Opinión

¿Qué diría Marx del Halloween?

Carmen Nuñez Arévalo Cada año vemos las usuales protestas contra el «Halloween». En ellas se juntan dos sectores que no suelen ir de la mano: los antiyanquis – antiimperialistas y los católicos-cristianos; los argumentos de los primeros son que el Halloween es una tradición invasora e impuesta que continúa el constante colonialismo cultural que Estados Unidos ejerce con su imparable industria cultural, que perdemos nuestras propias raíces y tradiciones, aludiendo a las consideradas «típicas» e incluso erróneamente “prehispánicas” de todos santos.Los argumentos de los segundos obviamente hacen alusión al origen pagano e incluso «diabólico» de esas festividades, también en pro de lo que ellos ven como tradiciones propias del catolicismo, otras ramas del cristianismo simplemente lo rechazan sin proponer remplazo.Para la mayoría de la gente no tiene mayor relevancia, es simplemente un día que vas de fiesta y te disfrazas, los niños se divierten pidiendo dulces y se adornan las casas acordemente. Muchas veces tanto los argumentos de unos y de otros suenan a un simple tradicionalismo ciego que busca rechazar todo lo externo o nuevo. Todo aparece como el afán de conservar por conservar, la tradición por la tradición y el rechazo a lo nuevo por nuevo. ¿Por qué estás dos posturas aparecen como prácticamente iguales?Muchas veces es simplemente por cómo se enuncian, suenan igual y muy a menudo no se va al trasfondo de por qué no Halloween o por qué sí a las tanta wawas. Hoy, más allá del dogma y la tradición por la tradición me gustaría aportar a ese debate, desde mi punto de vista no es un tema trivial el de que elegimos festejar y que no ya que esto ira moldeando también como vemos el mundo y que proyecto socio cultural reproducimos.Empecemos aclarando dos puntos, primero, ninguna tradición es buena per se, por venir de nuestros abuelos, por ser indígena, por ser precolombina o católica o simplemente por ser lo que siempre ha hecho «nuestra gente». Es más, muchas tradiciones han servido a lo largo y ancho del mundo para preservar y sostener sistemas opresores, machistas, racistas y clasistas.El segundo punto está vinculado a cómo es que estas tradiciones tienen la capacidad de sostener sistemas enteros y a aclarar por qué es tan importante cuales tradiciones, ritos y rituales decidimos preservar.Como todo marxista puede recitar, «la estructura condiciona la super estructura «, o sea las condiciones de nuestra reproducción material condicionan los demás aspectos de nuestra vida, como el político y el simbólico, y que por lo tanto las creencias, las religiones, los ritos y rituales son mantos que impedían a los humanos ser dueñxs de su propio destino.Durante mucho tiempo este pensamiento llevo a que por un lado se trataran de eliminar de raíz todo tipo de creencias religiosas y simbólicas o que se pensara que no había que hacerles caso y que simplemente cuando la humanidad llegara al comunismo científico sería natural que todo tipo de creencias desaparecieran. Sin embargo, ni el mismo Marx pensaba que el asunto fuera tan simple, fueron miradas dogmáticas sobre sus textos de juventud, como el problema judío o la sagrada familia, las que llevaron a estás simplificaciones.En efecto Marx nos hace ver que la super estructura no puede ir más allá de lo que la estructura le permite, pero a su vez plantea la relación entre ambas como una relación dialéctica, es decir, que ambas se van encontrando como opuestos y llegando a una síntesis, una solución, constantemente dándose forma la una a la otra.Y es que, como se dice, los humanos somos animales de costumbres, seres simbólicos. Eso quiere decir que sea cual sea nuestra base material, la recubriremos de mil signos y símbolos, ritos y rituales, que nos ayuden a ordenar y darle sentido al tiempo y al espacio.En la URSS poco a poco se fueron eliminando creencias religiosas y ritos tradicionales de diversas tribus y pueblos nativos vistos como atrasados, solo para ir recubriendo la vida de nuevos símbolos y ritos, tal como el primero de mayo o el significado de una Hoz. ¿Quiere decir esto que el pensamiento que se desarrolló en la URSS es equivalente a la religión católica, o sea un pensamiento místico y religioso? Pues no, ambos tienen diferencias profundas, tanto epistemológicas y ontológicas como de fondo y forma que podrían ser objeto de otro texto, pero sí tienen algo en común y es que ambos están en el campo de lo simbólico y cubren la necesidad que tenemos los humanos de un orden determinado para poder darle un sentido al mundo y poder coordinar y cooperar con toda nuestra comunidad en un proyecto determinado de sociedad.Y es que, junto con otros elementos como la historia, lo simbólico, los ritos y rituales, no solo ordenan el tiempo y el espacio, sino que también nos ayudan a determinar de dónde venimos, quienes somos y hacia dónde queremos ir, cuál es nuestro proyecto social-cultural cómo ente colectivo, o sea nos ayudan a ponernos de acuerdo, sin tener que debatir en cada momento que hacer o cómo actuar.Es un hecho entonces que no podemos vivir sin ellos, siempre habrá la necesidad de esa capa simbólica. Lo malo es que muchas veces la misma se nos ha presentado como dada e inmutable, hija del tiempo e inamovible. Cómo si ella nos hiciera a nosotros y no cómo ese proceso dialéctico del que hablábamos, ahí es cuando lleva a ese enceguecimiento en el que la tradición, la religión y los ritos son una barrera hecha y reforzada por la estructura para asegurarse de que nada cambie. He ahí el porqué del rechazo de algunos católicos al Halloween.Lo que propongo aquí es que nosotros entendamos este efecto profundo que el pensamiento simbólico tiene en nosotros, de darle sentido a nuestra vivencia, y tomemos parte activa en esta relación dialéctica, y elijamos qué forma le queramos dar a nuestras relaciones, al tiempo, al espacio y a nuestro proyecto social-cultural. Una parte al menos de eso es mirar críticamente nuestras tradiciones, tanto las que ya

