Teherán, Irán – El Parlamento de Irán ha aprobado una medida para cerrar el Estrecho de Ormuz, un punto marítimo vital por el que transita el 20% del crudo mundial, tras los ataques de Estados Unidos a tres de sus instalaciones nucleares. Esta decisión, que aún requiere el aval del máximo órgano de seguridad del país, se produce en un contexto de escalada de enfrentamientos en Oriente Medio tras la unión de EE.UU. a la ofensiva de Israel.
Los mercados energéticos ya han sentido el impacto del primer intercambio de bombardeos entre Israel e Irán, con subidas en el precio del petróleo. La posibilidad del cierre de Ormuz agrava la preocupación, dado que este estrecho, entre Omán e Irán, conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar de Arabia, permitiendo el paso de enormes buques petroleros y metaneros.
Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), en el primer trimestre de 2025, un promedio de 20.1 millones de barriles de petróleo diarios, casi el 20% del consumo mundial, pasaron por el estrecho. La EIA ha advertido que «existen muy pocas alternativas para trasladar el crudo fuera del estrecho si se cierra», lo que podría generar retrasos en el suministro y aumentar los precios energéticos globales.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, solicitó a China que interceda para evitar el cierre del estrecho, destacando la fuerte dependencia del país asiático del petróleo que transita por esta vía. Rubio calificó un posible cierre como «otro terrible error» y un «suicidio económico» que afectaría más a otras economías que a la estadounidense.
Aunque el cierre afectaría el 20% del comercio mundial de crudo, Estados Unidos y Europa verían consecuencias directas e inmediatas limitadas, ya que redujeron su dependencia del estrecho. China, India, Corea del Sur y Japón son los principales destinos del petróleo que transita por Ormuz. China, en particular, ha incrementado significativamente su recepción de petróleo a través de este canal.
Los principales países productores que sentirían el impacto serían Arabia Saudí, Iraq, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y la propia Irán. A pesar de la menor dependencia de EE.UU. y Europa, un cierre prolongado del estrecho tensionaría el mercado global y subiría los precios, incluso con la actual oferta de petróleo.
El Estrecho de Ormuz también es un punto de tránsito para el gas natural licuado (GNL), por el que en 2023 pasó una quinta parte del GNL mundial. Aunque las reservas europeas de gas están al 55.4%, y España en particular no depende en exceso del GNL que pasa por este estrecho, un cierre podría generar volatilidad e incertidumbre en el mercado.
Fuente: El mundo ES

