Opinión

Desaparecer

Carlos Bleichner Delgado Me preparaba para escribir. Procrastinaba. Me cuesta mucho saber si hacerme un café es una necesidad o procrastinación. Siento mariposas en el estómago. Evidentemente estoy enamorado de algo. No saber bien de qué; es lo que me pone un poco nervioso. Pienso que si sabría muy bien de qué; tal vez perdería un poco el misterio, y entonces no estaría tan enamorado. Me gusta estar nervioso. No siempre me animo a darle curso. Agua entonces. No pierdo tiempo en hacerme el café. Sólo pongo agua a la taza; así tengo un objeto con el cual poder respirar un poco (como la toalla de los jugadores de tenis; no importa el sudor realmente, sólo tomarme un tiempito, respirar entre games, antes de iniciar el siguiente game). Conducía por un lugar de la ciudad de Cochabamba que me hacía referencia a Octubre del 2019. Duro decirlo. Mes de mierda. Perdón. Este lugar no se vinculaba mucho a una zona en la que yo había estado presencialmente en esas noches. Pero sí era un lugar más peligroso; porque era un lugar por donde habían estado mis papás y mi hermana. Me siento frágil mientras conduzco. A la vez percibo la fragilidad de estar yendo a dejar a mi hijita chiquita a uno de sus primeros días de jardín. Ella elije la música. Me sorprende. Me reprocho por festejar demasiado cuando elije algo que sí me gusta. Ojalá no vuelva a poner Stratovarius, pienso. Pero igual disfruto; de las mariposas, de mi hijita eligiendo, y de la posibilidad de jugar al tenis sin jugar al tenis: escribiendo. ¡Pero mierda! ¡Octubre! Eso no es tan disfrutable. Pero… Yoshi Oida (googleenlo si les da ganas, era actor) puso en palabras algo muy hermoso que venimos trabajando muches: “El actor invisible”. Intuyo que por ahí va la cosa. En un arte, que tradicionalmente se abocó a provocar fascinación, rostridad; que el objetivo común fue llegar a ser “una estrella”, “una diva” (star-system); el cuate japonés viene a decir que lo mejor es: ¡desaparecer! “El actor invisible”: se trata de una actuación en la que no prime el “yo”. La potencia de que “yo” desaparezca está en que sólo así, una individualidad deja de monopolizar “el sistema-obra/teatral/artística”; y emerge la posibilidad de actuar en red; es decir, que la construcción sea colectiva. Esto, es un posicionamiento político. “El actor red, no es lo que hace él mismo/sólo; sino el actor más sus conexiones”, parafraseando a Latour. Preguntémonos: ¿Cómo hacemos nuestras obras? ¿Cómo laburamos? ¿Cuánto necesito al otre? ¿Cuánto me animo a necesitarlo? ¿Cuánto me animo a aceptar esa necesidad? ¿Cuánto insisto en hacerlo sólo y/o a mi manera? ¿Cuánto me animo, hoy, ahoritita, a desaparecer? Fui al baño. No sé si realmente necesitaba; o tengo miedo a seguir escribiendo. Agua. Toalla. Respiremos. Un par de games más. No sé si escribir esto: “Un Mesi, sin un equipo que lo contenga y sostenga; es como estar con diarrea, encontrar un baño que te salve, pero no hay papel”. Evidentemente, no importa si voy al baño, si “procrastino”, o qué; en mi cuerpo (a veces más que en mis pensamientos) van a seguir estos conflictos: Octubre. Entre muchas frases mentirosas, desde una perspectiva: “¡No tenemos miedo, carajo!”. ¿Quién no se cagó de miedo? ¿Cómo no tener miedo? El problema, creo, no es “tener miedo”; es no permitirnos aceptarlo, o las situaciones que dificultan que lo aceptemos (ahí actuamos ideas; no procesos aquí y ahora). Tal vez, el arte, el deporte, cuando enfoca en reproducir “héroes”; hace eco de un deseo que nos quisiera hacer creer “todopoderosos”: sin miedo, estrellas, individualidades. “En el fondo, todos tenemos miedo”, dice un personaje en una obrita que estamos trabajando. “El aire está cargado de gritos; pero la costumbre los acalla”, escribió Becket. Segunda vez que fui al baño y no estoy escribiendo tanto tiempo. Sólo tomé una taza de agua. Hice pis las 2 veces, también era una necesidad. Pienso: “soy valiente; pero esto no quiere decir que no tenga miedo”. Vamos de a poco. Realmente no necesito sobresalir, me digo. Cuando “nos dejamos ver” (distinto a cuando “nos mostramos”, dice mi maestro Cacace) hay vulnerabilidad. Esta vulnerabilidad implica riesgo; implica valentía. No implica ponerme la máscara de héroe. Es un proceso que tiene que ver más con la desnudez que con la espectacularidad. La espectacularidad avasalla, impone, en su fascinación: idiotiza, irrumpe, viola. Respiremos. En la vulnerabilidad hay una clave. En la vulnerabilidad necesito escucharte; me reconozco insuficiente. En vulnerabilidad, amo. Escucho de verdad. Mi “yo” se diluye; desaparezco. Me transformo. Se acabó el agua. No tengo de dónde agarrarme. Lloro. La puta madre. No hay nada que se pueda decir de tanta mierda, de insatisfacción, de tanto confrontamiento, pelea, muerte, balas, gritos, imposiciones, egos, dedos en el culo. ¡Qué mierda! Los gritos no entran muy del todo en el papel. Perdón. Váyanse a la mierda. Nada de esto debió haber pasado. Nos fuimos a carajo. ¿Podemos escucharnos ahora? ¿hay otra opción? No grito yo; gritamos todos. Nuestros gritos están ahogados. ¿cómo continuar? Perdimos el partido. Fue un partido de mierda la verdad. Nos la pasamos pensando. Queriendo ganar. Sin escuchar a les otres. No hubo tenis. No hubo obra. No hubo colectividad. Colectividad no debiera ser un grupo afín; debiera ser todes les giles que habitamos este puto suelo. ¡Quiero seguir chupando contigo amigo polarizado, que se juega por UNO de los extremos, reconozcamos la incomodidad y veamos en que se puede convertir la urticaria que nos damos! Quiero marear mi ego. Quiero que temamos a cosas más lindas. A cosas que nos hagan crecer; no a cosas que nos impiden crecer. Confiemos en la obra. Seguro tendrá muchas cosas impensadas que nos harán remar juntes. Por ahí va bombones. No tengo la menor puta idea de cómo; pero arriesguemos disrupciones en las escrituras, en las dramaturgias de héroes de la verga, en nuestras obras, en nuestras actuaciones, en las obras que nos acojudizan; que a nombre de

