Periodista, ensayista, experto en comunicación, protagonista y analista de la política mundial, su apellido perfectamente podría escribirse con be larga. Roberto Savio, fundador de la agencia Inter Press Service en los años ’60, nació y vive en Roma. De visita en la Argentina, dialogó con Y ahora qué? Sobre Milei, Trump, Meloni, el miedo, la codicia, los años ’80, la crisis de 2008-2009 y los escenarios posibles para cuando las políticas actuales fracasen. “América latina se encuentra frente a tres tipos de tendencias diferentes”, dice Roberto Savio, y de inmediato señala que una de esas tendencias es la integración. Sin embargo, “hoy parece que no puede haber mayor integración por ejemplo entre la Argentina y Brasil, donde la gente ni se habla”. Es obvio que este periodista y ensayista de 90 años, fundador de Inter Press Service, no se refiere a la invasión de turistas argentinos sino a la falta de entendimiento en el máximo nivel del Estado. Savio ha venido de Roma para dar conferencias aquí y en Chile. Es mediodía en el bar del Hotel Claridge. No pide un café como su interlocutor sino lo que corresponde a las 12: un vermouth. La camarera le pregunta cuál. “Un vermouth”, responde. “¿Martini?”, pregunta ella. “Claro”, dice Savio como si ésa fuera la respuesta correcta. Martini servido, y sigue el diálogo sobre los escenarios que tiene delante América latina. –A nivel de presidentes, Javier Milei incluso no hizo ningún viaje bilateral ni a Brasil ni a ningún otro país sudamericano. –Y no tiene ningún interés de hacerlo, por lo que veo. Él está convencido de que es parte del Norte. Como cuando antes algunos decían: “Tercer Mundo es una expresión que usa Perón, y por lo tanto es una expresión de izquierda”. Yo les contestaba que era una descripción técnica, sin connotación política. Bueno, Milei hace lo mismo. Mira al mundo como el campeón de un Occidente que está en un declive total. Cree que ese declive será cambiado radicalmente por la alianza internacional que están creando Donald Trump y Víktor Orban. –Usted me estaba hablando de la integración regional. –Está totalmente parada, y no hay ninguna luz que se vea. Por eso dije que es el primer elemento de incertidumbre. Es el peor momento en materia de integración que yo recuerde. –¿El segundo elemento cuál sería? –La posición de América latina en la geopolítica internacional. El peso se está desplazando hacia Oriente, y América latina no tiene ninguna visión común de cómo moverse en este contexto. Las relaciones de América latina con Oriente han sido siempre, cuando mucho, bilaterales. Nunca orgánicas. No veo capacidad de que hagan una propuesta. –¿Y la relación con los Brics, Roberto? –Justamente para mí son el tercer elemento de análisis. Son una respuesta importante ante muchos problemas, pero tienen inconvenientes de fondo. Esto se debe a que estamos en un mundo multipolar. En este tipo de mundo las diferencias se acentúan. India y China las tienen. India y Brasil no es que quieren la guerra contra los Estados Unidos, pero sí desean tener mayor peso económico y un reconocimiento también mayor de un nuevo orden internacional. El actual es obviamente injusto. Entre China y Rusia también hay diferencias. Y tenemos el veto de Brasil a la entrada de Venezuela al Brics porque a su vez, pese a las diferencias entre Moscú y Beijing, Venezuela se sumaría a Rusia y China. –¿Todos contra todos incluso en el Brics? –No hay que escandalizarse por las contradicciones entre los países. Pero si los Brics no tienen alguna iniciativa que vaya hacia afuera de ellos mismos, no van a cambiar la geopolítica. Por ejemplo, se verá si pueden encontrar la manera de salirse del Swift y si pueden hallar una moneda de cambio alternativa al dólar. Esos dos elementos harían del Brics un grupo con mayor proyección internacional. Es obvio que habrá entre ellos acuerdos de cooperación económica, porque los intereses comunes también existen. Pero sin esos dos elementos que mencioné estaríamos volviendo a la historia del Movimiento de Países No Alineados, que cuando mucho jugó un papel de distensión pero nunca llegó a ser protagónico. –El 20 de enero asume Donald Trump. –¿Qué debería y podría hacer América latina ante el conflicto que se va a armar con la llegada de Donald Trump al Gobierno? La lógica sería una respuesta común de América latina, para negociar según una estrategia acordada. En bloque. Pero es difícil. Lo más probable es que al final los Estados Unidos lleguen a acuerdos bilaterales con los países de América latina. La lógica de Trump es divide et impera, divide y reinarás. Por esos tres elementos de análisis veo que América latina es una región que no va a jugar un papel central en la situación internacional. Desgraciadamente. –¿Occidente, como tal, es un protagonista? O en todo caso, ¿existe? –Hay un declive inexorable de Occidente. Para decirlo en términos caricaturescos, Occidente hoy es la OTAN. Han logrado que ambas cosas sean sinónimos. Y el concepto de la OTAN arrastra la incapacidad y la falta de voluntad de los Estados Unidos de entender el mundo que cambia. Siguen como hace 50 años. Junto con Israel, son los dos países del mundo que creen tener un destino manifiesto. Y luego, el American dream ya no tiene mucho sentido pero Kamala Harris hizo toda su campaña electoral basada en él. Es todo un mito fundante. –El MAGA quizás también. Hacer América grande otra vez supone que, si hay otra vez, es que antes hubo una primera instancia. –Los Estados Unidos no pueden actualizarse. Y hasta que eso no suceda el mundo seguirá desarrollándose. En China, Vietnam, Indonesia… Allí Occidente no juega ningún papel porque sigue pensando que es el centro de la gobernabilidad internacional. –¿Y hay gobernabilidad internacional? –Había. Se terminó en la década de 1980. –¿Por qué? –Por hechos significativos que la gente olvidó. Por el Consenso de Washington, el Banco Mundial y el Tesoro de los Estados Unidos deciden que hay una política económica que sirve para todo