Burguesía aymara domina en El Alto e impone la nueva arquitectura neoandina

6 de marzo de 2024

Desde Leonel Messi hasta Los Caballeros del Zodiaco. En El Alto se levantan cada vez más seguido los cholets, los edificios que muestran una tendencia y que mandan a construir la burguesía alteña imponiendo la nueva arquitectura neoandina. Esta ciudad celebra hoy 39 años de vida. Convive con el mercado libre y el negocio informal y con una visión política de varias tendencias.

Desde los vibrantes colores de sus fachadas, hasta las formas extravagantes que desafían la gravedad, los cholets -una palabra que mezcla que combina las palabras chalet y cholo- surgen como íconos de la nueva élite indígena en ascenso, destacando el éxito y la prosperidad de sus propietarios, que son comerciantes.

Freddy Mamani Silvestre es el arquitecto detrás de más de 70 de estas edificaciones en la ciudad alteña que ha dado vida a esta nueva tendencia. Mamani es el artífice de haber dado color a El Alto. Detrás de él vinieron otros arquitectos que continuaron su trabajo año tras año. Hoy, varias de sus diseños son emblemáticos.

En El Alto existen cerca de 600 cholets construidos en diferentes barrios. Por lo general, estos edificios, en sus primeros pisos, tienen negocios, como imponentes salones de fiestas o tiendas. Luego están los departamentos para alquilar y en el último piso se construye una casa en la cima del edificio para el propietario.

Figuras mundiales

Desde el famoso Crucero de Los Andes, con un enorme barco en su cima que da la impresión de navegar sobre la ciudad a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar, hasta estructuras inspiradas en personajes de películas, cada cholet cuenta una historia, una fusión entre tradición y modernidad, lo que convierte a El Alto en un lienzo donde la arquitectura se convierte en un medio para expresar la identidad en evolución.

Hay cholets que hacen homenaje a figuras mundiales, como al futbolista argentino Leonel Messi, que todavía es un edificio que está en construcción, o también a figuras de películas, como los Transformes o Los Caballeros del Zodiaco. También hay uno nuevo que tiene un Cristo en la fachada del edificio. O hay otro que tiene la réplica de la estatua de la Libertad.

Detrás de estas construcciones está la burguesía alteña. Los millonarios de El Alto que se dedican a negocios informales, como el comercio de productos desde Chile, que es básicamente el contrabando. También hay quienes se dedican a la construcción.

Pero también están los transportistas y mineros que demuestran su riqueza, generan más dinero con los edificios y aseguran una cómoda jubilación.

Uno de los más visitados es el Crucero de Los Andes o también conocido como el Titanic andino, propiedad de Víctor Choque, un comerciante alteño, que se alza como una obra maestra de siete niveles, con un salón de fiestas exuberante y un hotel que refleja la riqueza cultural de Tiwanaku.

Pero los cholets también han generado un movimiento turístico en la ciudad de El Alto. Los tours ofrecidos para visitar los cholets varían en precios, oscilan entre 150 y 800 bolivianos, dependiendo de los paquetes seleccionados. Estos suelen incluir transporte privado, un recuerdo andino, acceso a los cholets, un refrigerio y la compañía de un guía de turismo certificado. Estos atractivos constituyen un impulso para la promoción turística de la ciudad.

El enfoque de estas visitas turísticas es sumergirse en la historiografía que abarca desde la evolución de las simples casas de adobe hasta la majestuosidad de los palacios aymaras, explorando diferentes temas, como antropología, sociología, economía, historia, arquitectura y cosmovisión andina. Esta experiencia busca proporcionar una comprensión integral del fenómeno de los cholets en la ciudad de El Alto.

Las cifras detrás de los cholets no son tan públicas. Los dueños prefieren no darlas a conocer por temas de seguridad, pero según expertos un cholet mediano puede llegar a costar un millón de dólares y uno muy grande -que son unos diez pisos- puede costar hasta tres millones de dólares. Los dueños invierten todo ese dinero con la esperanza de recuperarlo en los alquileres de salones de fiestas o de departamentos.

Así, El Alto crece año tras año ahora con una nueva tendencia.

EL DEBER

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