Opinión

Álvaro García Linera, exvicepresidente de Bolivia: “Si el progresismo detiene sus bríos igualitarios se convertirá en un jugador de segunda”

Ayelén Oliva Madrid / El Diario. – Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia entre 2006 y 2019, intelectual de izquierda y autor de libros como La potencia plebeya o Qué es una revolución cree que América Latina está ante una «segunda oleada progresista» que busca estabilidad en lugar de cambio. «El progresismo no está ante la disposición social de crear una nueva sociedad más allá de lo que se diseñó en la primera oleada sino que busca restablecer y estabilizar lo que se logró en ese primer momento», dice el exvicepresidente. Para García Linera, los nuevos gobiernos progresistas se diferencian del ciclo anterior en que no cuentan con los liderazgos carismáticos de principios de este siglo, están preocupados por no perder derechos en lugar de ampliar y, excepto por casos como el de Chile, sus victorias electorales no nacen de grandes movilizaciones sociales. ¿En qué momento se encuentra la izquierda y el progresismo en América Latina? La región está ante una segunda oleada progresista que presenta dos corrientes internas paralelas pero diferenciadas. De un lado, en países como Argentina, Bolivia, Honduras y probablemente Brasil, vemos un regreso al gobierno con victorias que no han llegado acompañadas de grandes movilizaciones sociales. Del otro lado, en países donde la izquierda triunfa por primera vez, como es el caso de Perú, Chile y probablemente Colombia, el ascenso electoral cabalga sobre grandes movilizaciones sociales contra el viejo régimen de alianzas conservadoras gobernantes. México es una excepción en este arco del Pacífico de victorias progresistas. Si bien pertenece a este último grupo, su contraparte social la coloca en el primero.  ¿Pueden gobernar sin la movilización de su electorado en las calles? La presencia y densidad de grandes movilizaciones sociales, que preceden o acompañan a las victorias electorales progresistas, es determinante para comprender la radicalidad y margen de acción de los gobiernos. Las movilizaciones colectivas son también aperturas cognitivas y siempre empujan a los gobiernos a decisiones más audaces. No hay mejor pedagogía popular que la amenaza de la calle sublevada para obligar a los presidentes a ser más radicales.  Usted ha dicho que la izquierda está en su «fase pasiva» o «descendente». ¿Cómo analiza que la agenda de estos gobiernos esté enfocada en no perder derechos en lugar de ampliar?  En el caso del progresismo que no viene de la mano de la acción colectiva de la sociedad, el espacio de reformas que la sociedad demanda y está dispuesta a aceptar es mucho más reducido y moderado. Por lo general, las expectativas populares se inclinan a restablecer los derechos y reconocimientos alcanzados en la primera ola progresista, aquellos que fueron mutilados por el breve período restaurador neoliberal. En el caso de México, el progresismo busca frenar la cadena de agravios y depredación de bienes públicos de las décadas de gobiernos conservadores. El progresismo no está ante la disposición social de crear una nueva sociedad más allá de lo que se diseñó en la primera oleada sino que busca restablecer y estabilizar lo que se logró en ese primer momento. ¿El carácter pasivo puede debilitar la relación con los sectores populares? Hay el riesgo de apostar por una ingenua tranquilidad de todas las clases sociales mediante una gestión meramente administrativa del poder estatal no solo aleja a mediano plazo a las clases subalternas del gobierno sino que además pierde la condescendencia y apoyo de las clases adineradas que prefieren a los suyos en la gestión gubernamental. Si esto sucede, con el tiempo, abandonados por los de abajo que se sienten frustrados y rechazado por los de arriba por representar siempre un riesgo a sus privilegios, caerá en una orfandad histórica que desorganiza a las clases populares por un largo tiempo.    ¿Es tiempo de gobiernos progresistas sin líderes carismáticos? No es casual que el regreso del progresismo al gobierno en países como en Bolivia o Argentina haya tenido a la cabeza a candidatos moderados y que haya sido eso lo que le permitió la victoria electoral. El signo de la época no es el de las grandes reformas sino la administración y reencauzamiento de las que se iniciaron en la primera ola. Por ello es que, por ahora, esta nueva etapa el progresismo no abandera la conquista de un futuro esperanzador sino tan solo la defensa de un presente menos agobiante.  ¿Hay lugar en América Latina para una izquierda moderada? El progresismo solo puede serlo si avanza en nuevas iniciativas redistributivas y de igualdad social, incluso aunque por un tiempo solo sean iniciativas enteramente estatales. Si detiene sus bríos igualitarios, en aras de un ilusorio equilibrio social, se convertirá en un jugador de segunda de un sistema político y un sentido común cada vez más escorado a la derecha fruto de su propia defección.     En tiempos excepcionales como el que marcó la pandemia, ¿conviene suavizar el discurso? Un progresismo moderado en tiempos de pandemia, crisis económica y derecha neoliberal enfurecida es un acontecimiento político transitorio que podrá dar lugar a una renovación del progresismo siempre y cuando haya un renacimiento de la movilización y protagonismo social de las clases subalternas. Esta es la experiencia patética de un tiempo suspendido en el que ni la izquierda tiene un proyecto disruptivo de transformaciones igualitarias expansivas capaces de alumbrar nuevos universales esperanzadores, ni las derechas autoritarias y desembozadamente antidemocráticas tienen una oferta de reformas capaces de capturar el optimismo histórico de la sociedad.  ¿Este nuevo rasgo puede descuidar el impulso transformador? De mantenerse en una estrategia meramente «administrativista» puede conducir a que el progresismo vaya perdiendo su veta transformadora para ir convirtiéndose en un partido de un orden crecientemente insatisfactorio. Ese escenario puede dar paso a que las fuerzas retrógradas recubren sus banderas melancólicas del viejo programa neoliberal con brillos «rupturistas» y de «cambio».  La posibilidad de que haya un rebase por la izquierda del «progresismo administrativo» es más difícil porque la experiencia política popular al interior del progresismo carismático ha sido la más duradera y profunda de los últimos 50 años. Desprenderse de ella requiere una movilización social y