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«Los clanes familiares de la oligarquía asentada en Santa Cruz». Libro de Luis Alberto Echazú Alvarado

No es raro en Bolivia hablar de clanes familiares y oligarquías en Santa Cruz, principalmente relacionadas al negocio agroindustrial. Pero ¿quiénes son realmente? ¿cómo se conformaron? ¿cómo funcionan y en qué ámbitos económicos operan? Son estas algunas de las preguntas que el autor, Luis Alberto Echazú, se propone responder en el libro «Los clanes familiares de la oligarquía asentada en Santa Cruz», de la editorial Liberación, y que lo ponemos a tu disposición en el siguiente enlace:

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El imperio del capital global

William I. Robinson La Jornada. – El líder bolchevique Vladimir Lenin publicó en 1916 su famoso estudio El imperialismo: fase superior del capitalismo, en medio de la Primera Guerra Mundial y un año antes del triunfo de la revolución soviética. Lenin argumentó que la sangrienta conflagración debía entenderse como una batalla entre los estados europeos para establecer zonas de influencia coloniales en competencia entre sí. Según Lenin, este conflicto expresaba un conflicto subyacente entre clases capitalistas nacionalmente organizadas y, por tanto, la esencia del imperialismo era la rivalidad entre estas clases nacionales para controlar al mundo. Avancemos un siglo y el capitalismo ha sufrido mayores transformaciones mediante la globalización, proceso caracterizado sobre todo por la interpenetración e integración transfronteriza de capitales nacionales. En 2018, apenas 17 conglomerados financieros globales administraron colectivamente 41.1 billones de dólares, más de la mitad del PIB del planeta, en lo que el sociólogo estadunidense Peter Phillips considera en La élite global de poder como una red entrelazada de capital que se extiende por el mundo, de manera que es imposible desenredar esta masa de capital trasnacional y colocarla en casillas nacionales. Esta masa de capital concentrado y centralizado a escala mundial no tiene identidad nacional. Más bien corresponde a una nueva clase capitalista trasnacional (CCT) que ha promovido desde los estados –a través de las políticas neoliberales, los tratados de libre comercio, etcétera– el surgimiento un nuevo sistema globalizado de producción, finanzas y servicios que incorpora a todo el mundo. La CCT está por encima de cualquier Estado-nación. Sus integrantes comparten el mismo interés de clase en defender una economía global abierta e integrada y en suprimir cualquier desafío a la misma, ya sean las luchas de clase desde abajo contra el capital trasnacional o las tendencias políticas estatales de corte populista, nacionalista, y proteccionista. Dadas estas realidades, ¿tiene vigencia hablar de imperialismo? La respuesta depende de lo que entendemos por imperialismo. Si lo definimos como la competencia entre clases capitalistas nacionales expresada en rivalidades económicas nacionales ya superamos la fase imperialista del capitalismo mundial. Pero si por imperialismo entendemos las presiones incesantes para la expansión hacia afuera del capitalismo y los mecanismos políticos, militares y culturales que facilitan esa expansión y la apropiación por la CCT de la riqueza que ésta genera, entonces es un imperativo estructural inherente al capitalismo y un proceso que antecede la situación que describió Lenin. Durante los 500 años transcurridos desde la génesis del sistema capitalista mundial, el colonialismo y el imperialismo incorporaron de manera coercitiva zonas y pueblos a su redil. Esta acumulación originaria llega a su fin, sobre todo a raíz de la incorporación en las últimas décadas de la ex Unión Soviética y China al sistema. El capitalismo mundial aún conquista espacios, naturaleza y seres humanos. Es deshumanizante, genocida, suicida y maniaco. Pero se ha trasmutado. La cara fea del capitalismo global no es imperialismo en el viejo sentido ni de capitales nacionales rivales ni de conquista de las regiones precapitalistas por los estados centrales. En esta época de capitalismo globalizado, el imperialismo se refiere a los incesantes esfuerzos por la CCT y sus representantes políticos en los estados de promover y defender los intereses del capital trasnacional, es decir, seguir abriendo el mundo al pillaje del capital trasnacional y socavando cualquier resistencia. Si la teoría clásica del imperialismo está ahora desfasada, ¿cómo entendemos el intervencionismo estadunidense en el mundo y su papel hegemónico en el sistema internacional? En resumen, EU ha intentado desempeñar un papel de liderazgo en nombre de los intereses capitalistas trasnacionales, es decir, Washington no escatima esfuerzos en poner al mundo disponible para la CCT y en procurar que el mundo sea seguro para la explotación de esta CCT ante cualquier obstáculo. Sucedió algo ilustrativo con la invasión a Irak en 2003. Establecida la ocupación, el procónsul estadunidense en Bagdad invitó a los ricos de todo el mundo a invertir en el país bajo la garantía de las fuerzas de ocupación. Las primeras compañías que invirtieron en los campos petroleros iraquíes fueron la petrolera francesa Total y las petroleras estatales de China que pudieron entrar al mercado iraquí gracias a la ocupación estadunidense. La CCT no enfrentó barreras para invertir en Rusia antes de la invasión a Ucrania, no obstante las tensiones políticas entre Washington y Moscú, en tanto los principales conglomerados capitalistas basados en EU y China han experimentado una mayor integración y entrelazamiento en las últimas décadas. Las tensiones geopolíticas se agudizan con la nueva guerra fría y a raíz de la invasión a Ucrania, pero estas tensiones tienen una explicación más allá de la competencia entre capitales. La expansión capitalista es un proceso que genera constantes crisis y contradicciones desconcertantes. Mientras la CCT persigue la acumulación sin fin de capitales, los estados compiten por atraer a sus respectivos territorios el capital trasnacionalmente móvil y se esfuerzan por externalizar hacia otros pueblos y estados las tensiones políticas internas de cara a la crisis del capitalismo global y de la legitimidad de los estados, la crónica inestabiliadad política, y la desintegración social. El centro de gravedad del sistema global se desplaza hacia China. La crisis de hegemonía en el sistema internacional se produce en el marco de una sola economía global, integrada e interdependiente, al lado de una multipolaridad política. El desfase entre una economía globalizada y un sistema de autoridad política basado en el Estado-nación genera enormes tensiones geopolíticas. Entre más comprendemos la naturaleza cambiante de esta bestia que es el imperio del capital global, más podemos diseñar estrategias de resistencia y transformación. La tarea se hace cada vez más urgente frente a la amenaza de una guerra nuclear, del colapso de la biosfera, y la cada vez más aguda desigualdad y desintegración social alrededor del mundo.

