El meteorólogo castellonense, doctor en Geografía y miembro de l’Associació Valenciana de Meteorologia, advierte: «Los valencianos sabemos de esto, vivimos con ello y no es una cosa del futuro. Es algo de siempre. Sabemos que dos veces por siglo, el Júcar se desmadra por completo»
Cómo le explicaría a alguien que no tenga ni idea de meteorología lo que ha ocurrido en las últimas horas en Valencia?
Meteorológicamente, y en rasgos generales, era una situación bien definida y prevista: una depresión aislada en niveles altos. Es decir, una DANA. El martes, a partir de la medianoche, estaba posicionada sobre la zona de Gibraltar y conforme fue aproximándose aumentó su potencial. En paralelo se produjo un centro de bajas presiones en superficie en el mar, en el Mediterráneo, al sur de la Comunidad Valenciana, en el mar de Argelia y el Cabo de Palos. Una depresión que se profundizó mucho y que originó por eso unos vientos de Levante y persistentes y muy fuertes que fueron el combustible que alimentó el proceso. A partir de aquí se empezaron a generar sistemas de tormentas en las proximidades de Alzira, que se alinearon de una forma desafortunada a lo largo de las cuencas de una serie de cauces fluviales. Primero el Río Magro, luego lo que se llama el barranco del Poyo o barranco de Chiva y finalmente sobre el Turia. Sucesivamente y de forma lenta se fueron cubriendo las tres cuencas y descargando precipitaciones de intensidad torrencial y de una forma prolongada. Es lo que llamamos trenes convectivos.
¿Son como vagones de un tren?
Sí. La imagen es muy gráfica. Tú imagínate un tren en el que cada vagón es una tormenta y que van circulando uno detrás de otro. Una tormenta detrás de otra machacando sobre los mismos sitios. Esto produce acumulaciones de agua muy notables en muy poco tiempo. Normalmente hablamos de intensidad torrencial cuando se supera los 60 litros por metro cuadrado y hora. Ayer hubo momentos en los que se llegó a los 100 litros por metro cuadrado en una hora.
En Chiva hubo registros de hasta 160…
Las intensidades máximas que hay registradas y homologadas pueden llegar a ser del entorno de los 140 o 150 litros, por metro cuadrado y hora, pero sí es posible que en algún momento estuvieran en ese orden.
La Aemet habla ya de la peor gota frío del siglo.
Bueno, hablamos del siglo XXI… Llevamos sólo 24 años. Las lluvias más abundantes en tiempos recientes fueron las de octubre de 2000, que cayó más agua que ayer. Lo que pasa es que fue de una forma más distribuida, menos concentrada. El gran problema que hemos tenido esta vez ha sido que las lluvias han tenido una gran concentración y se han ceñido mucho a cuencas hidrográficas concretas. Los problemas se han focalizado en áreas muy reducidas, pero han afectado de una forma mucho más acusada.
¿Se podía prever que ocurriera algo así?
Vamos a ver, esta era una ventana del calendario, que viene a ser desde finales de septiembre hasta mediados de noviembre. Estamos en esa época. No es la época en que el mar está más caliente. El mar en nuestro entorno estará ahora a 21 grados y medio, lejos de los 28 grados y más que ha tenido en pleno verano. Pero sí es la época más propicia para que estos episodios sean eficientes: la situación atmosférica propicia más que se desarrollen estos sistemas, la temperatura es lo suficientemente elevada y, además, esta menor explosividad de la temperatura facilita que los sistemas entren más hacia el interior. Si entran al interior generan muchos más problemas que si se ciñen a la costa porque se vehiculan a través de las cuencas fluviales.
¿Vamos a tener que acostumbrarnos a sufrir este tipo de episodios ocurran con mayor frecuencia?
En la cultura mediterránea, la cultura valenciana, sabemos que esto sucede. Estos fenómenos suceden y hay que tenerlos en la memoria. En Valencia hemos sufrido la gran riada del Turia del año 1957, que cambió la historia de la ciudad. Y tuvimos la pantanada de Tous del año 82 como referente. Objetivamente, este episodio ha sido inferior a aquellos a nivel de precipitaciones. Lo que pasa es que, a nivel de impacto global, este episodio puede ser peor. Sobre todo por las muertes, que es lo más doloroso. Lo que debemos asumir es que tenemos que convivir con ellos. Los grandes episodios a veces se pierden en la memoria, pero hay que tenerlos en cuenta siempre. Esto siempre puede volver a suceder.