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Silencio

Carlos Bleichner Delgado Hay muchas situaciones para las que no hay palabras. Quiero retar al límite de lo que las palabras puedan dar. Quiero encontrarme un poquito más cerca de lo que nombro; no satisfacerme sólo con el hecho de nombrarlo. Hoy no quiero palabras. Quiero perderme en el abismo de lo nombrado. Hueso. Hijo. Esfuerzo. Tripa. Rose. Muerte. Recuerdo. Pómulos. Abuelo. Hoy estoy cansado de hablar; no estoy cansado de querer. Si no me hierve la sangre antes o mientras escribo; no lo escribiré. Quiero hablar con mi panza; con mi centro. Que este escrito sea como actuar. Al actuar, si dices cosas; pero no las crees, no estás hablando estás tirando texto. No quiero tirar texto. Quiero saborear las palabras. Hacerme cargo. Habitarlas. Esto no quiere decir que satisfagan. La satisfacción podría ser un tipo de muerte. ¿Cómo te sientes cuando callas? ¿Qué aparece en los silencios que habitas? Solemos tirar cantidades de texto bien boludas. No se trata de controlar lo que dices. Horrible ser policía de mí mismo. Se trata de ir asumiendo. Asimilando. Como una planta el sol. No necesariamente entendiendo. A veces implica una cocción a fuego lento y a veces es una vorágine de palabras atropelladas con simultaneidades de sentidos aglutinados. Es más importante lo que no se puede decir. Lo que no se dijo. Lo que no tenemos el coraje de hacer palabra hablada. Ahí está la vida. Se percibe mejor. Se comunica mejor. Es también muy hermoso ser hablado por otre. Bajar la cabeza de vez en cuando. Hay días, hay situaciones que (para alguien) no son para hablar. El autor es actor.

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El Odorico cochabambino

Camilo Katari En la ciudad de Cochabamba, Bolivia, existe otro remedo de Odorico Paraguazú , de quién ya dimos cuenta en nuestra nota anterior; tal parece que este personaje ha dejado escuela, en el caso del Odorico cochabambino tiene el añadido de su formación militar.La obsesión de este alcalde es la de ser “constructor” parte de su patrimonio es producto de su trabajo inmobiliario y es, este negocio, el que motivó su incursión en la política. Con muchos juicios pendientes y uno con sentencia, el Odorico cochabambino tiene la obsesión de construir un “Centro de Convenciones”, una más de sus “obras” dedicadas al negocio de la construcción. Pero también tiene varios proyectos fallidos y tal parece que no está dispuesto a ceder a las demandas de importantes sectores de la sociedad cochabambina que se oponen a una construcción en un predio destinado a preservar un ambiente dedicado a la cultura de la vida, es decir, un Museo de historia natural. Al Odorico cohabambino, no le interesa la cultura, de hecho, su secretario y vocero, de apellido Rico, pero muy pobre en conocimiento, ha declarado que no tiene idea de quién es Alcide d´ Orbigny; seguramente este es el motivo de su compulsión para destruir el patrimonio de la cultura e historia natural de Bolivia. El Odorico cochabambino, fue cómplice en el intento de privatizar el agua en el año 2000, en el año 2003 se convirtió en socio de “Goni” y sus intentos de entregar el gas boliviano a una transnacional; por otra parte no debemos olvidar que fue echado de su cargo de Gobernador en el año 2008 como resultado de un referéndum revocatorio. Desde su residencia en EEUU fue un activo participante de las aventuras desestabilizadoras del gobierno de Evo Morales y parte del golpe de 2019. El Odorico cohabambino fue premiado con el voto de los sectores conservadores de Cochabamba (nietos de los viejos patrones de hacienda) y por el descontento de sectores populares que no apoyaban al candidato del MAS. Como toda tradición colonial, el padre alcalde, implementa el “mayorazgo” para que el hijo continúe con los negocios familiares sobre la base de dineros estatales o mejor con el dinero de todos los cochabambinos y cochabambinas, declarando, el hijo, que ha dejado un trabajo con salarios superiores a los 100 mil dólares, por “servir” al pueblo cochabambino. Así en el municipio de Cochabamba se ha instalado una nobleza como sistema de poder. Cochabamba es una ciudad que no soporta una lluvia intensa de 15 minutos, ya que gran parte del centro se inunda, el abastecimiento de agua sigue siendo un problema en varios barrios, el transporte es un caos (son aliados de su majestad) pero estos aspectos no interesan, lo importante es el Centro de Convenciones, discurso con el que ha convencido a la junta de vecinos de una zona donde se asientan las conciencias señoriales de Cochabamba, la zona norte. Cochabamba ha dejado de ser la “ciudad jardín” por la permanente tala de árboles, no existen políticas de preservación de la otrora generosa vegetación cochabambina, las élites económicas que invierten en el negocio inmobiliario están llenando a Cochabamba de cemento, de altos edificios en calles angostas, construyendo ambientes órfricos, tal vez con la esperanza de construir un pequeño remedo de Nueva York, o alguna ciudad de EEUU, donde radican miles de cochabambinos. Seguramente el Centro de Convenciones será construido, porque es un buen negocio, porque la construcción, el negocio inmobiliario ha sido la actividad más rentable del alcalde, que ha convertido a Cochabamba en un pequeño feudo con un delfín incluido. El autor es escritor e historiador potosino.