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¿Cuándo se debatirá el aborto en Bolivia?

Damián Andrada Durante las primeras dos décadas del siglo XXI, la comunidad internacional le reconoció a la sociedad boliviana dos avances que aún deben seguir siendo profundizados: la redistribución del ingreso y el combate al racismo. Sin embargo, poco se hizo por avanzar con los derechos impulsados por el movimiento de mujeres y el colectivo de diversidades sexuales y género. Casualmente, un primer paso se dio el 10 de diciembre cuando el Estado reconoció la primera unión civil de personas del mismo sexo. Algo similar debe ocurrir con el aborto legal, seguro y gratuito. Comencemos por evitar la ingenuidad: en países católicos como los latinoamericanos, la discusión sobre la interrupción voluntaria del embarazo implica un enfrentamiento con la Iglesia Católica y un costo político alto con los sectores más religiosos. Sin embargo, ante las muertes producidas por intervenciones quirúrgicas clandestinas, se trata de un debate necesario. En Argentina, la Campaña por el Aborto Legal Seguro y Gratuito se creó en 2005 bajo la consigna: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Tras seis intentos, el tratamiento legislativo del proyecto de ley fue habilitado en 2018. El debate fue álgido y apasionado. Las exposiciones de científicos y científicas, profesionales de la salud y constitucionalistas fueron seguidas de cerca por la sociedad. Las intervenciones más destacadas —y las más bochornosas— fueron viralizadas por las redes sociales. Lentamente, los argumentos esgrimidos por el movimiento de mujeres argentino fueron ganando una batalla cultural que nunca se había dado. Así, fueron convenciendo a quienes habíamos estado en contra del aborto durante toda una vida. A la histórica lucha de las abuelas, se sumó el apoyo de las mujeres profesionales y una activa militancia de las chicas que estudian en la escuela y en la universidad. La periodista Luciana Peker la llamó “La revolución de las hijas”. Los pañuelos verdes fueron inundando la ciudad de Buenos Aires. Las hijas explicaron y convencieron a sus novios, hermanos, maestros y padres. Diputados y senadores sintieron la presión en su propio hogar. El aborto legal, seguro y gratuito, se sumó a la conquista de derechos y a la lucha contra los feminicidios y una sociedad patriarcal. Frente al discurso religioso, fueron ganando terreno los argumentos que entienden al aborto como la libertad de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo y a una discusión que compete a la salud pública. Las mujeres lograron explicar que siempre hubo abortos. Y siempre los habrá. El debate se centra en si los abortos se producirán en condiciones sanitarias o si serán clandestinos. Si se practicarán en un hospital o si se harán con agujas de tejer. Si estarán a cargo de profesionales o de mujeres asustadas en sus casas con unas perchas. La situación actual ni evita abortos ni salva vidas, solo obliga a las mujeres a abortar en la clandestinidad. La mujer que quiere abortar, lo hace más allá del marco legal. Asimismo, ante las objeciones por un sistema de salud público que no abastece las necesidades de la población, las y los especialistas explicaron que la mayoría de las interrupciones voluntarias del embarazo se pueden realizar con misoprostol en la propia casa, sin necesidad de ir a un sanatorio. Desde el punto de vista fiscalista, el aborto legal también evita el costo de mujeres que llegan desangrándose o con un shock séptico al hospital. En esta línea, el laboratorio estatal de la provincia de Santa Fe comenzó a producir misoprostol. Una ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo no se va a aprobar sola. Es necesario que el movimiento de mujeres y LGTBIQ sigan levantando la voz, para luego construir alianzas con los artistas, los trabajadores de la cultura y un periodismo que acompañen sus demandas en los medios de comunicación. Una vez que el debate ingrese en la esfera de la opinión pública, será el momento de que el Movimiento al Socialismo (MAS) demuestre a Bolivia y Latinoamérica si aprendió de sus errores. El autor es magíster en Ciencias Políticas y Sociología por FLACSO Argentina y editor general de Debates Indígenas. *Texto retomado de La Razón, 28 de diciembre de 2020.