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El departamento de Santa Cruz es tierra de inmigrantes

Nayra Agreda El contexto de un departamento es el resultado de diferentes tiempos. Entender su ocupación histórica te permite identificar los problemas sociales que sus pobladores van heredando y transitando. El presente artículo resume, de manera muy concisa, la ocupación no contada ni aceptada del departamento de Santa Cruz, desde el Plan Bohan y la marcha al Oriente hasta el día de hoy. Tras la segunda guerra mundial (1941-1945), Estados Unidos empezó una guerra contra el comunismo, en Bolivia no existía una burguesía industrial, así que se vio en la tarea de crearla, para lo que inyectó recursos económicos en el plan Bohan, identificando un alto potencial de producción agropecuaria en el departamento de Santa Cruz. “Sobre la base de este plan, el desarrollo del Oriente boliviano comenzó a marchar desde 1952, con la construcción de la carretera Cochabamba – Santa Cruz conectando por primera vez con asfalto el oriente y el occidente boliviano”. (Carmen Dunia, 2003) Se dieron muchos asentamientos durante los gobiernos militares dictatoriales (1971-78 y 1980-82), y durante el gobierno neoliberal de Jaime Paz Zamora (1989-1993). Estos gobiernos distribuyeron miles de hectáreas de tierras de manera gratuita y fraudulenta a familias con poder político que fueron prioridad en la agenda pública para legitimarlos en su reconocimiento como “cruceños”. Los sucesivos regímenes han utilizado los recursos financieros del Estado para ayudar a un grupo naciente de agricultores capitalistas y constituirlos en tanto que clase. (Susan Eckstein, 1983) Por un lado, mediante acuerdos público-privados se creó los Fondos Ganaderos, para el desarrollo de la ganadería. Pero en 1994, bajo la presidencia de Goni, estos fondos fueron expropiados por la Federación de Ganaderos y constituyeron el Banco Ganadero. Por otro lado, para fomentar la agricultura cruceña se dieron créditos que superaron los 450 millones de pesos bolivianos, créditos que nunca fueron pagados y de los que hasta ahora nadie fue responsabilizado. Tras la Segunda Guerra Mundial, a sugerencia de EE.UU., Bolivia dio asilo a fugitivos nazis alemanes y a miembros de la USTACHA, partido fascista croata (sobre todo migraron hombres). Muchos vinieron al país con pasaportes de la Cruz Roja, con nombres falsos (entre ellos destaca Klaus Barbie) y como sacerdotes. Esto con la complicidad del Vaticano en el “Plan Ratlines” (líneas de ratas). Para apoyar el Plan Bohan, se subvencionó la instalación de campesinos extranjeros para que aporten con conocimientos de agricultura, entre ellos: menonitas (provenientes de Canadá, México, Rusia y Paraguay), italianos y japoneses (todos estos migraron con sus familias). Los inmigrantes menonitas, considerados “radicales”, buscaron proteger sus principios religiosos, por lo que se asentaron como comunidad en lugares alejados del resto. Implantaron un modelo agroindustrial a gran escala orientado a la producción de granos. Según Adalberto Kopp (2015), más del 90 por ciento de las colonias menonitas se concentra en seis municipios de las tres regiones de mayor dinámica expansiva de la frontera agrícola cruceña: Pailón y San José de Chiquitos; San Julián y Cuatro Cañadas en el norte; y Cabezas y Charagua en el Chaco boliviano. Hoy en día los menonitas tienen problemas con el INRA por avasallamientos ilegales y las deforestaciones en tierras del Estado. Los japoneses considerados comunistas fueron deportados y el resto se quedó estableciendo la Colonia Okinawa y la Colonia San Juan de Yapacaní e implementando una producción industrial sobre todo de arroz y trigo. Estas colonias buscaron poder político estableciéndose como municipios; Okinawa I se estableció como municipio en 1998 y San Juan se estableció como municipio en 2001. Los alcaldes de estos municipios se han caracterizado por ser opositores al gobierno. Los inmigrantes campesinos italianos entendían la importancia de los vínculos familiares, por lo que dejaban a un hijo en su país de origen para no perder el vínculo familiar y tener así los contactos para manejar el sector comercial de importación, respondiendo a la intensificación de la industria agrícola, que les permitió reproducir su capital y ser integrados en la clase alta de Santa Cruz. Hoy en día los descendientes de los inmigrantes italianos, si bien pueden codearse con la alta burguesía por su capital simbólico, ya no cuentan con poder económico. Actualmente pertenecen a una pequeña burguesía. Los inmigrantes alemanes tenían fines político-militares y comerciales, fundaron las casas comerciales para importar productos destinados a la agroindustria del azúcar y para el tráfico armas y drogas. Adquirieron un fuerte poder económico que les permitió financiar golpes de estado en Bolivia. En 1967 durante la dictadura del general Barrientos, Klaus Barbie (el carnicero de Lyon) fundó la compañía marítima estatal, para encubrir el tráfico de armas y el narcotráfico. Barbie también fue promotor de un sistema de torturas, secuestros y desapariciones en las dictaduras de Barrientos, Banzer y Luis García Meza. En la actualidad, estas familias, al perder su poder político, en su mayoría se han convertido en una clase burguesa empobrecida. Los migrantes croatas, con el fin de preservar su asentamiento y mejorar sus condiciones económicas, optaron por tener vínculos con la nueva clase burguesa cruceña mediante alianzas matrimoniales. Como eran en su mayoría hombres, impusieron un modelo familiar patriarcal en el que el padre actuaba como la máxima autoridad y delega la administración controlada de su capital al resto del clan familiar. De acuerdo a un estudio sobre la identidad cruceña, “el clan familiar y su mutua cooperación todavía son algo natural para el cruceño y […] más bien se percibe como una protección para el individuo” (Cooperativa Cruceña de Cultura 1986: 349). Para la protección de su clase, los clanes familiares conformaron el Comité Cívico pro-Santa Cruz, que les permitió movilizar gente en nombre de Santa Cruz, con intereses económicos que solo beneficiaba a la burguesía de esa región. Mientras esta nueva clase social era beneficiada con tierras y fondos económicos del Estado, los originarios de Santa Cruz no eran reconocidos como ciudadanos por ser indígenas; las tierras que habitaban desde antes que se fundara Bolivia eran consideradas por el Estado neoliberal como espacios vacíos que había que poblar. Hoy la CPE otorga el derecho exclusivo

