Científico, divulgador y poeta, el astrobiólogo español lleva años haciéndose las grandes preguntas sobre el origen de la vida en la Tierra y la existencia de otras vidas en el universo. Y tal como dice en su cuenta de Twitter, «Ciencia para entender el mundo, poesía para nombrarlo. Y, siempre, la duda», le interesa y apasiona hacerlo a través de la «tercera cultura», esa conexión entre la ciencia, las humanidades y las artes. Con su equipo, desarrolla investigaciones sobre las primeras moléculas biológicas que pudieron transmitir información genética y desarrolla biosensores capaces de detectar moléculas relacionadas con la presencia de vida, sea donde sea. Briones -que trabaja en el Laboratorio de Evolución Molecularen el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) en España asociado al Instituto de Astrobiología de la NASA-participa esta semana en el Hay Festival de Querétaro, México, donde conversará sobre su último libro: «¿Estamos solos?: en busca de otras vidas en el cosmos». Has dicho que si existiera vida inteligente extraterrestre, no estaría dentro del sistema solar, ¿por qué? Porque se han visitado ya todos los planetas y los principales satélites del sistema solar. Y hemos encontrado mundos con una gran geología y una química fascinantes, pero ninguno de ellos ha dado ninguna muestra de que haya una estructura o una emisión de señales, ni nada que nos diga que puede haber vida inteligente dentro del sistema solar. Si existe vida inteligente fuera de nuestro planeta hay que asumir que estaría en planetas extrasolares, es decir, fuera de nuestro vecindario cósmico. Hoy sabemos, por ejemplo, que existen más de 5.000 planetas extrasolares caracterizados, pero asumimos que debe haber un número como de un 1 seguido de 23 ceros. Ese número es tan inmenso que si existe vida inteligente en otros planetas, ¿cómo la podríamos detectar? La podríamos detectar por emisiones de radio. Si hay vidas inteligentes, habrán tenido a lo mejor una evolución cultural parecida a la nuestra, y podrán enviar o recibir ondas de radio, es decir, podrán enviarnos mensajes y recibir nuestros mensajes. Pero si evolucionaron de una manera distinta a la nuestra, no necesariamente tendrían que ser capaces de comunicarse a través de ondas de radio… Si no han desarrollado ondas de radio, teniendo en cuenta lo lejos que están, es imposible que nos comuniquemos con ellos, aunque el universo esté lleno de vida. Eso suena un poco decepcionante, ¿verdad? Puede ser que en torno a algunas estrellas -como las que vemos cuando miramos la noche estrellada- haya planetas y que en esos planetas haya vida, pero que seamos incapaces de detectarla. Eso también quiere decir que a nosotros no nos podría haber detectado nadie antes de principios del siglo XX, que fue cuando se desarrolló la radio. Y fíjate que sí éramos inteligentes en el Renacimiento o en la Grecia clásica, pero no habíamos desarrollado la tecnología para que nos detectaran desde fuera. ¿Por qué tienen que ser ondas de radio, no hay otras maneras de comunicarnos con vidas inteligentes? Porque como están tan lejos, no podemos ver estructuras construidas por seres inteligentes. No hay ningún telescopio ni va a haber nunca ningún telescopio con una resolución suficiente como para ver esas estructuras. Fuera del sistema solar, el planeta conocido más cercano, Próxima b, está a 4,2 años luz de la Tierra. Entonces, ¿qué nos llega desde ese planeta, cómo descubrimos que existe? Nos llega radiación, nos llegan ondas que pueden ser luminosas en el espectro visible u otras ondas en el espectro de radiación electromagnética. A mediados de los 70, científicos creyeron haber encontrado una señal de vida inteligente, pero esa esperanza pronto se desvaneció… Sí, se encontró una señal llamada WOW, que es lo que anotó el observador estadounidense Jerry Ehman cuando la detectó. Pensaba que en esa señal había alguna implicación de seres inteligentes. Pero luego se vio que se trataba probablemente del reflejo en un trozo de basura espacial de una onda de radio producida en la Tierra. Así que hasta ahora, hemos mandado e intentado recibir señales de radio, pero no hemos tenido ninguna buena noticia en ese sentido. Hasta ahora, estamos solos en el universo. ¿Dónde es lo más lejos que hemos llegado en el espacio? Con instrumentos construidos por los humanos, las sondas Voyager 1 y Voyager 2 son las que más lejos han llegado y que abandonaron ya el sistema solar. Están viajando por el espacio fuera de este entorno planetario y han hecho un trabajo excelente. ¿Qué podemos ver? Con el telescopio James Webb podemos ver la luz emitida por las primeras galaxias que se formaron, muy cerca del origen del universo, hace unos 13.000 millones de años. Y lo más lejos que hemos podido llegar físicamente los humanos es la Luna y pronto volveremos a ella con el programa Artemis de la NASA. Quizás en un año aproximadamente. ¿Y hasta dónde hemos llegado en la investigación sobre el origen de la vida, que es clave para encontrar vida en otros planetas? Lo que había en el origen de nuestro planeta era geología y química. Había moléculas cada vez más complejas que van formando sistemas capaces de autorreproducirse y evolucionar, es decir, seres vivos. Si los humanos evolucionamos a partir de unas moléculas que lograron autoreproducirse, ¿Cuándo ocurrió eso? No podemos saber exactamente cuándo pasó, pero asumimos, que si nuestro planeta tiene unos 4.500 millones de años, la vida surgió unos 700 millones de años después, es decir, hace unos 3.800 millones de años, cuando se dieron las características para que surgiera. Hablamos de la vida entendida como un sistema de moléculas capaz de copiarse y de reproducirse. Eso estaría en las raíces del tronco común que tenemos todos los seres vivos, que está en la metáfora del árbol de la vida. En ese árbol tenemos un tronco del que salen primero dos ramas, luego tres, luego muchas. Consideramos que puede haber unos 600 millones de ramas, es decir, de especies. De ahí viene entonces la idea de LUCA, el antepasado universal de todos los seres vivientes en nuestro planeta… Después de producirse una