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La vitrina

Amalia Canedo Lejos de lo que pudiera pensarse educar en arte y cultura es mucho más que instruir en historia técnicas artísticas. El arte es una manifestación que surge en un contexto concreto, y como tal, transmite gran parte de los elementos que determina la cultura de ese momento y ese lugar. En varias conversaciones que tenemos con colegas gestores y artistas de nuestro medio siempre solemos llegar a la queja constante de la falta de espacios, de la falta de interés en los públicos a la hora presentar un proyecto artístico pero casi nunca hablamos de que las prácticas artísticas deberían descentralizarse y moverse por cada rincón de nuestro territorio. Es que en el afán económico de sobrevivencia dentro del sector siempre se ha buscado los lugares que garanticen cierto respaldo económico, aunque pésimo, algo es algo nos consolamos. Nuestra falta de gestión y de entablar diálogo que acerque al ciudadano a los procesos artísticos genera siempre inestabilidad y precariedad laboral porque la construcción de territorios se va reduciendo a medida que el proceso va afianzándose en su quehacer. Con esto no exonero a las autoridades destinadas a la protección de la cultura de culpa porque siempre nos inducen a generar shows que no tienen la posibilidad de continuidad en el tiempo , cada ciudad que ocupa el territorio nacional llega a ser muy pequeño en cuanto a las ofertas artísticas que se desarrollan – ¿Es que acaso nos hemos acostumbrado a este convenio implícito de clientelismo estatal? A medida que recorro esta ruta puedo creer que si nos hemos acostumbrado y es más creemos que eso es hacer gestión de cultura sin mirar que hacer gestión implica también construir un dialogo horizontal con nuestra sociedad , construir puentes que nos permita acercarnos a cada rincón, que permitan empapar a todos y todas de este universo llamado cultura, que en estas hojas nos enfocamos en los procesos artísticos. El arte en su esencia más pura debería ser el detonador de preguntas constantes de interpelaciones que permitan construir, que aporten al fortalecimiento de los procesos educativos y que por supuesto son transversales a estos procesos. Hace un par de años me viene dando vueltas en la cabeza la idea de replicar algunos proyectos que pude escuchar de amigos artistas en diferentes lugares de Latinoamérica en los que se llevan conciertos, obras de teatro, cine y danza a escuelas públicas con la única intención de acercar arte a niños y adolescentes con el solo fin de darles un espacio de libertad y apertura para poder contar acerca de sus sueños y también conocer qué hizo que cada artista decidiera tomar el camino de las artes. La UNESCO nos dice: «La creatividad es un elemento medular de la naturaleza del ser humano y una característica esencial de su intelecto y sus emociones.» Lo que la UNESCO nos plantea es que al darles a los niños y adolescentes herramientas para poder desarrollar su capacidad creativa podremos esperar un futuro con seres humanos que hayan desarrollado sus capacidades intelectuales y emocionales que sean capaces de mejorar su espacio y el espacio de su comunidad, esto va ligado con la intención de acercar el arte a todas las escuelas. Es que el mundo desigual en el que nos batimos ahora se debe en gran parte a la falta de atención a la cultura, las artes y la educación primaria. Estamos desarrollando personas con mucha información y repetidores de textos pero no estamos desarrollando lo esencial que permite la supervivencia humana que son las capacidades sociales y afectivas que permiten encarar las crisis que estamos viviendo constantemente, necesitamos con urgencia darle al mundo esperanza de tiempos justos, necesitamos que cada gobierno ponga atención a la cultura, a las artes porque en estos dos conceptos están la respuesta para que nuestros niños en el futuro sean líderes que tengan sentido de justicia social, que sean empáticos y que constantemente se interpelen. «Cada niño es un artista. El problema es cómo seguir siendo un artista una vez que hemos crecido» Pablo Picasso La autora es gestora cultural (de alasitas).

