Masacre de Senkata

Áñez al banquillo por la masacre de Senkata: “Dos fallecidos por arma calibre 9 mm, uno por 5,56, dos por 22 y los otros cadáveres con orificios de entrada y de salida”

La justicia boliviana decidirá este martes si la ex presidenta de facto Jeanine Áñez será procesada por la vía ordinaria o en un juicio de responsabilidades por la muerte de una decena de civiles desarmados en la ciudad de El Alto durante la crisis de 2019. El ministro de Justicia, Iván Lima, señaló en su momento que un magistrado de una corte de El Alto “ha contestado” la solicitud de esa cartera de Estado y definió una audiencia para tratar la competencia del caso por la masacre de Senkata. “Esperamos que el día martes (…) se tome una decisión definitiva que le dé tranquilidad al pueblo boliviano y a las víctimas, en el marco de un debido proceso”, adelantó la autoridad. El Ministerio Publicó determinó la ampliación del proceso penal contra Áñez por los delitos de genocidio, homicidio y lesiones graves vinculados a la masacre de Senkata, El Alto, que dejó a 10 personas fallecidas por impactos de bala el 19 de noviembre de 2019. Las muertes ocurrieron en el marco del desarrollo de una operación militar y policial autorizada por la presidenta inconstitucional y su primer gabinete. Áñez y sus ministros firmaron el Decreto Supremo 4078, que eximió de eventuales juicios penales las acciones de los militares, que luego de los operativos y sucesivas masacres en los departamentos de La Paz y Cochabamba fue abrogado. La comisión de fiscales que pidió la ampliación del proceso estableció que el 19 de noviembre de 2019 fuerzas de seguridad del Estado ejecutaron el Plan Sebastián Pagador, que consistía en tomar control de la planta estatal de engarrafado de gas licuado y almacenamiento de carburantes ubicada en el barrio de Senkata. Las fuerzas de seguridad del Estado, que habían desplegado vehículos de combate, despacharon sin oposición ciudadana cisternas con combustible que llegaron “a su destino final sin novedad”. “Sin embargo, posterior a la salida del convoy de cisternas, grupos de personas provistas de palos, piedras y petardos agudizaron sus protestas en inmediaciones de la planta, hecho que generó, entre otros, la caída de muros perimetrales colindantes con la carretera La Paz-Oruro”, señala el informe oficial. A raíz de esos hechos, agrega el Ministerio Público, se generó la violenta represión de las fuerzas combinadas contra la población civil desarmada. “Se registró un saldo de 31 personas heridas cuyas lesiones son compatibles por proyectil de arma de fuego y lesiones por elemento confuso perforante, así como 10 personas fallecidas, a causa de impacto por proyectil de arma de fuego”. Los peritos forenses establecieron que dos personas fallecieron por arma calibre 9 mm, un fallecido por calibre 5,56 y dos por calibre 22. “Los restantes cadáveres presentaban orificios de entrada y de salida”. Las muertes ocurrieron, según la comisión de fiscales, “en absoluta violación y desprecio a los estándares internacionales sobre derechos humanos, emitir el inconstitucional e ilegal Decreto Supremo 4078, del 14 de noviembre de 2019, justificando con ello una presunta inestabilidad pública y eximiendo de responsabilidad penal al personal militar”. Gabinete “El decreto de la muerte”, como fue bautizada la norma 4078, fue firmado, además de Jeanine Áñez, por Karen Longaric (canciller), Jerjes Justiniano (ministro de la Presidencia), Arturo Murillo (ministro de Gobierno, con condena en Estados Unidos por lavado de activos), Fernando López (ministro de Defensa), José Luis Parada (ministro de Economía), Álvaro Guzmán (ministro de Energía), Yerko Núñez (ministro de la Presidencia) y Álvaro Coímbra (Ministro de Justicia). La nómina está integrada también por María Elva Pinckert (Ministra de Medio Ambiente y Agua), Mauricio Ordoñez (ministro de Desarrollo Rural y Tierras) y Roxana Lizárraga (ministra de Comunicación). La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que fue la primera entidad en investigar los sucesos, consideró que lo ocurrido en Sacaba, Cochabamba, con 11 muertos,  y Senkata, fueron masacres. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos concluyó, tras la investigación de una misión de observación de tres semanas en el país, que el gobierno de Áñez incurrió en “graves violaciones a los derechos humanos” durante las protestas de noviembre de 2019 en el barrio alteño de Senkata y en Sacaba, Cochabamba. Amnistía Internacional, por su lado, denunció “impunidad” tras el uso “excesivo e innecesario” de fuerzas del Estado contra las protestas que se opusieron a la asunción Áñez a la Presidencia y que dejaron 38 muertos por amas de fuego, la mayoría de ellos en Senkata y Sacaba. Pacificación El 12 de noviembre de 2019, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, William Kaliman, hoy prófugo de la justicia, le imponía la banda presidencial a Jeanine Áñez. “Mi compromiso es devolver la democracia y tranquilidad al país”.Ésas fueron las promesas, con la Biblia en la mano, de Áñez minutos después de asumir el mando de la nación sin que la Asamblea Legislativa aprobara antes la renuncia del presidente y vicepresidente del país, Evo Morales y Álvaro García, un paso que exige la Constitución. Ultra religiosa, cada mañana que llegaba a su despacho en Palacio Quemado, reunía a su círculo de colaboradores más cercanos e invocaba a Dios en sus oraciones. El 15 de noviembre cumplió ese mismo ritual y minutos después recibía y firmaba el “decreto de la muerte”. El documento había sido discutido y redactado un día antes. El artículo 3 de esa norma provocaría el estupor de organizaciones de derechos humanos dentro y fuera del país por estimular la represión violenta: “El personal de las Fuerzas Armadas que participe en los operativos para el restablecimiento del orden interno y estabilidad pública estará exento de responsabilidad penal cuando en cumplimiento de sus funciones constitucionales, actúen en legítima defensa o estado de necesidad”. Mientras los comandantes militares, bajo el respaldo del “decreto de la muerte”, bosquejaban las operaciones de las fuerzas de seguridad del Estado para aplastar las movilizaciones, ese mismo 15 de noviembre en el hall de Palacio Quemado se presentaba Jeanine Áñez a la prensa extranjera como la “presidenta transitoria”. La parlamentaria marginal y poco conocida no mencionó la vigencia del Decreto 4078, pero advirtió a