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Competencia o cooperación

Posicionamientos antagónicos de la doctrina estadounidense de seguridad y política exterior. Jorge Elbaum Vía El Cohete a la luna . – El último 12 de octubre, con cuatro días de antelación al XX Congreso del Partido Comunista chino, la administración de Joe Biden difundió su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por su sigla en inglés). El documento es una actualización de la doctrina trazada en 2017, durante el gobierno de Donald Trump, en la que se plantea por primera vez el fin de la posguerra fría y, a la vez, se postula el concepto de hegemonía imperfecta, eufemismo con el que se pretende disimular la caída relativa del poder estadounidense a nivel global. El documento de 48 páginas difundido por la Casa Blanca esboza un retorno solapado a la doctrina de la contención estratégica, ideada por George Kennan luego de la Segunda Guerra Mundial, orientada a aislar a la Unión Soviética de la mayor cantidad de países posible del resto del mundo. Esa configuración, desarrollada desde 1947 por el gobierno de Harry Truman, se autoasignó el rol de gendarme global y motivó en América Latina y el Caribe la implementación de la Doctrina de la Seguridad Nacional, para evitar la propagación de experiencias políticas como la cubana. En la nueva doctrina, la administración de Biden busca impedir la multipolaridad planteada por la emergencia de China como potencia económica global, y la resistencia de la Federación Rusa a ser amenazada en su seguridad por parte de la OTAN. La estrategia estadounidense se difundió intencionadamente antes del XX Congreso con la intención de restarle protagonismo a Xi Jinping, titular del Partido Comunista chino, que condujo las deliberaciones del cónclave desde el 16 al 22 de octubre en el Gran Salón del Pueblo, ubicado en Beijing. En las sesiones participaron 2.296 integrantes. Dichos congresistas votaron a los 200 miembros del Comité Central y reeligieron a Xi para un periodo de cinco años. A su vez, los miembros del Comité Central fueron los encargados de designar a los 25 miembros del Buró Político y a los nueve del Comité Ejecutivo, el órgano decisorio más encumbrado de la República Popular. Las orientaciones de política exterior estadounidense –en la presente NSS y en las precedentes– son definidas por programas de seguridad nacional y configuradas desde una perspectiva de contención, conflicto y competencia. Como contrapartida, las políticas internacionales de Beijing, planteadas en los diferentes congresos partidarios, se sustentan en los conceptos articulados de cooperación y complementariedad. Mientras Washington habla de un necesario enfrentamiento a las “potencias autocráticas”, Beijing postula una modernización capaz de “emprender una nueva expedición de construcción integral de un país socialista moderno [con la] formación concreta de los modos de producción y de vida ecológicos, limitando las emisiones de carbono y configurando un entorno ecológico para cumplir el objetivo de construir una China bella”. En agosto, Beijing –a través de su ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi– anunció la condonación de 23 préstamos otorgados a países de África en los últimos años. En el período que va de 2000 a 2019, el gobierno chino ha perdonado un total de 3.400 millones de dólares que fueron invertidos en obras de infraestructura. El anuncio fue hecho en el Foro de Cooperación China-África (FOCAC), en Beijing. Esa es una de las razones por la que la NSS califica a la República Popular como el “desafío geopolítico más importante” que puede llegar a reconfigurar el mundo, en el marco de patrones diferentes a los planteados/exigidos por Washington. Beijing –dice textualmente el documento firmado por Biden– “es el único competidor con la intención de remodelar el orden internacional, y cuenta cada vez más con el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para hacerlo”. Para evitar que China participe de esa reconfiguración global, Washington lo ubica en el grupo de actores malignos que buscan establecer contactos, nexos y alianzas con otros países. En ese marco, el documento plantea dos tipos de desafíos: (a) los estratégicos, que postulan como enemigos a Rusia y China, y (b) los transversales o transfronterizos, ejemplificados por los problemas ambientales, los pandémicos, la inseguridad alimentaria, el terrorismo y la inflación estructural. Para el primer desafío, Washington dispone de un presupuesto de defensa de 800.000 millones de dólares, que casi triplican los recursos gastados por Beijing. Geopolítica de guerra El documento difundido por el Departamento de Estado cuenta con un párrafo revelador respecto a este paradigma: “La competencia estratégica es global, pero evitaremos la tentación de ver el mundo únicamente a través de una lente competitiva y comprometeremos a los países en sus propios términos”. Esto se relaciona en forma directa con otro de los capítulos orientativos de la Estrategia: la apelación a “invertir en las fuentes y herramientas subyacentes del poder y de influencia estadounidenses”, lo que Joseph Nye definió como poder blando, a ser desarrollado a través de dispositivos de influencia cognitiva. El programa –que se operativizó inicialmente durante la administración de Donald Trump– supone una forma de desglobalización, entendida como ruptura de las cadenas de valor, una mayor presencia de los Estados en la orientación productiva, la reimposición de barreras comerciales transfronterizas, la relocalización –retorno doméstico– de las empresas, y la configuración flexible de bloques ligados a Washington o Beijing, definida como desacoplamiento progresivo. Esto supone progresivos grados de desconexión, capaces de aislar tecnológicamente a China, cuidando que ese divorcio no dañe los intereses de las trasnacionales residentes en Norteamérica. Una de las batallas más subrayadas en el documento por la NSS es la que remite a la geoeconomía y a su centro neurálgico, la ciberseguridad. El programa de la Casa Blanca se propone un mayor control de las cadenas de suministro tecnológico, sobre todo las relativas a los microprocesadores. Para ese objetivo se propone promover la innovación tecnológica, limitar la dependencia extranjera, generar articulaciones con empresas de software y sabotear la investigación científico-tecnológica desarrollada por los actores malignos. En 2014 el director ejecutivo de Cisco Systems, John Chambers, pidió en una carta pública dirigida a Barack Obama que la Agencia de Seguridad

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El capitalismo global y la crisis de la humanidad