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La iglesia y la imposición de la maternidad

Luciana Jáuregui J. Como sabemos, la figura de la virgen María es el principal referente femenino de la iglesia católica. Su imagen condensa el carácter paradójico que se le atribuye a las mujeres en el orden social, en el que deben cumplir simultáneamente con el mandato de la pureza y virginidad y erigirse como ejemplo del sacrificio maternal. María juega un papel central en la construcción de identidades colectivas, al operar como modelo de feminidad sostenido en la obediencia, la pureza y la castidad de las mujeres, que les muestra no solamente cómo deben ser madres, sino que no pueden ser otra cosa que eso. María es el arquetipo por excelencia de la sumisión y docilidad femenina, contrapuesta a la rebeldía de Eva, fuente del pecado original. Su historia es la historia de un designio divino que se impone sobre ella y que no puede eludir, porque la patria potestad de Dios, hombre, tiene el derecho de disponer de los cuerpos que tiene a su cargo. Un destino que María debe aceptar con beneplácito, porque las mujeres no somos más que un receptáculo del discurso del otro: «serás lo que yo quiero que seas y a pesar de lo que tú quieras». El caso de la niña embarazada en Yapacaní muestra precisamente cómo operan los mecanismos de disciplinamiento clerical para imponerles a las mujeres este mandato de maternidad. No bastó con los vejámenes sexuales, sino que el patriarcado, sus agentes y sus instituciones tuvieron, además, que demostrarle quién manda sobre su cuerpo. Entonces, cuando ella pudo, por fin, nombrar y disponer sobre sí, eligiendo interrumpir el embarazo, se desplegó todo un entramado de poder institucional eclesiástico, médico y burocrático para imponerle la obligación de gestar y parir. Haciendo pasar además esta decisión como voluntaria. Foucault decía que uno de los rasgos fundamentales del poder pastoral es que se arroga el derecho de intervenir y dirigir la conciencia de las personas desde el control y la vigilancia sistemática e individualizada de su vida. Para esto, emplea un discurso que mortifica a los sujetos sobre el ejercicio de su propia voluntad, hasta el punto en que los “exámenes de conciencia” terminan en una renuncia del yo. De lo que se trata es justamente de modelar la relación que tienen las personas consigo mismas y con su conciencia, empleando un discurso punitivo que ve en la obediencia una virtud. La eficacia se concreta cuando la iglesia hace pasar este poder como diligencia, es decir, como un servicio caritativo que se ofrece sin más a “los necesitados”. La crueldad de la violencia clerical ejercida sobre la niña buscó justamente hacer prevalecer este “designio biológico” atribuido a las mujeres, desde una concepción misógina que vincula maternidad con sumisión, sacrificio y sufrimiento. A tal punto que el imperativo de ser madres no consideró ni si quiera un límite de edad. El comunicado “¡El amor siempre vence!”, mostró cómo la iglesia se atribuye todavía el derecho de determinar los parámetros de lo que es la vida, haciendo uso de un discurso cientificista y una apropiación estratégica del lenguaje de los derechos humanos que no condice con su trayectoria histórica. Desde aquí, la supuesta defensa de “dos vidas independientes” no hace más que borrar a la niña como sujeto de derecho, obnubilando la dependencia del embrión y desarrollando una estrategia tendenciosa de humanización. Por otra parte, la iglesia buscó también instalar una lectura falseada y malintencionada de los derechos constitucionales reconocidos para las mujeres, interpretando la Sentencia Constitucional 0206/2014 desde la crimilazación del aborto, incluso en los casos en que está estipulado por ley. Aquí, se trató, no solo obstaculizar el acceso al aborto de la niña, sino disputarle al Estado mismo el control y la aplicación del discurso jurídico. Pero lo más doloroso fue que esto no quedó sólo en el papel, la arquidiócesis cruceña orquestó una campaña deliberada de presión moral y psicológica, que culpabiliza a la víctima en lugar de al agresor. El núcleo de su política de disciplinamiento fue desmoralizar a la niña, menoscabando la autonomía sobre su cuerpo e imponiéndole una falsa dicotomía entre maternidad y asesinato. Para esto se valió de modo perverso de las necesidades económicas de la familia, coaccionando el acceso a recursos financieros y fuentes laborales a cambio de una concesión fáctica del cuerpo de la mejor a la institución clerical. Precisamente, así cerró el círculo del poder pastoral, significando esta violencia sistemática como ayuda y recluyendo a la pequeña en un centro de maternidad. Sabemos ya que lo que le importa a la iglesia no es ayudar a la niña, sino vigilarla hasta que su embarazo llegue a término, después siempre acaba su compromiso con la vida. Su finalidad última es, por supuesto, asegurar que el potencial reproductivo de las mujeres permanezca bajo su custodia. Sin embargo, nada de esto hubiera sido posible sin las alianzas históricas conservadoras que aún permean las instituciones públicas y privadas. La ruptura del compromiso de silencio médico-paciente y la vulneración de la privacidad de la menor, sólo pueden ser comprendida por la vigencia de un pacto patriarcal que permuta retribuciones morales a cambio de ofrendar el cuerpo de las mujeres. Toda esta cadena de responsabilidades del personal de la prensa, médico y burocrático revela precisamente la pervivencia de un habitus colonial de quienes todavía miran con beneplácito al poder pastoral de la iglesia y responden precisamente en esos términos: como ovejas. La autora es socióloga.