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¿Un nuevo Plan Cóndor en América Latina y el Caribe?

Lautaro Rivara y Fernando Vicente Prieto Adelanto del libro El nuevo Plan Cóndor: geopolítica e imperialismo en América Latina y el Caribe (Editorial Batalla de Ideas / Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2022) El despuntar de una década y el regreso de la geopolítica Quizás pocos recuerden que la tercera década del siglo XXI comenzó violentamente un 3 de enero del 2020: con un ataque aéreo al Aeropuerto Internacional de Bagdad, Irak. El operativo de precisión fue llevado a cabo a través de los drones inteligentes Predator B. Tripulados virtualmente desde cientos de kilómetros de distancia por operadores estadounidenses, lanzaron dos proyectiles aire-tierra Hellfire R9X a un convoy de las milicias iraquíes respaldadas por el gobierno de Irán. En el ataque resultó asesinado el comandante de la Fuerza Quds, Qasem Soleimani, militar de prestigio en su país, segundo en la línea de sucesión y uno de los principales artífices de la política de guerra y de paz en el Oriente Medio. Como quien quiere dar a entender exactamente lo contrario de lo que afirma, el por entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su gobierno no buscaba un «cambio de régimen» ni tampoco dar comienzo a una guerra. Como fuera, era evidente que «cambio de régimen» y «guerra» aparecían como dos elementos de importancia para interpretar aquella coyuntura; y también para los tiempos por venir. El asunto, irreductible, era que con tan solo apretar un botón no solo moría un general, sino también las breves esperanzas de paz de una década que comenzaba así, guerrerista y violenta. Por entonces, una rápida escalada de declaraciones y movimientos militares parecían poner al planeta al borde de una conflagración mundial. En boca de todos, civiles y militares, especialistas y legos, occidentales y no occidentales, sonaba una palabra que parecía ser la clave de bóveda para la comprensión de tan complejos acontecimientos: la geopolítica. En lo que va de este siglo, y más todavía tras el reto global presentado a la humanidad por la emergencia de la pandemia de COVID-19, la geopolítica parece ya parte de nuestro vocabulario cotidiano. De la geopolítica de las vacunas a la geopolítica del petróleo, de la geopolítica imperialista a la geopolítica de la integración, de la geopolítica del clima a la geopolítica militar; parece en vano intentar comprender algo sin ella. Las tentativas liberacionistas de los pueblos no pueden prescindir de la dimensión geopolítica como una herramienta epistemológica, ni tampoco como una mediación estratégica fundamental. Es notorio que el poder se concentra en el espacio de forma desigual. El espacio será, por lo tanto, un terreno privilegiado de la acción política, ya sea imperial o anti-imperial, colonial o liberadora. A esta nueva situación global determinada por la emergencia de COVID-19 se suman otros «signos de los tiempos», entre ellos los indicadores cada vez más evidentes de una nueva transición hegemónica global; el desplazamiento del eje geopolítico del mundo hacia Oriente; el conflicto entre unipolarismo y pluricentrismo; la crisis de las principales instituciones del autodenominado «mundo occidental»; la militarización y paramilitarización incesante de la vida; la consolidación de «nuevas derechas» y la fascistización en proceso de diversos sectores sociales; la nueva revolución tecnológica y la irrupción de corporaciones de nuevo tipo; la desenfrenada disputa por los bienes de la naturaleza, de cara a que la rueda de la hiperproducción y el consumo continúe girando; el agravamiento del cambio climático y de todos los indicadores de la crisis ecológica; la erosión del neoliberalismo como sistema económico —e ideológico— hegemónico; la eventualidad de una crisis económica de magnitud histórica; el declive de los Estados Unidos y el simultáneo recrudecimiento de su accionar imperialista en América Latina y el Caribe. Fenómenos que nos urgen a una reflexión estratégica y situada sobre la actualidad geopolítica de la región en el marco de un mundo convulso e incierto. Nuevas doctrinas y estrategias de intervención Una conocida anécdota ilustra algunas de nuestras vicisitudes continentales. En enero de 1897, el artista Frederic Remington fue enviado a Cuba por el New York Journal, propiedad de William Randolph Hearst. Remington estaba allí para cubrir la eventual guerra que habría de desarrollarse, pero nada acontecía. El dibujante dirigió entonces un cable a su jefe, en el que le expresó: —Todo está tranquilo. No hay problemas. No habrá guerra. Deseo volver. A lo que Hearst respondió: —Por favor, manténgase allí. Usted proporcione las imágenes y yo proporcionaré la guerra. Poco más de un año después, el 15 de febrero de 1898, se produjo la explosión del vapor norteamericano Maine, anclado en la bahía de La Habana. En torno a este episodio, posiblemente una operación de bandera falsa, los medios de comunicación —no solo el de Hearst, sino también el New York World de Joseph Pulitzer, convertido hoy casualmente en un prestigioso galardón— difundieron la semántica de la guerra y ayudaron a convencer a la opinión pública de la justicia de la causa norteamericana. Esto dio cobertura ideológica y estímulo político a una acción militar largamente planificada. Luego de triunfar en la guerra Hispano-Cubano-Norteamericana, EE. UU. tomó posesión de las antiguas colonias españolas de Filipinas, Cuba y Puerto Rico. Así comenzó a consolidar su control territorial en el Caribe, esa «frontera imperial» estratégica (Bosch, 1985). Ya en el siglo XX, el dominio de este espacio fue ampliado con la secesión de Panamá, una prolongada ocupación de Haití y República Dominicana y la compra a Dinamarca de las denominadas Islas Vírgenes Estadounidenses. Hoy este es el centro de operaciones del Comando Sur, desde donde irradia su influencia a todo el continente. Nada es completamente nuevo bajo el sol. Existe una continuidad patente respecto de aquella articulación de dispositivos políticos, militares y comunicacionales puestos al servicio de la intervención y nuestro propio presente geopolítico, aunque las formas y los pretextos de la guerra se hayan desplazado hacia competencias que en otro tiempo tenían una relación más distante con las operaciones estrictamente militares. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde los tiempos del Maine y desde los golpes de Estado

