Tejidos entrelazan tecnología, ciencia, saber ancestral e identidad

Miguelina Llacsa encontró un tesoro en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), piezas antiguas de los tejidos de su cultura, la yampara. Solo con verlas, la sabiduría que contienen volvió a ella.  

Cuando se enteró de que los hilos sintéticos con los que ella y su comunidad, los yampara, trabajan son dañinos para la salud se sorprendió. 

La directora del Museo Nacional de Etnografía y Folklore, Elvira Espejo, le contó en quechua cómo es que ese hilo, que se produce con residuos de petróleo, no absorbe el sudor. Esto deja las toxinas en el cuerpo, generando enfermedades.

“No podemos dejar que el consumismo nos robe el conocimiento que tenemos de las fibras naturales que producimos. Estas absorben la transpiración y luego se lavan, así se van también las enfermedades”, detalló Espejo.

Además de llegar a La Paz  para mostrar su cultura en una feria que terminó en mayo, los yampara se reencontraron con tejidos antiguos de su comunidad, entre los más de 12 mil objetos orgánicos que resguarda el Musef.

Al verlos, Llacsa reconoció que su comunidad dejó de escuchar su propia voz por darle atención a lo comercial, a narrar historias desde la iconografía, un camino que el citadino está más dispuesto a consumir.

“No se trata de volver a lo anterior, sino de ser consciente de hacia dónde vamos. De no reducir el proceso de tejido a una historia o a figuras iconográficas”, según Espejo. La relevancia de un tejido no se mide desde la belleza de este, sino desde la ciencia y la tecnología que lo han hecho posible.

Por ejemplo, si se incorpora a una mezcla una determinada planta o mineral, se produce una reacción química que hace que esta sustancia se adhiera a la estructura de la fibra, es decir que la hebra quede teñida.

La tecnología que implican los instrumentos para hilar y los telares están íntimamente relacionados con una lógica matemática que Miguelina pudo descifrar con tan solo tocar una vestimenta antigua de su nación.

“Pallay es la lógica matemática que va a guiar la composición de un tejido; con el pallay se identifica cuándo expandir y cuándo comprimir, es decir, cuándo agregar y cuándo restar hilos”, explicó la directora.

La investigadora y artista qaqachaka admite que acercarse al conocimiento que encapsula esta práctica le ha llevado a ella y al equipo del Musef bastante tiempo.

Gracias a ese esfuerzo se publicaron varios catálogos que exponen el desarrollo del tejido a lo largo y ancho de Bolivia.

Para Espejo, en la construcción  del tejido ya no se lo piensa como objeto, sino como sujeto tejido. Es un ser al que se debe dar los cuidados máximos, como una gestación. Así, te cuida, te acompaña y se crea un mejor lenguaje para entenderlo.  

Fuente: Ahora el Pueblo