Gilberto López y Rivas Caracas/ Telesur. – “El colapso de la economía global desatado por el coronavirus ha provocado la pérdida de su sostén económico de dos mil millones de personas, con al menos 500 millones que fueron arrojadas a la pobreza y el hambre, mientras se fueron a la quiebra hasta 500 millones de pequeños negocios”. El nuevo libro de William I. Robinson: El capitalismo global y la crisis de la humanidad, (Siglo XXI editores, 2022) viene a engrosar una obra magna, junto con otras dos publicaciones en castellano: Una teoría sobre el capitalismo global: producción, clase y Estado en un mundo Transnacional (2013), y América Latina y el capitalismo global, una perspectiva critica de la globalización (2015). Este trabajo monumental de investigación permite hacer un recorrido dialéctico por un marco teórico urgentemente necesario para hacer frente al capitalismo del siglo XXI desde el campo de las luchas emancipadoras y revolucionarias. Robinson llega en el momento justo en que era necesario darle oxígeno al marxismo, aplicándolo a una realidad inmersa en una profunda crisis multidimensional de gravedades apocalípticas, en la que está en riesgo la sobrevivencia misma de la especie humana, y en total acuerdo con su opinión de que “la tarea más urgente de cualquier intelectual que se considere orgánico -o políticamente comprometido-, es abordar esta crisis.” Precisamente, William destaca en el prólogo de esta edición en castellano, que el colapso de la economía global desatado por el coronavirus ha provocado la pérdida de su sostén económico de dos mil millones de personas, con al menos 500 millones que fueron arrojadas a la pobreza y el hambre, mientras se fueron a la quiebra hasta 500 millones de pequeños negocios. Robinson plantea que “nos enfrentamos a una crisis global sin precedente en cuanto a su magnitud y alcance global, el grado de degradación ecológica y de deterioro social, y la escala de los medios de violencia.” Analiza, en este punto, cómo la clase capitalista trasnacional se empeñó en trasladar la carga de la crisis y el sacrificio que imponía la pandemia a las clases trabajadoras y populares, dejando a su paso más desigualdad, más tensión política, más militarismo y más autoritarismo. Nuestro autor plantea la necesidad de ampliar la mirada al ámbito global, dado que la suerte de cualquier comunidad en el planeta está inseparablemente ligada con la humanidad en su conjunto, que, a su vez determina una “conciencia planetaria”. Esto implica darnos cuenta de que “si queremos resolver los urgentes problemas que aquejan a la humanidad, tales como el colapso ecológico, la guerra (todavía no había estallado el conflicto bélico Rusia – Ucrania, con sus preocupantes derivas), la pobreza, la desigualdad, la enfermedad y la enajenación, tenemos necesariamente que llevar a cabo un enfrentamiento frontal con los poderes fácticos en el sistema capitalista global para restarles el control que esos poderes ejercen sobre los medios de nuestra existencia.” Muy importante es su análisis de la crisis en la dimensión política, en la que percibe que el dominio capitalista se acerca a una crisis general, frente al colapso de la legitimidad del sistema imperante, que ha provocado una polarización creciente entre una izquierda insurgente y fuerzas ultraderechistas y neofascistas, como hemos podido constatar recientemente con el triunfo electoral en Italia de una coalición abiertamente neofascista, y el alto porcentaje de votos que registraron la ultraderecha y derecha en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas. Ante este dantesco panorama, coincido plenamente con la conclusión final del prólogo del libro, en el sentido que la resolución de la crisis de la humanidad pasa por el derrocamiento del capitalismo global y su reemplazamiento por un proyecto de socialismo democrático. Sin embargo, manifiesto mis desacuerdos, al menos a partir del caso mexicano, con la idea de “respaldar proyectos de élites reformistas en la medida que atenúen las peores depredaciones del capitalismo global y nos saquen del umbral de la guerra y el fascismo”, dado que, como observamos en México, la militarización y el militarismo, y la guerra o “conflicto armado no reconocido” que acompaña la recolonización de los territorios por la vía de los mega proyectos, están siendo puestos en práctica por un gobierno que pretende estar haciendo una trasformación histórica en el país. Robinson reitera que sus análisis y teorías sobre esta crisis global son asumidos desde la teoría del capitalismo global, a partir de cambios que podríamos considerar apócales: 1.- Surgimiento de un capital verdaderamente trasnacional y un nuevo sistema global de producción y finanzas en el que todas las naciones y gran parte de la humanidad han sido integradas, ya sea directa o indirectamente. 2.- Conformación de una clase capitalista trasnacional, un grupo de clase que ha atraído contingentes de la mayoría de los países alrededor del mundo. 3.- Establecimiento de aparatos de un Estado trasnacional. 4.- Nueva relaciones de desigualdad, dominación y explotación en la sociedad global, incluyendo la importancia creciente de las desigualdades trasnacionales sociales y de clase en relación a las desigualdades norte–sur geográficamente o territorialmente concebidas. Esta globalización capitalista es un proceso en curso, inconcluso y abierto, contradictorio y conflictivo, impulsado por fuerzas sociales en lucha; es una estructura en movimiento emergente, sin estado final consumado. Esto lleva inevitablemente a una idea fundamental de Robinson: no es posible entender esta nueva época a través de los paradigmas existentes Estado-nación-céntricos que pretenden explicar la dinámica política y económica mundial como interacciones entre Estados-nación y competencia entre clases nacionales en un sistema interestatal. Debemos centrarnos no en los estados como macro agentes ficticios sino en constelaciones de fuerzas sociales históricamente cambiantes que operan a través de múltiples instituciones, incluyendo aparatos de Estado que están en proceso de trasformación como consecuencia de las agencias colectivas. En esta dirección, Robinson polemiza con los enfoques que toman categorías históricamente contingentes y específicas como Estado-nación, capital nacional e imperialismo, y las convierten en una estructura inmutable, fija, cosificándolas en este proceso. Por esta razón sostiene el imperativo de un enfoque holístico y de nuevos conceptos, dentro de un análisis estructural y coyuntural. Sostiene que la tarea

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Derechos humanos para los detenidos palestinos en cárceles israelíes