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Evo, Charly, Diego, el Che y los mitos

Gerson Rivero “Hay personajes atrapados en el mito. Una frase, cuatro lugares comunes, una perspectiva ideológica estrecha, 200 fotos. Y luego el mito adquiere una vertiente mercantil, camisetas, posters…pero el mito es un derecho, ¡maldita sea! Las sociedades tienen derecho al mito. Los ciudadanos tenemos derecho al mito”, reflexiona el historiador mexicano Pablo Ignacio Taibo II en la introducción de un documental denominado ‘Ernesto Guevara, también conocido como el Che’, título homónimo de un libro escrito por él mismo. “Por lo menos construir un mito que tenga pies, que toque la tierra. No mentir, no engañar, no hacer hagiografía barata…”, prosigue. Y en una entrevista con el diario El País de España aclara. “No tengo nada en contra de los mitos, una sociedad sana los necesita, pero me interesaba un mito cargado de información». Octubre es un mes de muchos mitos latinoamericanos, básicamente argentinos. El 9 de octubre se recordó la muerte del Che Guevara; el 23 cumplió 70 años el músico Charly García, con grandes homenajes y celebraciones; y casi cerrando el mes, el 30, Diego Maradona estaría cumpliendo 61 años. El año pasado, aún con vida, sus 60 fueron motivo de grandes homenajes. Y entre medio está nuestro Evo Morales, que cumplió 62 años el 26. Es su segundo cumpleaños fuera de la Presidencia que ocupó durante casi 16 años hasta ser derrocado el 10 de noviembre de 2019. Al igual que los antes mencionados recibió homenajes y felicitaciones de diversos lugares. Sólo por mencionar alguno, el cantante argentino Víctor Heredia le dedicó su legendaria canción “Todavía cantamos”. Evo es odiado y vilipendiado por una parte de la población boliviana y amado e idolatrado por otra. No es una cuestión matemática ni quirúrgica, pero básicamente la primera parte está conformada por una clase media que en los 16 años de Evo increíblemente vivió con miedo a perder sus privilegios mientras crecían su patrimonio y sus beneficios. El otro grupo se sostiene en una amplia clase popular que sí se de cuenta que su situación mejoró de alguna manera tras ese mismo periodo. Al menos se vio representada, dejó de ser invisible como lo fue en casi 200 años de vida republicana. Lo curioso es que no importa de qué lado estés (y lastimosamente hay muy poco margen para una posición intermedia u objetiva), Evo Morales sigue siendo el personaje más presente en la cotidianidad boliviana, incluso dos años después de estar fuera del poder. Pero, además, nos guste o no el expresidente, es innegable que Bolivia estuvo durante todo este tiempo en el radar mundial gracias a él. Es decir, cualquier lugar del mundo donde uno se presente como boliviano, la primera asociación que harán será con Evo Morales (para bien o para mal); así como Maradona o Messi con los argentinos o Pelé con Brasil. Y es así que se construyen los mitos. Y es así que los mitos se sobreponen a la cotidianidad y a los intentos de ser borrados de la historia. En Venezuela se sigue hablando del “chavismo”, en Argentina del “peronismo” y el “kirchnerismo” o en Cuba del “castrismo”. En la historia boliviana hay pocos personajes con esa trascendencia. Tal vez el más llamativo sea Simón Bolívar, de quien asumimos el nombre de la Patria. Es célebre la frase de Fidel Castro “la historia me absolverá”. Pues lo mismo habrá que esperar con Evo. Es muy poco tiempo para evaluar desde su salida del poder, pero hasta ahora, sea que lo odien o lo amen, su figura sigue intacta. Insisto, así nacen los mitos parafraseando a Ignacio Taibo, probablemente sea porque el pueblo sienta que se lo merece. El autor es periodista.