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Víctimas de las masacres ven avances en sus demandas y levantan medidas

Luego de dos días de diálogo, las víctimas de las masacres de 2019 coincidieron con el Gobierno en que sí existen avances en los compromisos asumidos por el Estado, por lo que acordaron lograr nuevos logros de manera conjunta y por ello decidieron levantar las medidas de presión. “Esta iniciativa ha salido de corazón de nuestras autoridades en la gestión 2021, en la ciudad de La Paz, a nombre de las víctimas este festival de culturas. Damos un agradecimiento de corazón al Presidente, a la Ministra de Culturas por esa iniciativa en favor de las víctimas”, manifestó una de las familiares de las víctimas. El ministro de Justicia, Iván Lima, sostuvo que hay mucho por construir, por lo que informó que se trabaja en la Asamblea Legislativa Plurinacional una ley integral que permita hacer la reparación de los daños ocasionados por las graves violaciones de los derechos humanos a los perseguidos políticos, a los torturados y a todas las personas que han sido afectadas por los hechos luctuosos ocurridos en el país. “Desde el martes, junto con nuestros compañeros de Senkata, Sacaba y Huayllani, se han hecho avances importantes en cuanto al proceso constructivo que venimos desarrollando escuchando a todas las víctimas. La posición del gobierno del presidente Luis Arce es atender prioritariamente todos los pedidos y construir colectivamente algo que para nosotros es fundamental: memoria, verdad y justicia. Las víctimas piden justicia y es por eso que el Ministerio de Justicia está a cargo de llevar la coordinación de todas las actividades”, dijo. En la ocasión, Lima y el viceministro de Descolonización y Despatriarcalización, Pelagio Condori, entregaron Bs 312.555 como aporte solidario a los familiares y víctimas de las masacres y graves violaciones de derechos humanos del golpe de Estado de noviembre de 2019. AVANCES El viceministro de Justicia y Derechos Fundamentales, César Siles, destacó la aprobación consensuada del reglamento del fideicomiso de Bs 8 millones al que podrán acceder los beneficiarios. Además, hasta el 29 de abril de este año, el Ministerio de Educación otorgó 160 becas de estudio en universidades privadas e institutos tecnológicos para los familiares de las víctimas. Se desarrollaron 56 inserciones laborales de heridos y familiares de heridos y fallecidos. Un total de siete casos se encuentran en proceso de incorporación; se hizo el reembolso de gastos médicos para 74 personas heridas, y a través de la Unidad de Apoyo a la Gestión Social se procesó el desembolso de ayuda social humanitaria a favor de los herederos de 34 personas fallecidas y se entregaron 1.350 paquetes de la ayuda social comunitaria. Fuente: Ahora el Pueblo

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Poesía y política ¿un compromiso con la muerte?