El Estado ocupante israelí con su mentalidad colonial y su trato racista y criminal con el pueblo palestino, insiste en registrar más manifestaciones en su historia negra que dura casi un siglo, mostrando un desconocimiento de cualquier ley, principio, valor moral o humanitario. La cultura del colonialismo y del racismo domina el centro de toma de decisiones en el país ocupante, falsificando los principios de los derechos humanos; la imposición de una muerte lenta a los detenidos palestinos en sus cárceles, refleja la magnitud de la injusticia y opresión practicada por el Estado israelí ocupante contra los presos. Las autoridades de ocupación retienen en sus cárceles en condiciones trágicas y difíciles a unos 4.600 detenidos, incluidos 160 niños, 32 mujeres; 552 presos están condenados a cadena perpetua y 25 presos llevan más de 30 años recluidos; el número de detenidos enfermos ha llegado a más de 600 detenidos, incluidos 200 casos con enfermedades crónicas y 22 detenidos con cáncer y tumores de diversos grados. Desde 2015 hasta este año, las autoridades de ocupación emitieron más de 9.500 órdenes de detención administrativa. Solamente desde principios de este año 2022 han emitido alrededor de 1.365 órdenes de detención administrativa, siendo el mes de agosto en el que se emitieron el mayor porcentaje de órdenes de detención administrativa, llegando a 272; más del 80% de los detenidos administrativos son ex detenidos que han sido sometidos a detención administrativa muchas veces, entre ellos se encuentran ancianos, enfermos y niños. La Ley de Detención Administrativa que Israel heredó del Mandato Británico, según la cual cualquier persona puede ser detenida durante meses y años sin un cargo específico y sin juicio, supone que un arresto se base en la mera sospecha de intenciones. Cabe señalar que 50 de los detenidos actualmente están en huelga de hambre. A pesar del grave deterioro y de la situación extremadamente crítica de salud de algunos prisioneros, las autoridades de ocupación israelíes los mantienen en prisión, perseverando e insistiendo en continuar cometiendo un delito de negligencia médica y homicidio lento de manera oficial, sistemática y pública, supuestamente tras largas y falsas deliberaciones. El Gobierno Palestino responsabiliza al gobierno israelí de la vida de los prisioneros y pide a la comunidad internacional que intervenga rápidamente para detener este crimen. El silencio de la comunidad internacional sobre las violaciones y crímenes de la ocupación o el hecho de conformarse con algunas posiciones y declaraciones formales, alienta a la potencia ocupante a cometer más crímenes y una impunidad continua, confirmando que la injusticia histórica, la persecución y la opresión a la que está sometido el pueblo palestino están basadas en la negación de su existencia, de sus justos y legítimos derechos nacionales en su patria y por parte del Estado ocupante. De acuerdo con el derecho internacional, el derecho humanitario y los Convenios de Ginebra, es deber de los Estados patrocinadores de los Convenios de Ginebra presionar a la ocupación para que libere de inmediato a los detenidos, especialmente a mujeres, niños, enfermos y ancianos, en aplicación del artículo 109 del Tercer Convenio de Ginebra y la aplicación de los artículos (90, 91) del Cuarto Convenio de Ginebra, con el fin de garantizar que los detenidos reciban el tratamiento necesario, la atención médica adecuada, proteger a las personas y apoyarlas de conformidad con los artículos (81 y 98) de la misma Convención, considerando a Israel como la potencia detenedora. La comunidad internacional y las instituciones internacionales, regionales y de derechos humanos tienen una gran importancia para activar el tema de los presos en las prisiones de la ocupación israelí. Es necesario convocar a una conferencia internacional sobre los presos palestinos y la intervención inmediata y urgente para detener las violaciones practicadas por las autoridades de ocupación contra ellos, así como obligarles a respetar la aplicación del derecho internacional brindando la protección necesaria a los presos. En la Cuarta Convención de Ginebra se dictaminó poner fin al sufrimiento de los detenidos administrativos tomando medidas importantes para boicotear los tribunales de ocupación como un paso estratégico y legal destinado a deslegitimar el sistema judicial israelí y sus injustos tribunales militares, sin embargo éstos son utilizados como una herramienta de represión en manos del gobierno extremista de ocupación que continúa dando instrucciones a los soldados de ocupación y escalando la represión, lo que unido a la arrogancia de los odiosos colonos y sus ataques y al consenso internacional y de derechos humanos de no pronunciarse cuando Israel, como potencia ocupante, practica el crimen del apartheid en los territorios palestinos ocupados conduce a un callejón sin salida. Ya es hora de enjuiciarlos internacionalmente y hacerlos responsables de sus crímenes. Mientras Israel da la espalda al derecho internacional, las normas de derechos humanos y la Cuarta Convención de Ginebra sobre tierras bajo ocupación militar con el apoyo de sus aliados, resulta sospechosa la posición de las organizaciones internacionales de derechos humanos de no cumplir con su deber humanitario como es debido, para salvar a nuestros prisioneros de una muerte inevitable. Las vidas seriamente amenazadas de miles de prisioneros palestinos requieren un movimiento diplomático rápido antes de que sea demasiado tarde. ¿Se necesita una solicitud de una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para tomar decisiones vinculantes sobre el Israel ocupado para salvar las vidas de los prisioneros? Es derecho del ciudadano palestino cuestionar la posición de la Comunidad Internacional y su falta de movimiento en solidaridad Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia. con sus prisioneros palestinos. Fuente: Ahora el Pueblo

