Condiciones climáticas cada vez más irregulares, como sequías extremas, tormentas eléctricas, granizadas en zonas donde habitualmente no se presentaban este tipo de fenómenos climáticos, nevadas intensas y olas de calor con temperaturas, son los efectos del fenómeno de El Niño ‘muy fuerte’ que ya está presente en Bolivia.
“Actualmente, el fenómeno de El Niño se encuentra en el pico más alto, con una temperatura de las aguas del Pacífico de 2,4 grados. Esto significa que ya nos encontramos en la fase muy fuerte de El Niño”, explicó a La Razón el ingeniero Kenny Quisbert, climatólogo del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi).
De acuerdo con el experto, los patrones de precipitación, viento y temperatura están alterados. Es decir, las condiciones climáticas ya no siguen los patrones habituales a los que la población estaba acostumbrada durante esta época del año.
“Actualmente existe una combinación de la estacionalidad, que habitualmente tiene ciertas características, con las de El Niño. Esto hace que experimentemos lo que sucede actualmente: cambios más bruscos del clima, pasando de días con altas temperaturas rápidamente a otros con bajas temperaturas, lluvias, granizo y vientos fuertes”, señaló Quisberth.
Además, agregó que en años anteriores las estaciones estaban claramente definidas. Por ejemplo, la temporada de lluvias comenzaba en octubre con ligeras lloviznas; sin embargo, ahora, debido a El Niño, el comportamiento climático presenta variaciones más pronunciadas.
Efectos
Actualmente, en regiones del Altiplano y los valles interandinos existe un importante déficit de precipitaciones, situación que disminuyó drásticamente las reservas de agua y puso en riesgo al ganado y la agricultura, además de afectar la provisión del líquido para consumo humano.
Por esta razón, en algunas regiones se inició el racionamiento de agua por horas o la distribución mediante cisternas. Por ejemplo, en zonas de Chuquisaca se reportan decenas de miles de familias y cabezas de ganado afectadas por la falta de agua. Una situación similar ocurre en Potosí, donde los embalses registran un déficit de almacenamiento que genera una crisis hídrica en la ciudad.
Ciudades como La Paz y El Alto han soportado tormentas, granizadas e inundaciones repentinas, alternadas con periodos muy secos y temperaturas elevadas. En las cumbres altas y en zonas del sur, como algunas comunidades rurales de Potosí, la interacción de masas de aire cálido con frentes fríos genera nevadas intermitentes, seguidas de condiciones nuevamente secas.
Además, el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico puede contribuir al incremento de las temperaturas promedio y elevar el riesgo de incendios forestales, que afectan a los ecosistemas del oriente y a algunas zonas de los valles, principalmente en Cochabamba.
Según el especialista, el desarrollo de la fase más intensa de El Niño podría dar paso a una etapa extraordinaria, una de las características con las que se prevé la llegada del fenómeno climático este año. De acuerdo con Quisberth, estos episodios climáticos extremos podrían mantenerse hasta la culminación de El Niño extraordinario, también denominado “Súper Niño”, prevista para 2027.
“El Niño extraordinario continuará presente a escala mundial hasta el segundo trimestre de 2027. En mayo de ese año comenzará a tener un descenso y entrará en su fase final, de acuerdo con el pronóstico del ENSO”, explicó el experto del Senamhi, quien recomendó continuar con los trabajos de prevención y contención de los efectos del fenómeno que ya se presentan en algunas regiones del país y del mundo.
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“El Niño no tiene un comportamiento uniforme en cuanto a sus efectos, por eso se presentan diferentes condiciones climáticas según la región, tanto en Bolivia como en otros países”, indicó.
El experto aseguró que, por ejemplo, en Perú los efectos serán más fuertes en la región costera y la Amazonía, con cambios radicales en las precipitaciones. En la región altiplánica, en cambio, se prevé una sequía más severa y duradera de lo habitual. “Recientemente estuve en Perú y pudimos ver las tareas preventivas que realizan para enfrentar este fenómeno”, indicó el entrevistado.
En Bolivia, las labores de prevención comenzaron hace varios meses, después de que se emitiera una alerta a escala mundial sobre la posible llegada de un episodio extraordinario de El Niño, denominado por algunos como “Súper Niño”. Este fenómeno se presenta de manera recurrente, aproximadamente cada siete años, aunque en esta ocasión se advierten características particulares, en parte por la contribución del cambio climático.
El Gobierno nacional, mediante el Viceministerio de Defensa Civil, inició hace varios meses un proceso de coordinación con otras instituciones estatales y municipales para elaborar planes de prevención, contingencia y atención ante los posibles efectos de El Niño extraordinario en Bolivia.
Entre las medidas que se fueron definiendo están la adecuación de los calendarios de siembra, el almacenamiento y la cosecha de agua para consumo humano y animal mediante la construcción de reservorios, así como la limpieza de cauces y de zonas propensas a inundaciones. El objetivo es reducir los efectos del evento climático bajo la premisa de prevenir y no esperar a que ocurra una emergencia para recién actuar.
Normativa
En caso de que una emergencia alcance niveles que superen las capacidades de las alcaldías y las gobernaciones, se puede tramitar una declaratoria de emergencia nacional por fenómenos climáticos. Esta medida requiere un procedimiento técnico, jurídico e institucional establecido en la Ley 602 de Gestión de Riesgos y su reglamento.
La norma dispone que el presidente del Estado debe aprobar la declaratoria mediante decreto supremo, previa recomendación del Consejo Nacional para la Reducción de Riesgos y Atención de Desastres y/o Emergencias (Conarade), cuando la magnitud de un fenómeno supera la capacidad económica o técnica de los gobiernos departamentales afectados.
Esta medida adquiere importancia ante los efectos de la inestabilidad climática que afectan a distintas regiones del país. Sin embargo, una declaratoria departamental y una de emergencia nacional son procedimientos distintos.
El artículo 39 de la Ley 602 establece que la decisión de declarar una emergencia nacional corresponde al presidente del Estado, precedida por una recomendación del Conarade. Por tanto, la existencia de emergencias en varios departamentos no produce automáticamente una declaratoria nacional.
La norma también contempla declaratorias departamentales, municipales y de las autonomías indígena originario campesinas, de acuerdo con las competencias y capacidades de cada jurisdicción.
En el nivel departamental, la gobernación declara la emergencia cuando puede atender la situación con sus propios recursos y capacidades, y el desastre cuando necesita asistencia del nivel central. En el ámbito municipal, corresponde al gobierno municipal declarar la emergencia o el desastre, según su capacidad de respuesta y la necesidad de apoyo departamental.
Las autonomías indígenas originario campesinas también pueden declarar emergencias o desastres dentro de sus respectivas jurisdicciones. Estas declaratorias no deben confundirse con los niveles de alerta amarilla, naranja y roja, que sirven para activar medidas preventivas y de respuesta, pero no implican automáticamente una declaratoria de emergencia.
Fuente: La Razon

