El sol cae a plomo sobre el asfalto y no hay bocinazos ni motores encendidos. Solo filas. Filas largas, densas, interminables. Decenas de camiones cisternas permanecen detenidos en los accesos a la refinería de Palmasola, formando un corredor metálico de tanques blancos, rojos y plateados cargados con combustible que aún no puede descargarse. El escenario es caótico.
La palabra “peligro combustible” se repiten una y otra vez en los parabrisas de estos vehículos. Algunos choferes bajan de sus cabinas, otros esperan sentados a la sombra improvisada de los propios camiones soportando la ola de calor que se hace insoportable. El movimiento es mínimo. La espera, prolongada como si todo transcurriera en cámara lenta.
Las imágenes captadas por EL DEBER retratan una escena estática que contrasta con la urgencia del país por abastecerse de carburantes.
Las cisternas ocupan ambos lados de la vía, avanzando metro a metro, sin un horizonte claro. En algunos tramos, la fila se pierde entre postes de luz y barrios cercanos, evidenciando que el cuello de botella no está en la llegada del combustible, sino en su descarga que demora más de lo debido.
Recientemente, el ejecutivo de los Empresarios Cisterneros del Oriente, Sergio Kosky indicó que de las 700 cisternas que se mantienen varadas desde hace más de 26 días en los exteriores de Palmasola —con más de 20 millones de litros de combustible— unas 300 empezarán a ingresar a los predios para agilizar la logística del producto.
El jueves, Kosky había manifestado que YPFB no se había comunicado oficialmente con los transportistas, sobre las razones que impedían la descarga de combustible en los tanques de Palmasola, pese a haber firmado un acta para descargar 40 camiones diarios.
Por ahora, el combustible no falta en origen: está detenido en la fila. Avanza lento, bajo el sol, entre camiones inmóviles y choferes agotados. Palmasola no es solo una refinería cercada por cientos de cisternas.
Fuente: EL DEBER


