El insólito éxito de «Sonido de Libertad», que trata sobre el tráfico de menores, abre otra guerra cultural en EEUU

Con películas de superhéroes, adaptaciones de videojuegos y un bombardeo de secuelas y críticas, Hollywood se preparaba para otro año decepcionante, hasta que un inesperado filme de suspenso sobre el tráfico de menores puso patas arriba las expectativas de la industria.

El sorpresivo éxito del verano boreal, «Sonido de Libertad», lleva recaudados a la fecha 85,5 millones de dólares en las salas de América del Norte en apenas dos semanas desde su estreno, aproximadamente seis veces su presupuesto -de 14,5 millones de dólares-.

El fin de semana pasado superó cómodamente a grandes éxitos de taquilla como «Indiana Jones y el llamado del destino», la nueva película de la famosa saga de aventuras. 

Con su fascinante versión de la verdadera historia de un ex agente gubernamental que rescata niños de las garras de criminales colombianos que operan una red de explotación, se pensaría que se trata de ese tipo de película que todo el mundo podría dejar atrás.

Pero así es Estados Unidos, un lugar en donde «guerras culturales» por el uso de estufas de gas o banderas del Orgullo (Gay Pride, hoy del colectivo LGBTQ) pueden acabar con amistades. Un país en el cual la mitad puede considerar como un «mal encarnado» una película que la otra mitad adora. 

Los conservadores se han deshecho en elogios hacia «Sonido de Libertad» por dirigirse a un sector trabajador estadounidense que, según ellos, ha sido desairado por las élites de Hollywood.

El Deber

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