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Juicio Ordinario contra Jeanine Añez, caso «Golpe de Estado II»

Galo Amusquivar La suspensión del Juicio Ordinario a Jeanine Añez, por el caso “Golpe de Estado II”, por lo delitos de incumplimiento de deberes y resoluciones contrarias a la Constitución y las leyes, previo a su asunción intempestiva e inconstitucional, deja varias interrogantes: ¿Qué pasó en la antesala del juicio? ¿Qué pasó en las calles, mientras el juicio intentaba iniciarse? ¿Qué sucedió en esos intermedios antes de la emisión de la Resolución Judicial de anulación? ¿Qué sucederá después del fallo? El miércoles 9 de febrero de 2022, empieza el show mediático, astutamente Añez ingresa en una huelga de hambre –intentando cambiarse del banquillo de acusada a víctima– que no es más que un flagelo que atenta contra su vida y su salud, con la intención de demostrar ante la opinión pública, que no puede defenderse estando detenida; posteriomente aparece en los medios de comunicación su hija, Carolina Ribera, solicitando que el juicio sea público, presencial y no virtual, argumento que fue utilizado por los abogados de Añez en todas las audiencias previas a la apertura de juicio ordinario del 10 de febrero de 2022. Previa a la apertura de Juicio Ordinario en contra de Añez, sus abogados, entrevistadores y opinadores, entre ellos Juan del Granado (político de derecha y defensor del Prófugo de la justicia boliviana por hechos de corrupción, Luis Revilla), Iván Arias (actual alcalde de la ciudad de La Paz, ex Ministro en el gobierno inconstitucional de Añez y co-responsable del Decreto Supremo N° 4078, que eximió de responsabilidad penal a los militares en el año 2019, dándoles facultades de asesinar a 37 personas), Susana Seleme Antelo (personaje de Santa Cruz, racista y discriminadora, defensora acérrima de la derecha radical y logiera de Santa Cruz) y Franklin Pareja (analista político, parcializado a favor del Gobierno de Añez y con la derecha actual), intentan colocar en agenda mediática, a través de argumentos poco sólidos y fundamentados que el proceso estaría viciado y carecería de legalidad, que no se tuvieran las pruebas necesarias y que se tendría que juzgar a Añez a través de un Juicio de Responsabilidades. Respecto a las pruebas, la Fiscalía presentó dos tipos: documentales y testificales. La acusación formal contiene la nómina de 16 testigos de cargo y 70 pruebas documentales, por lo que la suspensión del juicio, tiene un solo objetivo, el sacrificio que están realizando en complicidad de la misma Carolina Ribera (hija de Añez) para que Añez continúe con su huelga de hambre y así puedan sacarla del centro penitenciario. Por otra parte los opinadores de derecha, mencionan que el juicio debería ser de responsabilidades, intentando obligar al Poder Legislativo a aprobar un juicio de privilegio, como lo sucedido con Luis García Mesa, que fue iniciada bajo la Constitución Política del Estado del año 1967, en plena crisis política y los consecutivos golpes de estado, en aquel momento, los militares lograron incorporar privilegios constitucionales, como el Juicio de Responsabilidades y varios salieron impunes, como es el caso de Hugo Banzer Suarez, que dio el golpe de Estado en agosto de 1971, Alberto Natusch Busch, que lo hizo en noviembre de 1979, entre otros. Por otra parte, no hay que olvidar que existe jurisprudencia internacional para llevar adelante juicios ordinarios en contra de Ex Presidentes de Facto que tomaron el poder por la fuerza y se autoproclamaron presidentes, que no tiene otro nombre más que Golpe de Estado. El 9 de diciembre de 1985, se dictó las sentencias del juicio contra nueve altos oficiales de las Fuerzas Armadas de Argentina que integraron las sucesivas juntas militares de gobierno que rigieron los destinos del país vecino desde el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Entre estos militares, estuvieron Jorge Rafael Videla (ex Presidente de Facto de Argentina) y Emilio Massera; Así mismo, con el arresto del dictador chileno y Presidente de Facto, Augusto Pinochet en Londres, se marcó jurisprudencia global sobre los crímenes de lesa humanidad, ciertamente, la solicitud de extradición presentada por España, cuando Pinochet se encontraba en el Reino Unido, fue un hecho de especial trascendencia en la inteligencia de la persecución de los crímenes internacionales, fundamentándose que no existen privilegios cuando se trata de delitos de lesa humanidad y de vulneración de derechos humanos. Por lo que me permito plantear dos argumentos, la administración de facto inconstitucional, la toma de poder y la autoproclamación, no son derivados de una sucesión constitucional, carecen de dos elementos esenciales: legalidad y legitimidad; y cuando se trata de vulneración de derechos humanos, no existen privilegios, entre los que figura el juicio de responsabilidades, por lo que es necesario que todos los juicios abiertos contra Añez, se lleven a cabo por la vía ordinaria. Regresando al juicio contra Añez, se vio en la calle a dos sectores movilizados, los que pedían su liberación; y los sectores, colectivos y personas que se autoconvocaron para impedir que exista una presión social en las puertas del Tribunal Primero de Sentencia Anticorrupción de La Paz. A pesar de la victoria en las calles por parte de las víctimas de las masacres de la dictadura de Añez, en los estratos judiciales se sufrió una derrota, puesto que los abogados de Añez, utilizaron la chicaneria jurídica, a través de excepciones e incidentes para retrasar y suspender la apertura de juicio oral, dando lugar a que el Tribunal anule la Resolución de Apertura de Juicio Oral, demostrando nuevamente el problema estructural que se tiene en la administración de justicia y la solidez en la acusación por parte del Poder Ejecutivo (con la ausencia del Ministerio de Justicia y Transparencia Institucional). A pesar que algunos activistas en Derechos Humanos mencionan que el caso del “Golpe de Estado II” en contra de Jeanine Añez, no se relaciona con sus demandas o pedidos de reparación por las masacres de El Pedregal, Sacaba y Senkata, quiero remarcar, que todo tiene un hilo conductor y una secuencia histórica en los hechos, lo cual si bien deriva a distintos procesos judiciales, no podemos perder la objetividad que