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Una lucha interplanetaria

Andrés Huanca Rodrigues El 11 del noviembre del 2020, poco después de aterrizar en el aeropuerto de Chimoré para el simbólico recibimiento de su gente, Evo Morales profería un discurso que en lineas generales tendía un puente entre el pasado, el golpe de Estado 2019, con el futuro. De las varias lineas que lanzaba el presidente de las Seis Federaciones del Trópico, entre las más célebres estuvo “Esta lucha no solamente es interna, es una lucha internacional, una lucha interplanetaria, es una gran responsabilidad que tenemos, si tenemos compromiso con la vida, con la humanidad”. Arrancándome de una atención dispersa debido al letargo ocasionado por los más de 30°C tropicales de Chimoré, la frase llamó mi atención y pensé: “ah caray, que acertado”. Por supuesto, los grandes medios privados la retomaron para, desde su tan singular capacidad de torcer sutilmente las cosas, generar mofa desde una supuesta imparcialidad. Las redes, crudas como son, fueron directas en ridiculizar el mensaje. Lamentable para el público en general, no hubo, y si lo hubo no tuvo relevancia, algún periodista o medio de comunicación que tome en serio al líder del trópico para preguntarle a qué se refería. Más allá de las simpatías o antipatías, el hombre se dirigía a cerca de un millón de personas que escuchaban atentos, la gran mayoría campesinos sindicalizados, para hablar de lucha interplanetaria. Un acto político, pues. No sé con seguridad a qué exactamente se refería Evo y ojalá algún momento se detenga a aclararlo. Mientras, para mi es claro que la mención al tema, a contracorriente del sentido común de las masas elitarias urbanas, es de lo más pertinente para justamente situar la reflexión de la izquierda en el contexto global y contemporáneo de las enormes y estrepitosas transformaciones a las cuales el capitalismo nos está empujando. Me explico. En su último libro ¿La rebeldía se volvió de derecha? Pablo Stefanoni presta atención a la fauna y flora de las derechas contemporáneas. Entre las especies más pintorescas están los llamados neorreaccionarios, que cuentan con pensadores como Mencius Moldbug, que contó con el financiamiento de magnates como Peter Thiel, cofundador de la empresa a escala mundial de pagos en linea PayPal, junto a Elon Musk, el hombre más rico en la actualidad. Antigualitarios y “decepcionados de la política” y la democracia, los neorreaccionarios en pocas líneas sería aquella derecha que terminó por divorciar “libertad” de “democracia”, comprendiendo ambos conceptos como incompatibles. Para estos los Estados, países y democracia deberían desaparecer para dar pasos a empresas-países, compañías competidoras marcadas por el progreso tecnológico y en las cuales trabajaríamos los habitantes. Estas empresas-países no estarían dirigidas a representar a la gente, sino a “gobernar bien”. La clara anulación de la democracia hacia una neoaristocracia tecnocrática, pero ¿y la libertad que añoran? Para el simple ciudadano (?), pues, la “libertad” no estaría relacionada a sus derechos políticos, sino a la decisión personal de irse o permanecer en una de estas empresa-países que coparían el planeta, decidiendo entre la más o menos “competente” en el mercado de países. No habría política, sino solo reglas que seguir. ¿La igualdad? La respuesta neorreaccionaria es tajante: todos los signos señalan que no somos iguales. El retrato de esta utopía capitalista abiertamente dictatorial, sería la de un “feudalismo corporativo”, reinos o feudos gobernados por un “rey empresario”. Pero mientras el mundo sigue atrapado por la influencia de la modernidad del Siglo XX y los Estado Nación ¿dónde construir o empezar a construir estas “utopías” capitalistas? Peter Thiel de PayPal, por ejemplo, invierte en proyectos para encontrar “espacios de libertad” para ensayarlos. Uno, el ciber-espacio, otro ciudades-plataformas en medio del mar y, en tercer lugar, por supuesto, el espacio exterior. Esto que parece sacado de una de las películas distópicas de las que ahora abundan en el cine gringo, tiene más relación con el presente de lo que los “sesudos” y “criteriosos” críticos de Morales creen. Si bien es cierto, como apunta Stefanoni, que estas elucubraciones neorreaccionarias son más un síntoma del pensamiento actual, que de corrientes centrales, la cantidad de recursos y personajes vinculados a estas ideas dan suficiente material para prestar atención. Esta semana, el domingo 31 de octubre del 2021, despegará el Crew-3, tercera misión espacial de la empresa SpaceX, perteneciente a Elon Musk. Quien siendo el hombre más rico del mundo y con una velocidad de desarrollo tecnológico espacial sin precedente, ha planteado abiertamente colonizar Marte para el 2040. Quien, por otro lado, afirmó que «daría un golpe a quien quiera» cuando se lo señaló como un responsable de financiar el golpe de Estado en Bolivia del 2019 por el interés de su empresa Tesla en el litio boliviano. Por su parte y en competencia, Richard Branson y Jeff Bezos, también en el top tres de hombres más ricos del planeta y el segundo relacionado a las nuevas tecnologías digitales con Amazon, cuentan con sus propias empresas que proyectan colonizar el espacio. A propósito y muy significativo de los tiempos que corren: cuando Jeff Bezos aterrizó de su primer viaje al espacio con su empresa Blue Origin, afirmó “Gracias a todos los trabajadores y clientes de Amazon: ¡Ustedes pagaron esto!”. El mayúsculo cinismo del multimillonario solo fue comparable con la absoluta ignorancia con la cual los mismos trabajadores y consumidores facilitamos este futuro sin darnos cuenta. Si en el Siglo XX la carrera espacial corría paralelamente a la competencia de diferentes proyectos de Economía/Estado-nación y de tipos de democracia, ya sea el centralismo-democrático de la Unión Soviética o la democracia representativa liberal de Estados Unidos, hoy asistimos a que esas imágenes se están convirtiendo en casi arqueológicas. Con todo y sus simulaciones, los Estados-nación del siglo pasado aparentaban o apuntaban a mínimamente tener una ligazón con la representatividad popular; habían margenes mayores o menores, pero márgenes en fin de control social, de mecanismos de apelación popular reconocidos. Hoy asistimos a que serán directamente las mega empresas, con sus multimillonarios, quienes apuntalen el próximo salto al espacio. Y estas empresas como Amazon, Tesla,

