Sergio Massa, el político inclasificable que aspira a mantener al peronismo en el poder en Argentina

Militó en la derecha. Es respaldado por la clase empresarial y gran parte del poder mediático. Formó parte de varios gabinetes. Rompió con sus mentores y creó sus propias fuerzas políticas. Y desde que comenzó su carrera política, su meta ha sido llegar a la presidencia.

Es Sergio Massa, el abogado de 51 años que, en medio de una crisis y un clima de incertidumbre, logró ser designado como «el candidato de unidad» del peronismo en Argentina con miras a las elecciones presidenciales del próximo 22 de octubre.

Pero antes deberá someterse a la prueba de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que se realizarán el próximo domingo y en las que cada partido o coalición definirá, con el voto ciudadano, las candidaturas presidenciales.

Ese día, se sabra realmente cuál es el respaldo electoral que tiene el ministro y si le alcanza para aspirar a suceder a Alberto Fernández.

La postulación de Massa era la más esperada, pero también fue la más sorpresiva.

El pasado 24 de junio, luego de meses de especulaciones, la coalición gobernante ya había confirmado que serían dos los candidatos que pelearían la postulación en las PASO.

La disputa, inédita, era resultado de la larga y dura pelea entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Por eso, cuando el embajador Daniel Scioli confirmó su participación, quedó claro que lo hacía avalado por el mandatario. En el caso del ministro del Interior, Eduardo de Pedro, llevaba el respaldo de la vicepresidenta.

En la tarde de ese agitado viernes, la ausencia de Massa en las listas electorales, en las que ni siquiera aparecía incluido como candidato a senador o diputado, provocó desconcierto tanto en políticos oficialistas como opositores.

Pero en cuestión de horas, el panorama cambió por completo.

Miradas

Al anochecer, la coalición peronista Unidos por la Patria confirmó a través de sus redes sociales que el ministro de Economía era «el candidato de unidad«. Fue el resultado de frenéticas negociaciones de gobernadores, el mandatario, la vicepresidenta y otras figuras del oficialismo.

Entonces sí, Scioli y De Pedro dieron marcha atrás. Por el contrario, el dirigente social Juan Grabois, que había cedido su campaña, volvió al ruedo y anunció que contendería en la interna contra Massa, a sabiendas de que ganarle al ministro es una quimera.

La respuesta de Grabois resume la desconfianza que Massa genera en propios y extraños, ya que es un líder político que pertenece al ala conservadora del peronismo; que jamás ha defendido posiciones progresistas, más bien todo lo contrario; y que se ha esmerado en construir poder para sí mismo.

El expresidente Mauricio Macri, a quien se acercó al inicio de su Gobierno, terminó decepcionado. Tanto, que lo apodó ‘ventajita‘, al considerar que sólo buscaba sacar provechos personales.

Más allá de los recelos hacia su figura, Massa consiguió la ansiada postulación y ahora enfrenta el mayor desafío de una vida política marcada por vaivenes, rupturas y reconciliaciones.

Historia

Nacido el 28 de abril de 1972 en la localidad de San Martín, en la provincia de Buenos Aires, Massa se acercó a la política siendo casi un adolescente, de la mano de la Unión del Centro Democrático (Ucede), un partido conservador fundado por Álvaro Alsogaray, uno de los principales referentes del liberalismo argentino.

Su afán de liderazgo lo hizo destacar rápidamente hasta convertirse en presidente de la Juventud Liberal en un momento en el que se acercaba la época de oro del neoliberalismo en América Latina.

En Argentina, uno de sus máximos representantes fue Carlos Menem, el presidente que ejerció un «peronismo de derecha» que atrajo a figuras de la Ucede. Uno de ellos fue Massa, quien comenzó a militar en el Partido Justicialista fundado por el fallecido exmandatario Juan Domingo Perón.

Los cargos llegaron de inmediato De una subsecretaría en el Ministerio del Interior, pasó a una asesoría en la cartera de Desarrollo Social y luego a una diputación, pero su momento estelar lo vivió durante la presidencia interina de Eduardo Duhalde (2002-2003), cuando asumió como titular de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).

