SUMANDO VOCES Anunciaron que la iban a matar. Lo hicieron. Pese a eso, hasta ahora, nadie entró a la cárcel por el crimen. Pasaron 11 años desde que el cuerpo de Juana Quispe fue encontrado sin vida en el río Orkojahuira de La Paz. La habían ahorcado y habían apagado su voz rebelde. Finalmente, un tribunal de sentencia de La Paz prevé dictar sentencia este 3 de enero de 2024. Eso, si nada se interpone en el camino, como ha venido ocurriendo por más de una década. Juana Quispe era concejala del municipio paceño de Ancoraimes y, pese a haber ganado con amplia mayoría, no podía ejercer el cargo porque los seguidores de Félix Huanca, el alcalde de entonces, no le permitían ingresar a las sesiones. “Le hostigaban, le castigaban, perseguían, pedían su renuncia (…) En varias ocasiones en plena plaza de Ancoraimes la jalonearon, la arrastraron cerca de su niño que estaba cumpliendo 13 años”, rememora Casio Villanueva, el tío de Juana Quispe, quien no se ha dejado ganar por los fiscales, por el miedo ni por el paso del tiempo. “Andaban con palos. Había grupos de mujeres y hombres que le perseguían, le echaban con cemento a la cara, le golpeaban en la plaza, convocaban a su gente allegada, la chicoteaban, uno de los testigos ha dicho que le han dado como a Cristo”, relata Eulogia Tapia, activista del Observatorio para la Exigibilidad de los Derechos de las Mujeres, una institución que empujó el caso durante estos años y que ha acompañado al tío de Juana. Juana Quispe, que estaba viviendo ese acoso despiadado, tenía motivos para creer que la iban a matar, pero no sólo eso, sino que sus rivales se lo habían anunciado más de una vez y ella, a quien quisiera escucharle, le contaba que la iban a matar. “Sabía que la iban a matar. Decía ‘andan diciendo que me va a matar, que me van a matar’, por eso su muerte es una muerte anunciada”, resume Eulogia Tapia. ¿Por qué la querían matar? Juana Quispe era artesana. Fabricaba y vendía zapatos de Cholita en la Garita de Lima, en la zona comercial de La Paz. Sin embargo, el sindicalismo vino a su encuentro, para después encaminarla a la política. Primero fue nombrada secretaria general del sindicato de su comunidad, para luego asumir como dirigente departamental de las mujeres Bartolina Sisa, una organización de base del Movimiento al Socialismo. Más adelante, su comunidad la eligió como candidata a concejala de Ancoraimes, pero el MAS se negó a aceptarla porque en una gestión anterior había sido suplente de un alcalde que fue encarcelado, aunque luego fue liberado sin que se le probaran las acusaciones de corrupción, recapitula Eulogia Tapia. Ante la negativa del MAS, el 2010 Juana Quispe decidió postular por una agrupación ciudadana y ganó la concejalía con amplia mayoría, pero sus rivales políticos no le dejaron ejercer. Para hacer valer sus derechos, ella interpuso un amparo ante la justicia Achacachi, donde le dieron la razón, en medio de una multitud de Ponchos Rojos que la amenazaban de muerte, por lo que la juez tuvo que resguardar a la concejala hasta que sus enemigos se dispersaron. Sin embargo, los concejales del MAS se negaron a acatar la orden, por lo que Juana Quispe inició un juicio por desacato en la justicia de La Paz, que también salió a su favor, pero faltaba una audiencia conclusiva donde se leería la sentencia, con lo que sus acosadores podrían ir a la cárcel. Faltando tres días para esa audiencia, Juana Quispe fue asesinada. ¿Qué ocurrió el 12 de marzo de 2012? Aquel 12 de marzo de 2012, el alcalde de Ancoraimes, Félix Huanca, la concejala Juana Quispe y los demás ediles asistieron a una marcha en apoyo a dos periodistas asesinados en El Alto y participaron de los actos del Día del Acullicu. Sus rivales “le invitan a almorzar, está con ellos hasta las 5 de la tarde y a esa hora contesta por última vez su teléfono. Al día siguiente su cuerpo aparece en el río Orkojahuira”, relata la abogada Lira. Los acusados y ahora enjuiciados son Felix Huanca, exalcalde de Ancoraimes; Pastor Cutile, expresidente del Concejo; Basilia Ramos, secretaria del Concejo; y Exalta Arismendi, que era allegada de Juana Quispe, pero que luego se supo que era conocida de los acusados y que habría actuado como intermediaria. “Un día después de la muerte, era la audiencia conclusiva de Pastor Cutile y Basilia Ramos, es decir que el beneficio del asesinato lo disfrutaron directamente Pastor Cutile, Basilia Ramos y Félix Huanca, porque estando ella sin vida ya no iban a seguir los procesos y tampoco iba a haber fiscalización”, sostiene la jurista Lira. Desde la muerte de Juana Quispe se ha iniciado un tortuoso camino en busca de justicia, que ha tropezado principalmente por la Fiscalía, según relatan Lira, Tapia y Villanueva. “Lamentablemente, en este proceso es la Fiscalía la que ha perjudicado el curso del proceso y no así el Órgano Judicial, con negativas, con imposibilidades. Hubo rechazos de la denuncia. Tuvimos que apelar, se revocaron esos rechazos. Luego hubo sobreseimientos, tuvimos que apelar hasta lograr que existan las acusaciones”, comenta Lira sobre los los 11 años de litigio. Villanueva grafica la situación diciendo: “en vez de estar persiguiendo a los asesinos, teníamos que pelear con los fiscales que estaban asignados”. En medio de proceso, el caso fue llevado a la CIDH y no faltaron interpelaciones al fiscal general, porque además de activistas, se unieron a la causa varias parlamentarias del oficialismo y de la oposición, para que el asesinato de Juana Quispe no quedara en la impunidad. ¿Cuál es el sustento jurídico del caso? La jurista sostiene que se trata de “un crimen de odio porque la odiaban, un crimen por razones políticas y de género, es decir, sus asesinos no toleraban que siendo mujer y siendo de una agrupación política distinta con la que ganó las elecciones en Ancoraimes tenga tanta influencia, además ella había anunciado que iba a fiscalizar”. La abogada indica que son varias preguntas y respuestas que llevan a la conclusión del delito de asesinato. Primero, si el acusado de ser el autor intelectual odiaba a la víctima, la respuesta es sí, porque había una sistemática campaña de hostigamiento en su contra; la segunda pregunta es si estos acusados la agredieron muchas veces y la respuesta es otra vez sí. Al margen de ellos, Lira se remite a