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El nuevo papel de Honduras en el tablero político latinoamericano

Joel López-Muñoz Honduras vuelve a la escena política latinoamericana con la presidencia de Xiomara Castro, esposa del ex presidente Manuel Zelaya, quien fue derrocado con un golpe blando de los Estados Unidos en el 2009.  A partir de ahí los problemas de Honduras se agudizaron con una serie de gobiernos de corte de derechas, liderado posteriormente a Zelaya por Pepe Lobo, quien está acusado en la lista Engel, implicado en el caso de los Pandora Papers con paraísos Offshore.  Seguido por Juan Orlando Hernández, quien redujo el gasto social y favoreció a varias empresas con dinero público, incrementó los favores a empresas extranjeras para el extractivismo exacerbado, y lucró con la violencia para hacer compras armamentísticas ilícitas. Históricamente el pueblo hondureño ha sido golpeado en su economía por países centrales que extraen los recursos naturales y despojan su matriz productiva. Esto ha generado condiciones de desigualdad que germinan socio estructuralmente sobre los sectores más humildes, y pueblos originarios, y garífunas, quienes han sido más explotados con estos modelos económicos. El desafío de este nuevo gobierno tiene una agenda política compleja, con recientes oleadas de caravanas migrantes hacia los Estados Unidos, que huyeron de la miseria y la falta de oportunidades en Honduras. La corrupción que se ha enquistado en los últimos dos gobiernos, la violencia que se incrementa, y pone a Honduras entre los países más violentos del mundo. El narcotráfico, y las mafias, que son un entramado del establishment, el extractivismo, la desigualdad y la falta de derechos sexuales y reproductivos. Así como la deuda de amnistía a los presos políticos del golpe de estado a Manuel Zelaya desde Washington. El triángulo norte como le nombra Estados Unidos a  Guatemala, El Salvador y Honduras, ha sido un procedimiento estratégico imperialista de sometimiento sin precedentes exitosos. La ayuda al combate al narcotráfico, se ha convertido en un disparate de mafias involucradas en los gobiernos, y esa supuesta protección como “países seguros” solo ha generado más líneas de pobreza, hambre y migraciones de niños como en ninguna parte del mundo. La llegada de Xiomara Castro al gobierno es producto de una incansable lucha de movimientos sociales, partidos políticos de izquierda, y organizaciones populares, para sopesar los abusos contra el pueblo de los gobiernos de derechas, con complicidad de las oligarquías locales y los EE.UU.  El gobierno de Castro quien asumió con el partido Líder llega con el desafío histórico de todo país centroamericano, de no solo tomar el gobierno si no tomar el poder y articular los sectores populares y de militancia política para un avance democrático y a favor de las mayorías.  En los últimos meses hemos podido observar el tablero político ideológico en América Latina, con la llegada de Boric a la presidencia de Chile, la recuperación democrática en Bolivia, el binomio presidencial de Alberto Fernández y Cristina Fernández en Argentina y el giro a la izquierda en Perú. Fueron varios los guiños hacia Xiomara Castro, como por ejemplo el mensaje de Nicolás Maduro presidente de Venezuela –“El pueblo de Morazán retoma el camino de la esperanza otorgándole una histórica victoria a la presidenta electa, Xiomara Castro” Cristina Fernández: “Los pueblos siempre vuelven” Asimismo vista con buenos ojos por el Presidente Boric y el expresidente de Bolivia Evo Morales. Este respaldo latinoamericano es muestra que la comunidad internacional mantiene viva la esperanza que el pueblo de Honduras retome la democracia y el camino al progreso y los derechos humanos.   El autor es comunicador y realizador audiovisual.