Gracias ese puesto, mismo que mantuvo durante la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007), Massa empezó a tener una mayor visibilidad pública, en parte por las medidas efectivas como los aumentos de las jubilaciones, pero también por su destreza en el manejo mediático, algo que persiste hasta hoy.

En 2007 ganó la intendencia de la municipalidad de Tigre, un distrito estratégico de la provincia de Buenos Aires que convirtió en un territorio propio y en el que, desde entonces, tiene una fuerte influencia política.

Pocos meses después, en una de esas paradojas de la política, Fernández de Kirchner lo convocó como su jefe de Gabinete en sustitución de Alberto Fernández. Pero Massa sólo permaneció en el cargo durante un año y luego se volvió a Tigre para seguir construyendo un proyecto político que tenía a la Casa Rosada como destino final.

Idas y vueltas

De a poco, Massa, quien está casado con Malena Galmarini, otra reconocida dirigente peronista, se fue despegando del kirchnerismo y fundó el Frente Renovador, partido con el que, en 2013, ganó una diputación nacional.

Un año más tarde, ahora sí, rompió del todo y, al igual que Alberto Fernández, se convirtió en uno de los críticos más duros de Fernández de Kirchner, quien transitaba la recta final de su Gobierno.

En 2015, el kirchnerismo postuló a Scioli como candidato a presidente y Massa participó al amparo de la alianza Unidos por una Nueva Alternativa, en la que convergieron fuerzas conservadoras. Es decir, volvió de lleno a sus orígenes. En esa campaña, su discurso fue muy parecido al derechista Mauricio Macri.

Pero aunque Massa obtuvo un nada desdeñable 21 % de los votos, le fue insuficiente para avanzar a la segunda vuelta que disputaron Macri y Scioli, con quien desde entonces mantiene una ácida rivalidad.

De cualquier manera, el abogado ya se había consolidado como una de las figuras más importantes de la política argentina. Así se lo reconoció Macri, quien, en un afán de parecer dialoguista y de conseguir el voto de los legisladores que respondían a Massa en el Congreso, lo invitó a la Cumbre de Davos de 2016. La relación duró poco.

Ya en 2017, Massa armó otra coalición denominada 1País, con la que participó en las elecciones legislativas en las que revalidó su posición como tercera fuerza política después de Unidad Ciudadana (kirchnerismo-peronismo) y Cambiemos (macrismo).

El regreso a la primera fila del poder, sin embargo, estaba cada vez más cerca.

Desunidos y desorganizados

El año bisagra de Massa, Fernández de Kirchner y Alberto Fernández fue 2019.

La vicepresidenta logró que sus dos exjefes de Gabinete volvieran al terruño. Al Frente de Todos, como se bautizó la alianza peronista que concretó una reconciliación forzada por la necesidad de evitar la reelección de Macri.

Así, Fernández de Kirchner eligió a Alberto Fernández como candidato a presidente en la fórmula en la que ella participaría como vicepresidenta. A Massa le dejarían el liderazgo de la Cámara de Diputados.

La armonía duró poco. Menos de un año después de haber recuperado juntos el poder, las diferencias entre la vicepresidenta y el mandatario estallaron, en particular por el diseño de la política económica, lo que, a la larga, desembocó en la escandalosa renuncia del ministro de Economía, Martín Guzmán.

De inmediato, en medio de un intenso operativo mediático promovido por Massa, se especuló con su arribo al estratégico ministerio, pero en el primer intento no logró el apoyo de ‘los Fernández’, quienes seguían enfrascados en su disputa. 

Por eso fue designada Silvina Batakis, la economista que sólo duraría 21 días en el cargo porque, a fines de julio del año pasado, Massa consiguió, por fin, asumir como un «súperministro» que llegaba a «rescatar» al país de la grave crisis económica.

No lo logró. Casi un año después, la economía argentina sigue frágil, con récord de deuda, inflación, pobreza y devaluación. Pero, aún así, Massa confía en ganar para continuar la saga de poder peronista.

RT

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