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EXPRESO DE ORIENTE

La respuesta de Rusia y China a la OTAN El 16 de septiembre concluyó la XXII reunión del Consejo de Jefes de Estados de la Organización de Cooperación (OSC) en Uzbekistán, y cinco días después el Presidente Vladimir Putin decretó una movilización parcial de los reservistas de su país, situación que supone una escalada del conflicto iniciado por la OTAN en Ucrania en 2014. La proximidad de ambos eventos pone en evidencia la continuidad de transformaciones geopolíticas que diversifican los centros de poder global y que establecen un eje oriental que articula a Moscú con Beijing, enfrentado a la Organización del Atlántico Norte (OTAN). La conferencia de la OSC concluyó con tres importantes novedades. La primera fue la incorporación plena de la República Islámica de Irán. La segunda consistió en la solicitud –por ahora informal– de Turquía de sumarse al organismo. Y la tercera el compromiso asumido por todos los integrantes por redefinir y ampliar los esquemas de cooperación en áreas de seguridad y defensa común. La cumbre se realizó en la ciudad de Samarcanda, localidad que formó parte 20 siglos atrás de la antigua Ruta de la Seda, que conectaba a China con el Mediterráneo. A diferencia de la articulación atlantista, que en su última Cumbre en Madrid decidió desafiar de forma directa a Moscú y a Beijing, la OSC volvió a afirmar su formato defensivo, sin nominar la existencia de enemigos explícitos. La cumbre se constituyó en el primer viaje realizado por Xi Jinping por fuera de su país desde que la pandemia se inició en Wuhan a fines de 2019. También fue la primera reunión presencial entre los mandatarios de Rusia y China desde el inicio del conflicto bélico en Ucrania, en febrero de este año. El último cónclave entre ambos se había llevado a cabo en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, evento en el que anunciaron “la convergencia sin límites”, comprometiéndose a apoyarse de forma incondicional en los desafíos planteados por el atlantismo contra sus países. Desde que se inició la Operación Especial, planteada por Moscú, para darle apoyo a las milicias del Donbás, el comercio entre China y Rusia creció un 35%, y las comisiones de trabajo conjunto en áreas intergubernamentales se han multiplicado, sobre todo las vinculadas con la ciberseguridad y las tecnologías satelitales. El encuentro bilateral entre los mandatarios ruso y chino ha sido el número 38 desde que Xi asumió la jefatura del Estado hace nueve años. La OCS es un organismo reconocido por las Naciones Unidas. Congrega a más de tercio de la población mundial, contiene un 67% del territorio euroasiático y una cuarta parte de la extensión territorial del mundo. Reúne a la mitad de las potencias nucleares del mundo (Rusia, China, India y Paquistán) y sus integrantes sustentan una cuarta parte del PIB mundial. La organización cuenta desde 2004 con una oficina de despliegue rápido antiterrorista, el RATS, con sede en Uzbekistán, y desde 2006 articula iniciativas conjuntas de lucha antiterrorista. La incorporación de la República Islámica de Irán –convulsionada durante los últimos días por manifestaciones contra las autoridades teocráticas— permitirá su membresía completa a partir de abril de 2023. De esta manera, una gran cantidad de los países sancionados de forma unilateral por Washington han logrado asociarse para limitar la capacidad de daño del atlantismo, superando el aislamiento comercial y económico plantado por Occidente. El encuentro de Uzbekistán fue prologado por dos iniciativas que enmarcan la