«Si el calentamiento le ha añadido o no un grado de adversidad a la DANA nos lo tendrán que decir los estudios a partir de ahora»
¿En qué se diferencia esta DANA de la riada del 57 o de la pantanada de Tous?
La lluvia total ha sido inferior. En el episodio de Tous, los máximos de lluvia estuvieron en el entorno de los 900 litros por metro cuadrado. En el episodio de Valencia, aunque no hay medidas fiables, es fácil que se alcanzaran los 700 litros. El agua total vehicular ha sido en este caso menor. En aquellos casos fue tremendo. La historia de Valencia ha cambiado después de la riada del 57 y el estadio del Júcar ha cambiado después de la pantanada de Tous. Esta vez ha sido una situación breve, de muy pocas horas, que ha concentrado la lluvia en sectores muy concretos de estas cuencas y muy vinculado a vías de comunicación. El que haya afectado tanto a tantas carreteras y autopistas y a zonas muy densamente pobladas aguas abajo ha multiplicado el efecto. Pero las lluvias máximas en este episodio, siendo enormes, han sido inferiores a aquellas. Esto está, entre comillas, en nuestra normalidad climática. Hay que aceptar que de tanto en tanto nos suceden estas barbaridades.
¿Volverán a ocurrir entonces?
Por supuesto. Esto forma parte de nuestro clima. Los grandes episodios en el Júcar tienen una recurrencia de década en décadas y podemos tener unos dos episodios enormes, de este orden, por siglo.
¿Esto es culpa del cambio climático?
Ahora estamos a vueltas con que si esto está vinculado o no al cambio climático, pero eso depende de los estudios de atribución que se tendrán que hacer a partir de ahora por parte de los expertos. Lo que hay que tener en cuenta es que no es necesario el calentamiento global para que se produzcan estos episodios. Se han producido episodios gigantescos, superiores a este, por ejemplo, en 1864, en 1957 o en 1982, en épocas que no teníamos el calentamiento presente. Cuando se dan las condiciones ideales, estos episodios se pueden producir sin necesidad de recurrir al calentamiento global. Si el calentamiento le ha añadido un grado de adversidad nos lo tendrán que decir los estudios a partir de ahora.
Jorge Olcina, ex presidente de la Asociación de Geógrafos Españoles, ha advertido de que estos van a ser los fenómenos meteorológicos más peligrosos que va a haber en nuestro país, nuestro equivalente a los huracanes tropicales
Bueno, los valencianos sabemos de esto. Vivimos con ello y no es una cosa del futuro. Es algo de siempre. Sabemos que dos veces por siglo, el Júcar se desmadra por completo. Cuenta la leyenda que el nombre del río Júcar significa «devastador» en árabe y tiene esa fama. Y El Turia, tres cuartos de lo mismo. Tras la riada de 1957, se hizo una obra enorme para desviar el cauce y sacar el río completamente fuera de la ciudad de Valencia. Y ésta es la primera vez desde que se puso en marcha en torno al año 80 en la que el cauce nuevo ha funcionado.
¿Ha salvado el nuevo cauce a Valencia?
Con un caudal que ha podido oscilar entre los 1.200 y los 2.000 metros cúbicos por segundo, si eso hubiera circulado por dentro de la ciudad, Valencia habría estado muy al límite. Esta es la primera vez que el cauce nuevo del Turia parece que ha aprobado su cometido.
¿Esa desviación ha podido agravar el impacto del agua en otros puntos de la provincia?
No. Las inundaciones que ha habido justo al sur del cauce venían de otro barranco, del barranco de Chiva, que ha desbordado a lo largo de kilómetros hasta llegar justo al margen del cauce nuevo. Me consta que ha habido inundaciones en Quart de Poblet y en Xirivella, que están junto al cauce nuevo, pero, aunque esto no te lo puedo garantizar, me da la impresión de que el origen no está en el cauce del Turia, sino en los dos barrancos que se han desbordado.
¿Y la sociedad? ¿Cree que somos realmente conscientes del peligro al que nos enfrentamos?
No parece. Pensamos que aunque se emitan alertas podemos hacer vida normal, como si no pasara nada y no es así. Esto nos da una muestra de nuestra fragilidad y nos obliga a tener conciencia de que la naturaleza es más potente que nosotros.