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A UNA SEMANA DEL 31E

Camila Azeñas Uzquiano A una semana de la gran movilización del 31 de enero, marcha que lejos de ser invención y mérito primigenio de alguna personalidad u organización, es la respuesta masiva y colectiva a las constantes arremetidas del sistema patriarcal capitalista. Las violencias machistas no son un trastorno del orden regular de las cosas, es una dinámica endémica de ese sistema al que estamos dados y que se ha profundizado durante estos dos últimos años de crisis sanitaria global. Esta coyuntura pandémica absorbió una normalidad en estos términos, la excepcionalidad fáctica hizo del aislamiento y la reclusión un exacerbante en la erosión de la epidermis colectiva respecto las formas corruptas, negligentes y criminales que tiene el proceder del aparato judicial y policial boliviana, frente a los múltiples casos de feminicidios, violaciones y violencias machistas irresueltos.  La marcha del pasado lunes que tuvo como detonante los casos de Iris y Lucy vinculados a Richard Choque que ha destapado una red de consorcios cómplices, ha materializado la demanda masiva por justicia, la urgencia por una respuesta verosímil del Estado, mecanismos prácticos e inmediatos que viabilicen y garanticen su acceso y su efecto real para dejar de producir y reproducir una justicia a la medida de quienes gozan de los capitales suficientes para deslindarse de cualquier responsabilidad y sentencia cabal, y esto a su vez ha logrado inyectar la impunidad feminicida en la conciencia colectiva de la sociedad boliviana.  ¿Las violencias machistas tienen raíces estructurales arraigadas en la reproducción de un orden social equivalente? Si, se ha hablado y se ha señalado esto. ¿Que la respuesta es una reforma al órgano judicial y a toda instancia vinculada a la producción de justicia, como a su prevención? También ¿Se necesita la reforma de la ley 348 para garantizar incluso el correcto proceder de cualquier instancia que asuma la tarea pendiente? Efectivamente. Pero las víctimas y las familias no pueden esperar el tiempo que lleva una reforma estructural del órgano judicial y policial. Nos matan, nos violan, nos violentan y no hay tiempo para burocracia (inevitable) Entonces ¿Es posible dar una respuesta sostenible y real sin esta? estamos inmersos en una paradoja agria. La comisión ¨de excepcionalidad histórica¨ planteada por Mujeres Creando contemplaba si, una esfera de alto nivel que pueda conjuncionar los diferentes poderes del Estado contando así con la capacidad de revertir sentencias de determinadas características, pero haciendo énfasis en la necesidad de un equipo numeroso, técnico, profesional y que involucre la participación activa de la sociedad civil. Experiencia en comisiones se tiene, no solo el precedente y error, si no la vigente comisión mixta de investigación de casos de feminicidio y violencia de la ALP como referencia. La voluntad gubernamental de responder a la demanda es innegable, y es la que ha llevado a la conformación de la Comisión (cerrada y obtusa) que tenemos ahora, la pregunta es ¿Esa voluntad es suficiente para dar soluciones inmediatas y prácticas? va a tener que responder a la movilización y acción de la sociedad civil organizada e inconforme. La Federación Regional de Gremiales de El Alto y juntas vecinales realizarán una marcha de protesta hoy lunes 7 de febrero, contra el accionar de jueces, fiscales y policías, es decir, contra el aparato judicial y policial y van a exigir acciones inmediatas. Declarar el 2022 como el Año de la revolución cultural para la despatriarcalización por una vida libre de violencia contra las mujeres, plantea justamente estas reformas estructurales y no puede quedar en un slogan como si de una marca se tratara, pues supondría una articulación perfecta con los modos de producción de un capitalismo patriarcal-colonial. Que la respuesta política desde el Estado se disuelva en un relativismo impotente frente a la injusticia, NO es una opción. La autora es politóloga y activista feminista

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La construcción debe ser en conjunto

Amalia Canedo En la construcción social de nuestro país se considera que la cultura y el arte son accesorios a su vida pero no como urgencia en la medida de construir y apostar por mejores días para sus ciudadanos. Actualmente pasa con el Museo de Historia Nacional Alcides d’Orgbigny y el deseo de nuestro alcalde de moverlo a toda costa al jardín botánico sin entender cuáles son las funciones reales de cada uno de estos dos predios y cual su razón de ser. Así es la radiografía general de cómo se construye la gestión de la cultura en nuestra sociedad, escuchamos lo que los pocos con privilegios opininan y desean y poco o nulo caso a la verdadera esencia de las cosas y de los llamados a ocupar esos espacios, como en este caso especifico son los investigadores y científicos. La cultura, la educación y el arte en nuestro medio se los gestionan desde la más descarada y negligente ignorancia, su cuotea el poder para luego otorgar voz al que más favores políticos obtiene, gente sin empatía y sin real entendimiento del cargo que ocupan haciendo planificaciones de la gestión como si se tratará de la empresa de producción privada más grande, sin velar por lo importante que es comenzar a formar a nuestros infantes, adolescentes en la importancia de cada uno de los espacios destinados a la investigación, la observación y también de la creación.- ¿somos conscientes realmente del futuro que estamos creando?- Debemos replantearnos la forma en que gestionamos nuestros proyectos en las instancias públicas para que de esta forma nuestras propuestas no se vayan a saco roto y las ilusiones que se ponen en cada propuesta no se diluyan, es urgente mirar pero sobretodo observar con ojos críticos y cuestionadores lo que hacemos y lo que nos plantean a la hora de ejercer nuestro derecho cultural. ¿Cómo creamos consciencia sobre aquello que deseamos realizar? Desde el conocimiento de nuestro entorno y la necesidad que tiene en su cotidiano, de asumir la consciencia de clase como fundamental para la estructuración de las tareas culturales y artísticas ; ¿ qué nos motiva?, ¿qué motiva a mi comunidad?, ¿Cuáles son las dificultades particulares que tengo? ¿Cuáles las dificultades que nos atraviesan? Y por su puesto cuales son también nuestras fortalezas y nuestros logros comunes, ahí podremos hacer lineamientos reales a la hora de desarrollar propuestas desde nosotros ciudadanos para nuestra comunidad. Necesitamos que cada artista, cada gestor cultural y /o promotor cultural sea consciente de todo esto y así poder engranar conjuntamente propuestas que obliguen a los servidores públicos a cumplir con su rol de servicio a todos y no ser simplemente promotores de espectáculos efímeros que no contribuyen al afianzamiento de la cultura y el arte en nuestro medio. Necesitamos un golpe de realismo en nuestro cotidiano para ser consecuentes con este territorio pedregoso de construir para todos… La autora es gestora cultural (de alasitas)

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Los pueblos del oriente y el Estado Plurinacional