convergencia: del 1 al 7 de septiembre se realizaron los ejercicios militares “Vostok 2022” —en el Extremo Oriente ruso— en el que participación 50.000 efectivos de los 14 Estados que se sumaron a las maniobras. El segundo evento, realizado también en Vladivostok, fue el 7º Foro Económico Oriental, efectuado entre el 5 al 8 de septiembre bajo el lema “Puerta de entrada a un mundo multipolar”, del que participaron 60 países, incluyendo delegaciones de América Latina y África. El cónclave fue presidido por el primer mandatario uzbeco Shavkat Mirziyoyev, titular pro tempore de la organización que coordinó los debates en los que participaron tanto el mandatario ruso como Xi Jinping, y Narendra Modi por la India. También fueron de la partida el Primer Ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif y los Jefes de Estado de Kazajistán, Kassym-Jomart Tokayev, Kirguistán, Sadyr Zhaparov, y de Tayikistán, Emomalí Rahmón. Como representantes de Estados observadores se sumaron los mandatarios de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, de Irán, Ebrahim Raisi, y de Mongolia, Ukhnaagiin Khürelsükh. Recep Erdogan, de Turquía, se sumó a las deliberaciones como invitado especial. Jorge Elbaum

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El Concejo Municipal de La Paz se vende a Las Loritas

Como dice Rolnik (1999) La normativa urbana y valorización inmobiliaria no es neutra. Prueba de ello es que recientemente el concejo municipal de Nuestra Señora De La Paz ha aprobado una normativa que brinda permisos a diez sectores de La Paz donde la constructora Las Loritas es la más beneficiada.   La mercantilización del suelo urbano en La Paz (marcada por una burbuja que favorece a la acumulación del capital inmobiliario) se ha ido destacando por actividades ilegales relacionadas con la necesidad de vivienda de los trabajadores, donde las empresas constructoras especulan con los precios del mercado inmobiliario y esto no sería posible sin acuerdos corruptos con el Municipio paceño. Lo más alarmante de la normativa aprobada, es que no toma en cuenta el mapa de riesgos ni establece un límite de altura, recordemos que en La Paz se han dado numerosas tragedias relacionadas a deslizamientos de construcciones no aptas estructuralmente para la complejidad geológica, donde ninguna zona se ha salvado de presentar derrumbes o tener viviendas y/o edificios con problemas estructurales por infringir con las alturas permitidas. Como ejemplo tenemos el edificio Torre Girasoles ubicado en la zona de Sopocachi, construida en pendiente, llegando a tener 38 pisos de altura, este edificio fue construido el año 2013 y ya presenta grietas significativas en su estructura y muros en diferentes pisos con grietas de más de 2 metros. Los edificios de las Loritas están poniendo en riesgo a los ciudadanos, al buscar la mayor ganancia posible, construyen edificios que superan los 22 pisos de altura vulnerando lo supuestamente permitido, lo que podría dar como resultado problemas estructurales en unos años.   El derecho a la vivienda es un derecho social a ocupar un hábitat viable y con dignidad, el hecho de que la Alcaldía no funcione como ente regulador del suelo urbano demuestra que hace falta otro ente que regule el derecho de propiedad en función a la seguridad de los ciudadanos. La políticas municipales del municipio paceño, lejos de ordenar y planificar la Ciudad, solo están destinadas a actos corruptos, que atentan contra la vida y la economía de los ciudadanos. Autora: Nayra Agreda La autora es arquitecta y urbanista

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