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MANIFIESTO DEL PARTIDO SOCIALISTA 1- AL PUEBLO DE BOLIVIA

*Espacio de debate reservado a organizaciones sociales para analizar la realidad social de Bolivia desde las colectividades. Cada domingo en Abya Yala. El año 2019, se produjo el golpe de estado en Bolivia, hacemos esa afirmación, porque el mandato del presidente constitucional Evo Morales, fue interrumpido, el procedimiento fue inconstitucional y las fuerzas armadas fueron quienes definieron el desenlace. El Partido Socialista 1, justificó la afirmación de “golpe de estado en Bolivia”, porque no se respetó la sucesión constitucional, se debió aplicar el reglamento de la Asamblea Legislativa, que indica que ante la ausencia del Presidente, Vicepresidente y presidentes del Senado y Diputados, se debió convocar a la Asamblea para elegir una nueva directiva. Después de la autoproclamación y consolidado el golpe de estado en Bolivia, comienza una etapa totalmente nefasta para el país. Las violaciones permanentes a los Derechos Humanos el saldo de 38 muertos por los fascistas militares y policías, en Sacaba, Senkata y otros lugares, además de decenas de heridos, perseguidos y encarcelados durante más de un año que duro ese fatídico y salvaje daño causado a la sociedad. Paralelo a la represión popular, los fascistas paralizaron las empresas estatales, a muchas las desmantelaron y saquearon los recursos económicos del Estado y de las reservas internacionales, causando un grande y grave daño económico al Estado y al pueblo trabajador en general, consecuencias que hoy vienen sintiendo distintos sectores de la población. Decimos nefasta porque el año 2020 en todo el mundo se declara la pandemia del Corona Virus, y conlleva a una crisis económica que afecta a todos los países, podemos citar algunos aspectos de la crisis económica mundial que repercute también en nuestro país, las empresas entran en bancarrota y como efecto comienza el desempleo. A la caída de los precios de los minerales se suma la disminución en el precio de alimentos como la soya, el maíz, carne y cereales. El precio del barril del petróleo bajó a $US 20 hasta fines de marzo del 2020, afectando directamente a países como Colombia, Venezuela, Ecuador y México. No existe demanda en el servicio turístico, por lo tanto a países que dependen de esta actividad los dejan sin ingresos. En Bolivia de forma irresponsable el gobierno de Añez, bajo un decreto declara cuarentena total en el país, no teniendo ningún impacto positivo para nadie, porque el gobierno de Añez quiere postergar su estadía en el gobierno, para fines e intereses personales de ella y de quienes la rodean; postergando las elecciones nacionales, planificadas después de los tres meses que Añez asumiera el poder. El gobierno ilegitimo de Jeanine Añez, no sólo deja una economía destruida y saqueada sino a esto se suma un acto que vulnera la Constitución Política del Estado, como es el dejar a niños y a jóvenes sin educación. El 31 de julio de 2020 se procede a la clausura de la gestión educativa 2020 para el Subsistema de Educación Regular en sus niveles inicial, Primario y Secundario de la educación fiscal, privada y de convenio con la promoción de los estudiantes al curso inmediato superior. El costo de la clausura del año escolar ha sido devastador para el aprendizaje, esto se dejará sentir durante años, porque nunca más los niños “se pondrán al día”, la solución era continuar con la enseñanza a distancia. El PS-1, apoyó el Sexto Encuentro Pedagógico y una de las resoluciones fueron que las clases sean presenciales, semipresenciales, a distancia y virtuales, asimismo la educación se va recuperando reforzando con las cartillas de aprendizaje, teleclases y radioclases, a través de los distintos medios estatales. Coherentes con nuestros principios y siempre portadores de la unidad, los socialistas repudiamos, rechazamos y condenamos cualquier acto de racismo, discriminación, y actos vandálicos al gobierno Arce – Choquehuanca y ante cualquier desestabilización del mismo, llamamos a los movimientos sociales, a la militancia del PS. 1 y a otras organizaciones políticas a estar alertas, organizados para no permitir ningún atentado a la democracia, apoyamos las medidas del gobierno de Arce – Choquehuanca, pero al mismo tiempo sugerimos mayores transformaciones económicas, políticas y sociales que nos hagan avanzar hacia la construcción del socialismo en Bolivia. ¡¡¡Marcelo vive… La lucha sigue!!!

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El incierto horizonte chileno