Emilio Rodas Panique La guerra de independencia, las diferentes guerrillas y repúbliquetas en el territorio de la Audiencia de Charcas no habrían tenido consistencia si no hubiera estado nutrida con combatientes indígenas, Cumbai es la máxima expresión del aporte indígena a los ejércitos argentinos, los Guaranies eran mayoría en los ejércitos de Warnes y Arenales en la batalla de Florida, Pedro Ignacio Muiba en las llanuras de Moxos fue el verdadero Comandante de la resistencia, y durante el repliegue patriota de Santa Cruz tras la muerte de Warnes, las comunidades indígenas guaraníes circundantes a Saipurú alimentaron, protegieron y nutrieron las cuadrillas de el Colorao Mercado en sus incursiones contra la huestes realistas de Aguilera. Pese a esa contribución constante e innegable, las expectativas de los pueblos indígenas fueron ignoradas en la república, la voracidad criolla y su hambre de riqueza fueron mucho más allá que los españoles y en 70 años de república eliminaron cualquier vestigio de derecho indígena sobre la tierra mediante el despojo sangriento, la nación Guaraní fue sometida a sangre y fuego en 1892 por el ejército republicano en beneficio de los terratenientes chaqueños y extranjeros que habían decidido tomar sus territorios para expandir la producción ganadera, Apiaguaiqui Tumpa y sus 7.000 kereimbas en Kururyuki dieron la última batalla de una nación que había resistido más de 300 años al imperio Español y 70 de república heredera. El estado liberal intenta uniformar el concepto de ciudadanía desde la concepción europea y profundiza la invisibilización del indio, pese a que este propio ciclo liberal no hubiera sido posible sin la participación de Zarate Villca en alianza con Pando para la definición de la guerra que abriría las puertas al periodo liberal, esto entierra las posibilidades de una apertura hacia lo indígena desde un nuevo ciclo político, y pese a los congresos indigenales en tierras altas de los años 30 (post guerra del Chaco), no hubo empoderamiento. En tierras bajas hacía ya mucho que la noche había caído y el pongueaje y la esclavitud eran las reglas. Incluso territorios como Lomerío que durante las misiones jesuíticas y el resto de la colonia habían sido refugio de libertos, ahora pertenecían a alguna hacienda que contaba a los indios como parte de su patrimonio. La revolución del 52 y su reforma agraria, desde lo nacional popular intentaba uniformar el campo como campesino reproduciendo el modelo de sindicato mecánicamente sobre la tradición organizativa indígena, esto tanto en tierras bajas como en tierras altas produjo altos niveles de tensión pues negaba lo identitario y lo comunitario a partir de entregar parcelas y no tierras comunitarias. Lo nacional popular desde el 52 le impuso a la política agraria en relación al oriente su visión, por ello las dotaciones de tierras tenían el carácter de colonización, el gobierno tenía un Instituto Nacional de Colonización, aunque ahora haya migrado a Interculturales su ejecución era de ocupación. El ciclo neoliberal encuentra varias regionales Indígenas de tierras bajas constituidas, se empieza a mirar la perspectiva de empoderamiento indígena en tierras bajas, con la fundación de la CIDOB los conceptos de Territorio Comunitario y Autogobierno uniformizan el discurso. Cuando el Consenso de Washington trataba de uniformar el campo desde la mirada mercantil de la tierra, en alerta los pueblos indígenas hablan de Territorio y Reconstitución de los territorios, cuando se hablaba en Bolivia de Globalización los pueblos indígenas hablan de valores ancestrales, usos y costumbres, democracia comunitaria, justicia comunitaria y autogobierno, retomar el camino interrumpido por el corte colonial, la república y el neocolonialismo en sus diferentes versiones, ya no era posible demandar solo reivindicaciones parciales, la Asamblea Constituyente surge como la única salida a la crisis terminal de la república excluyente y su última versión, el modelo neoliberal. El carácter originario de la Asamblea Constituyente abre el camino a la refundación. Gran parte del debate político sobre el estado plurinacional estaba nutrido del debate histórico surgido de la Coordinadora de Pueblos Étnicos de Santa Cruz, que a la vez fue el núcleo del bloque oriente como eje articulador de discurso rural -más allá de lo puramente orgánico indígena- junto a la CPEMB, la Asamblea del Pueblo Guaraní y otras organizaciones amazónicas expresaron la presencia territorial y cultural de un proceso vivo que superaba los limites republicanos para dar forma a lo plurinacional. Fue por ello la virulencia del ataque de la derecha fascista contra la organización indígena, primero en la quema sistemática y continua de las sedes chiquitanas desde San Javier hasta San Ignacio, el saqueo y desmantelamiento de la CPESC fue brutal, el intento de ser ejemplarizador por su valor histórico en la construcción teórica y sustento del estado plurinacional, no quedaron ni los marcos de las puertas de las oficinas, ni las calaminas del galpón en que cientos de veces los dirigentes debatían hasta amanecer sobre la forma en que materializarían sus sueños. Han pasado los primeros 13 años del Estado Plurinacional, ha habido avances y hay peligros, hemos logrado consolidar las autonomías indígenas aunque no se logró reordenar los departamentos para dar continuidad geográfica a nuestros territorios, hemos superado la democracia formal representativa e instaurado la democracia intercultural, aunque no pudimos reconstituir el parlamento con una Cámara de las Naciones que era lo que correspondía en lugar de un Senado que no justifica su existencia, ya antes de la CPE habíamos logrado consolidar los Territorios Comunitarios Indígenas e impusimos incluso en la dotación a Campesinos e Interculturales lo comunitario, y aunque hemos logrado la ley de deslinde jurisdiccional de la justicia comunitaria, aún falta que el Órgano Judicial consolide institucionalmente este componente de la justicia y no se lo siga viendo como accesorio o folklórico. La crisis de la justicia es tan profunda que lo comunitario con su componente de conciliación puede descomprimir gran parte de la carga procesal. Desde la crisis de la 8va marcha indígena por los desacuerdos del TIPNIS, los pueblos indígenas de tierras bajas se internaron en una profunda crisis orgánica que se profundizó por los efectos de las denuncias

