Los fiscales federales dijeron el lunes que un funcionario jubilado del Departamento de Estado trabajó durante décadas como agente secreto para Cuba y que se le oyó referirse a Estados Unidos como “el enemigo”, una filtración de información de inteligencia que no había sido revelada previamente y que tiene implicaciones potencialmente significativas para la seguridad diplomática y nacional. En una querella criminal presentada ante un tribunal federal de Miami, los fiscales afirmaron que el diplomático, Manuel Rocha, había ayudado en secreto a la “misión clandestina de recolección de información de Cuba contra Estados Unidos” al menos desde 1981, mientras ascendía en el Departamento de Estado y trabajaba brevemente en un alto cargo de la Casa Blanca. Según los fiscales, parece que Rocha, de 73 años, se reunió con miembros de la agencia de espionaje de Cuba en una fecha tan reciente como 2017 y se jactaba de haber pasado 40 años espiando en nombre del gobierno comunista de La Habana y de haber “fortalecido la revolución”. Durante más de dos décadas, Rocha trabajó en asuntos relacionados con América Latina en una serie de funciones en el Departamento de Estado bajo los presidentes Bill Clinton y George W. Bush, incluido un periodo como embajador en Bolivia de 2000 a 2002. Nacido en Colombia y criado en Nueva York, Rocha fue asesor del mando militar estadounidense que incluye la región de Cuba de 2006 a 2012. La denuncia acusa a Rocha de actuar como agente ilegal de un gobierno extranjero y de otros dos delitos, pero los fiscales dijeron que la investigación estaba en curso y podría originar cargos más graves. El caso ha provocado una evaluación interna para determinar qué secretos podrían haberse revelado y ha suscitado serias dudas sobre la eficacia de los programas de contraespionaje creados para descubrir espías, dijeron altos funcionarios. “Esta acción pone al descubierto una de las infiltraciones de mayor alcance y duración en el gobierno de Estados Unidos por parte de un agente extranjero”, declaró el lunes el fiscal general, Merrick Garland, en un encuentro con la prensa en Washington. Dijo que Rocha había “buscado un empleo en el gobierno estadounidense que le proporcionara acceso a información no pública y la capacidad de influir en la política exterior de Estados Unidos”. John Feeley, exdiplomático de carrera que trabajó junto a Rocha hace décadas, dijo que el caso podría estar entre las peores filtraciones de inteligencia de la historia reciente. Desde hace tiempo, el servicio de inteligencia de Cuba mantiene vínculos estrechos con las agencias de seguridad de los adversarios de Estados Unidos, incluida Rusia. “Manuel tenía literalmente las llaves del reino”, dijo Feeley, cuyo último cargo en el gobierno fue el de embajador en Panamá. “Si tenía que ver con Cuba, él lo veía”. La detención de Rocha el viernes fue publicada por primera vez por The Associated Press. Rompió a llorar y vio en silencio cómo su familia abandonaba la sala durante su comparecencia inicial en el tribunal federal de Miami el lunes. Un fiscal indicó que pronto podrían presentarse más cargos ante un gran jurado, y el magistrado del caso programó una audiencia de detención para el miércoles. Su comportamiento lúgubre contrastaba con el del diplomático locuaz, encantador y elegante que recuerdan sus antiguos colegas, y con el del férreo agente doble que describen los archivos del gobierno. La denuncia no entraba en detalles sobre cómo podía haber influido Rocha en la política estadounidense, qué información podía haber enviado a Cuba o durante cuánto tiempo lo había investigado el gobierno. Pero describía tres reuniones celebradas aproximadamente durante el último año entre Rocha y un agente encubierto del FBI que Rocha creía que era un representante de la Dirección de Inteligencia, la agencia cubana de espionaje. Varias veces durante esas reuniones, Rocha habló de trabajar en interés de esa agencia y se refirió a Estados Unidos como el “enemigo”, según una declaración jurada presentada ante el tribunal por Michael Haley, agente especial del FBI en Miami. Se le citó diciendo que “lo que hemos hecho” era “enorme” y “más que un jonrón”, aunque la declaración jurada no especificaba a qué se refería. Las conversaciones fueron en español y el FBI las tradujo. Según sus amigos, Rocha abrazó el socialismo en su juventud pero a lo largo de los años parecía haberse convertido en un conservador anti-La Habana a instancias, posiblemente, de las personas que lo gestionaban, según sugirieron las autoridades federales, para evitar sospechas de que simpatizaba con su causa. En una reunión celebrada en noviembre con el agente encubierto, Rocha dijo que había recibido instrucciones de la agencia de espionaje de Cuba de “llevar una vida normal” y que había creado la personalidad de una persona “de derecha” para evitar que se descubriera su trabajo como espía, según la declaración jurada. “Todo el tiempo se presentó como un tipo de derecha”, dijo Eduardo Gamarra, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Florida, quien conoce a Rocha desde la década de 1980. “Se hizo cada vez más trumpista”. Rocha estudió en Yale y se licenció en Harvard y Georgetown en la década de 1970. Comenzó su carrera como funcionario encargado de Honduras en el Departamento de Estado en 1981, más o menos cuando, según los fiscales, empezó a trabajar para Cuba. A lo largo de los años, ocupó una amplia serie de puestos diplomáticos en la República Dominicana, Italia, Argentina y Cuba, y fue director de asuntos interamericanos del Consejo de Seguridad Nacional durante un año a partir de julio de 1994, según su biografía oficial del Departamento de Estado. Rocha desempeñó un alto cargo en la misión diplomática estadounidense en La Habana durante uno de los momentos más tensos de las relaciones bilaterales en las últimas décadas: el derribo por Cuba de dos aviones civiles estadounidenses operados por exiliados anticastristas en 1996. En ese momento, el gobierno cubano tenía gran interés en saber cómo podría responder Estados Unidos a un ataque contra el grupo que pilotaba los aviones, Hermanos al Rescate. El escuadrón, con base en Miami, sobrevolaba el estrecho de Florida en busca de emigrantes cubanos a bordo de balsas y, en ocasiones, entraba en el espacio aéreo cubano para lanzar panfletos antigubernamentales sobre La Habana. Años más tarde, Rocha fue nombrado embajador en Bolivia durante otro periodo tenso, la contienda presidencial de 2002, en la que participó Evo Morales, un candidato indígena antiestadounidense que adquirió prominencia como líder de un sindicato de cultivadores de coca. Morales perdió esa contienda, pero fue elegido presidente en 2005. Poco antes de la votación de 2002, Rocha advirtió públicamente que elegir a Morales empeoraría las relaciones con Estados Unidos. “Quiero recordarle al electorado boliviano que si elige a los que quieren que Bolivia vuelva a ser un exportador de cocaína pondrá en peligro