de piscicultura y acuicultura” ejecutada por esa cartera.

“Hay los recursos para multiplicar (estas especies nativas) y lo vamos a hacer, porque la idea es repoblar y algún día nuestros hijos y nietos saboreen lo que nuestros abuelos han saboreado y han disfrutado de lo que nos da nuestra Madre Tierra en nuestro sagrado lago Titicaca”, expresó en su momento.

Según el director ejecutivo del IPD-PACU el plan de repoblamiento de especies ícticas nativas tiene la finalidad de mantenerlas vivas, preservar la biodiversidad, garantizar la seguridad alimentaria y generar ingresos económicos a las familias que viven de la pesca. 

“Esas especies deben ser repobladas; primero, lo más importante, por el tema ecológico, porque cada uno cumple una función; segundo, por el tema de una buena nutrición, para la población boliviana; y tercero, para generar economía”, enfatizó.

Proponen una ley y piden plantas de tratamiento de aguas

El alcalde de Chua Cocani, Andrés Canaza, expresó que, tanto en su región como en los mercados de la ciudad, cada vez es más elevado el precio de platillos con carnes de Karachi, Ispi y Mauri.

“Nuestras caseritas nos dicen ‘ya no hay muchos pesces en el lago’, y un plato con Karachi está a 15 bolivianos y ahí viene la pregunta ¿qué hacemos frente a esta situación?”, reflexiona el burgomaestre.

La autoridad edil tiene la esperanza de que la repoblación de especies nativas, mediante la reproducción artificial, dé resultados para volver a deleitar “abundante carne de pescado” en los apthapis, como hace años los abuelos y abuelas lo hacían.

“Nos queda agradecer enormemente por esta iniciativa (…). Usted presidente (Luis Arce) siempre está pensando en los diferentes sectores, siempre nos ha hablado de la seguridad alimentaria, de la alimentación sana y esto es una clara muestra de que usted tiene palabra”, expresó.

No obstante, el secretario ejecutivo de la Federación Provincial de Pesqueros Comerciantes Piscicultores, Ronald Llamaca Coarite, indica que su sector ingresa con sus botes y lanchas a diario al Titicaca a pescar para sostenerse económicamente y coadyuvar en la seguridad alimentaria.

“No tenemos muchos espacios para la ganadería ni para la agricultura, por eso es que nosotros nos dedicamos a la crianza de truchas y a la pesca”, enfatiza y detalla que la mayoría de las comunidades aledañas al lago se dedican a esta actividad y a la lechería, además de la siembra y cosecha de papa, habas, zanahoria, cebollas, entre otros cultivos.

Ante esa situación, la ALT trabaja en capacitar a los pescadores en la reproducción artificial de alevines de Karachi, con el fin de mantener la siembra de esta especie. El técnico Waldino sugiere capacitar no solo a los pescadores, sino también a universitarios.

“Cuando está en veda (tiempo durante el cual está prohibido pescar) no tenemos que matar ni el Karachi, ni el Mauri, ni el Ispi. (Sino más bien, tenemos que) sacar las ovas, fecundar y soltar, (de modo) que nos den al siguiente año más ovas. De eso se trata, para eso hay que capacitar, nosotros estamos capacitados y tenemos la capacidad de capacitarlos”, relieva Waldino.

En una reunión de socialización, se sugirió una ley para regularizar la pesca de especies nativas en el Titicaca, aunque muchos pescadores manifestaron que no están de acuerdo con una normativa de esa característica.

“Se ha tratado de hacerles entender de gran manera, hasta que se saque una ley de pesca, como en Perú, pero ellos no están de acuerdo (…).¿De qué vamos a vivir?, preguntan ellos, ese es el problema”, indica.

Respecto a la contaminación en el Titicaca, los técnicos y comunarios exhortaron a las autoridades nacionales, departamentales y municipales a la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales.

Atribuyen a que el Lago Menor es el principalmente contaminado con los residuos que ingresan por el río que desemboca en Guaqui, desde El Alto, de las diferentes fábricas de ladrillos, cemento, entre otros.

“Alguna vez los peces flotaron muertos, porque no soportaron la contaminación (…). Del Lago Menor, los peces se van trasladando poco a poco al Lago Mayor”, lamenta el técnico del IPD-PACU.

Fuente: ABI

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