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Oficios/Pasiones/Paradigmas/Alternativas

Carlos Bleichner Delgado Creo que cuando te apasionas por tu oficio/trabajo; empiezas a leer el mundo en la clave de tu oficio. No sé si TODOS los oficios te ofrecen esas dimensiones. Pero me animo a decir que, si un oficio no te concedió estas percepciones; capaz no profundizaste lo suficiente en él. Amo leer el mundo en clave actoral. Sé que pasa lo mismo con la psicología, la arquitectura, la música, la política, el tenis. ¿Cómo será leer el mundo en clave gastronómica? Dan ganas de aprender de todas esas profesiones para degustar un mundo más amplio. Me apasiono tanto con el paradigma actoral que vamos construyendo y experimentando en la vida; que escribo columnas sobre ello. Son como cartitas de amor a ese paradigma. Pequeñas confesiones, a veces algo prematuras. Arrebatos. ¿Qué haríamos sin esos arrebatos de amor? ¿Qué haríamos sin ese deseo? ¿Qué haríamos sin esa hambre de seguir investigando/experimentando/compartiendo? Morir. Amo la tragedia. Es bellísimo que nuestros oficios sean de vida o muerte; aunque no lo sean. Esa hambre con la cual anudamos cuentos que poetizan nuestros vacíos, es nuestro motor. Qué revolucionario jugar con fuegos. Ahora bien. En nuestros desenfrenos, de repente encontramos claridades tan lúcidas que empezamos a creer que son dignas de imponerse. No por mala onda; sino con las mejores de las intenciones. Ahí hay un problema. Jodido y rico. Trágico. No quiero imponerme. Y también reconozco que cuando te tocan los huevos es más que saludable y placentero devolver el sopapo. No se trata de ser buenudo o políticamente correcto. Unos buenos gritos pueden ser los mejores maestros. Al entrenar actuación nos vamos dando cuenta de la complejidad y belleza de esto. Cuando entrenamos actuación, no sólo asumimos personajes/roles con otros modos de pensar/habitar/leer/comprender el mundo. Cuando actuamos jugamos con las tensiones que implican las creaciones. “La escena es un campo de tensiones”, dice Guillermo Cacace. En consecuencia, habitar una escena equivale a jugar con los conflictos de los personajes, así como con el campo compositivo que clama una escucha grupal para no ser monopolizado por un solo individuo imponente; o varias individualidades que se disputan un protagonismo egocéntrico. ¡Qué jodido afinar esa escucha! ¡Qué apasionante! Sobran obras individualistas. Sobran conflictos políticos que tienen como génesis el enaltecimiento del culo propio. Necesitamos cambios. Cuando escribo estas columnas, trato de compartir alguito de lo innombrable de la tarea actoral. Por supuesto que sería mejor actuar que escribir; pero encuentro una paradoja (tensión) digna de sostenerse (por ahora) en este trabajo. Si me preguntas cómo relacionar estas cosas con algún conflicto puntual, seguro que me encantará hacer la tarea de traducir nuestro paradigma actoral para actuar/encarnar posibles encausamientos al conflicto en cuestión. PERO esto no quiere decir que funcione; tampoco quiere decir que estamos hablando de “el paradigma”. En vez de pensar en funcionalismos, decido enfocar en operaciones situadas; en algún caso servirá mucho asociar estos contenidos actorales y en otros será irrisible. En suma, creo que se trata de simplemente producir alternativas. Ante la insatisfacción (introduzca aquí algo que lo deje insatisfecho) podemos quejarnos, podemos adormecernos, podemos echar la caca al otro, podemos producir/probar alternativas, o hacer un mejunje con todo esto. En estas columnas quiero compartir la manera en la que entrenamos actuación. Nuestras búsquedas, nuestros cuestionamientos, nuestras militancias. Este modo de concebir y practicar la actuación es un intersticio, como lo concebía Marx y se expone en Estética relacional de Bourriaud: “El intersticio es un espacio para las relaciones humanas que sugiere posibilidades de intercambio distintas de las vigentes en este sistema, integrado de manera más o menos armoniosa y abierta en el sistema global. (…) crear espacios libres, duraciones cuyo ritmo se contrapone al que impone la vida cotidiana, favorecer un intercambio humano diferente al de las “zonas de comunicación” impuestas”. Todes, tenemos el potencial de crear intersticios donde podamos escindirnos de las mierdas que nos rodean. De las imposiciones. De las costumbres. De los ritmos. Pienso que cuando a un psicólogo le apasiona su trabajo, lee todo en clave psicológica, un matemático encuentra números escondidos en lugares inesperados, una cocinera conoce el sabor de su esposo… Nuestras profesiones/ocupaciones pueden ser más que un título u ocupación. Tienen potencial de paradigmas. Lo rico de la actuación es que te descubres como un comodín. Somos múltiples, nuestras identidades no están definidas. Las ponemos en crisis. Qué sublime tomar este desafío. Si juzgas al personaje que encarnarás, te alejas de él. Entonces mejor acercarte. Habitarlo. “El arte contemporáneo desarrolla efectivamente un proyecto político cuando se esfuerza en abarcar la esfera relacional, problematizándola.” (Igualito, de Estética relacional). El autor es actor.

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