Carolina Morón Despellejar los sesos a pura palabra cruda Cuando alguien muere nos decimos estar en duelo, – que palabra enorme- pensé al visitar la apacheta de los 11 compañeros asesinados en la masacre de Huayllani, mientras quien parecía el abuelo de uno de ellos recolectaba las flores viejas y las cambiaba por unas frescas. La palabra duelo me remite a dolor, a dos espadachines y a muerte, en tanto, me remite a tristeza y a combate. Es quizás esta palabra la gran contenedora de esas emociones en tensión , es una palabra que cae hacia un punto específico en el tiempo, a una “etapa de la vida” y aunque ahí donde punza es donde más duele, también el dolor demora, dilata, se escabulle y se es durante toda la vida de una y durante todas las vidas de muchxs. Los duelos se heredan, viven en la piel, en las venas, en los pies, en los ojos aguados que se hacen cascadas que a chorros incontenibles salen corriendo a invadir y proclamarse como tal, como duelo vivo, duelo latente. Doler entonces es memoria y es combate, refugio y ataque. ¿Cómo es el duelo que se va de nuestra mirada próxima y hasta de nuestra experiencia, pero que se instala en el pecho angustiado? Hay muchas maneras de contar nuestra historia, sin duda la más estremecedora es la que se cuenta desde la muerte, pues es entonces que la fragilidad humana de los libros se hace carne. Detenerse a pensar la historia desde los cuerpos arrebatados y demorarse en ese pensamiento es un homenaje, hablar de las ausencias sigue siendo ese tabú que convierte a las vidas arrebatadas en olvido, por tanto el acto de demorar el entendimiento y respirar las ausencias son actos de resistencia ante la historia hegemónica que escribe precoz los complejos caminos trazados como si fueran una línea recta y simplona, la tendencia de esta historia hegemónica es precisa y selectiva en lo que le conviene, tiene el poder de administrar las palabras, de sabotear nuestras subjetividades mediante las mismas y así hablar poco o nada de los tramos e intersecciones oscuras en el caminar de nuestra historia profunda, aquellas llenas de duelos desprevenidos y tristezas rabiosas, maestras de todos y todas nosotras, los tramos donde la verdad abunda. Lo que nos enmarca en un duelo colectivo e histórico son las masacres a nuestros pueblos. El término masacre se define de varios modos, entre ellos destaca el del diccionario de uso español “matanza salvaje de personas” un homicidio masivo premeditado y detonado por un gran desprecio a la vida humana. El historiador José Emilio Burucúa, nos explica que en la antigüedad “la masacre aparece como un derecho del monarca, porque el monarca construye su poder a partir de eso” lo que nos abre hacia la discusión en el presente del ¿por qué siguen sucediendo las masacres? ¿Qué pasa cuando demoramos nuestro entendimiento en ellas, las masacres? ¿Cómo generar espacios de pensamiento en el horror y la tristeza que traen consigo? Quizás la poesía es esa generadora de espacios. El sentimiento de responsabilidad de quienes aún estamos en vida se traduce en intentos de honrar, deshilar, volver a mirar, seguir doliendo esos momentos marcados por la violencia bélica desmedida. Cada una de las formas en las que se manifiesta el duelo es un clamor por justicia y el encuentro de un presente sensible que toma de la mano a un pasado espeso. San Juan, Tolata, Epizana, Villa Tunari, Huayllani, Senkata, todas masacres desgarradoras, políticas y sistemáticas, con un fondo capitalista dominante compartido donde los asesinadxs son los mismos hermanos y hermanas de siempre. ¿No tendría el tiempo que dotarnos de las agallas para nombrar la muerte y así fortalecer la trinchera en contra el “olvido y perdón”? La muerte no es solo de quien se va, sino de quien se queda, La muerte no se disimula, se la traga entera y de golpe. No es igual la incertidumbre del que muere accidentado a la certeza de quien muere envuelto en balas con rostro, esa es la muerte arrebatada, despojada, arrancada, calculada. Escribir a la muerte arrebatada es escribir a los cuerpos situados en un contexto, territorio y tiempo concreto, con una historia y experiencia específica, es escribir entre las tensiones de la política y el dolor desde el registro sensible de los hechos. La muerte y las ausencias son temas que siempre vuelven en el mundo de la poesía, pero ¿qué y cómo es hablar de la muerte desde la poesía en este tiempo? Cuando un cuerpo se ausenta las palabras se quiebran y estallan, empiezan a hacer lo que pueden para dar cierto orden y sentido a una cascada imparable de emociones. ¡Los han matado! era el murmullo que empezaba como un fantasma y que de golpe se hacía tangible en noviembre de 2019, son más de 2 años desde que la violencia de Estado en su explícita cúspide se expresada con montones de militares armados, en tanques y helicópteros disparando al pueblo boliviano. Con registros, informes, testimonios sobre estos hechos ¿Cómo es posible, que a día de hoy, tantxs actúen como si no hubiera pasado nada? Cada momento de escritura para y por los ausentes de las masacres de nuestra historia es un repensar cuánto deseo que no existieran las razones para hacerlo, sin embargo razones sobran. Los desmemoriados atrevidos son una de ellas, gran ejemplo los artistas que se autonombran apolíticos pero que en sus acciones siembran discursos y dispositivos de odio y olvido, anteponiendo así el ego frágil de artista de élite que no es más que el ímpetu de irresponsabilidad que los conduce a vivir aplaudiendo militares en lugar de acompañar el dolor del pueblo. Poco se habla del arte de tinte liberal y su peligrosa incidencia en la subjetividad e imaginario colectivo, y tristemente también es poco lo que se habla del impacto de la muerte en el colectivo, todo lo que viene después del arrebato, todas las emociones que se

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