María Constanza Costa Esta semana se cumplieron dos años del inicio de las protestas en Chile. “No son 30 pesos, son 30 años” fue la consigna que convocó a la sociedad en 2019, y que puso de manifiesto la precarización y la desigualdad social reinante en un país que era presentado al resto de la región como un modelo de “estabilidad económica y social”. El “modelo” chileno fue construido durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), con el retorno de la democracia sus bases neoliberales nunca fueron profundamente transformadas. El segundo aniversario estuvo cargado de simbolismo ya que coincidió con el inicio de la redacción de la nueva Carta Magna por parte de la Convención Constitucional que fue elegida en mayo de este año. Organizados en siete comisiones permanentes, los 155 representantes comenzaron a trabajar en el texto que tiene como temas principales el acceso a los derechos sociales, el régimen de gobierno, los derechos de las comunidades originarias y la conformación de un Estado plurinacional. La nueva Constitución, debe estar lista antes de mayo del año que viene, y luego tendrá que ser ratificada o rechazada por la ciudadanía a través de un plebiscito. El proceso abierto en 2019 comenzó a vislumbrar una renovación en la clase política producto del desprestigio de las elites gobernantes. Justamente fueron las elecciones para constituyentes y alcaldes de mayo las que comenzaron a marcar el nuevo ciclo cuando los candidatos independientes se impusieron frente a la alianza gobernante. El gran cambio fue que una mayor proporción de jóvenes, progresistas y feministas entraron al escenario político. El rechazo a la política tradicional incluyó tanto a la derecha como a los partidos de la ex Concertación o Nueva Mayoría, bloque que gobernó Chile por más de 20 años tras el retorno a la democracia. La izquierda chilena enfrenta un nuevo reto con las elecciones presidenciales que se van a celebrar en noviembre. Gabriel Boric, el candidato de la coalición Apruebo Dignidad, -que incluye al Frente Amplio y al Partido Comunista-, es el favorito para ganar en segunda vuelta, según la mayoría de las encuestas. Pero la intención de voto a favor del ultraderechista, José Antonio Kast, en primera vuelta, viene creciendo. A Kast se lo compara con Bolsonaro por su estilo y su retórica. Siguiendo el manual de la ultraderecha global: alerta sobre los peligros del comunismo, reivindica la dictadura de Pinochet, ha realizado declaraciones homofóbicas y en contra de los migrantes; y por supuesto, la divulgación de datos incomprobables. La figura de Kast se fortalece, mientras que el candidato favorito del oficialismo y del empresariado, Sebastián Sichel, se debilita. Sectores más conservadores de la sociedad chilena no ven en la derecha gobernante una posibilidad de restituir el orden. Además, todos los análisis coinciden en que el escándalo en el que se vio envuelto el presidente, Sebastián Piñera, a raíz de los Pandora Papers golpeó de manera colateral a su candidato. Piñera sufre una caída estrepitosa de su popularidad, luego de que se lo vinculara con la venta de la minera Dominga, y la evasión de impuestos en paraísos fiscales. La fiscalía abrió una investigación en su contra y, además, un grupo de diputados chilenos acordaron presentar un juicio político contra el presidente. Gran parte de la población apoya la medida, ya que la aprobación de Piñera se encuentra por el piso, sólo un 16% avala su gestión, mientras que el 79% la rechaza. A solo cuatro días de que se diera a conocer este escándalo, el presidente tomó la decisión de militarizar el territorio ancestral mapuche, su principal argumento fue que el estado de excepción decretado permitiría “enfrentar mejor el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado” frente a un repunte de un conflicto histórico entre el Estado chileno y los mapuches, en las regiones del Biobío y La Araucanía. La medida fue leída como un guiño de Piñera a los sectores más conservadores en un intento por reponerse de su extrema debilidad. La militarización y el crecimiento de la confrontación dura pueden ser estrategias electorales peligrosas en una sociedad que busca avanzar hacia un horizonte de mayor democracia. La autora es argentina, politóloga y magister en periodismo.

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La vitrina

Amalia Canedo Suelo pensar bastante acerca de todas las propuestas que voy desarrollando desde lo personal- particular hasta la forma de poder indagar qué componentes pueden hacer que mis interlocutores puedan sentirse atrapados o muchas veces en conflicto. Vivimos en una sociedad que poco o nada genera empatía con las propuestas creativas que se van desarrollando, mucho está causado por nuestra visión egocéntrica en cómo planteamos nuestras propuestas, sin tomar en consideración qué es lo que como sociedad nos está constantemente haciendo daño (racismo, clasismo, homofobia, machismo, entre otros). Ya en muchas oportunidades he repetido que el ejercicio artístico en Bolivia es un asunto de clase porque, para poder desarrollar cualidades artísticas, se debe tomar cursos, pasar clases, comprar instrumentos o insumos, debido a la falta de espacios públicos idóneos. Se necesita tener recursos económicos que permitan solventar estas inversiones y la necesidad nace a partir de las vivencias familiares o de un contexto específico que permite que seamos soñadores dado que otros asuntos, como la vivienda, el día a día, la alimentación y la educación primaria ya han sido subsanados. Los espacios destinados al cultivo y desarrollo de las artes son muy pocos y muchas veces invisibles debido a la falta de oportunidades para su difusión y promoción y esto causa que sus costos de operación se vean triplicados para poder mantenerse en una sociedad que poco valor le da al desarrollo de sus capacidades creativas. Ahí también podemos sumar una visión unidireccional por parte de los gobiernos nacionales y sub-nacionales de turno a la hora generar propuestas a mediano y largo plazo, enfocadas a potenciar espacios de difusión, promoción y educación artística en sus diferentes etapas de desarrollo. Algo que llama bastante la atención es la falta de unidad en la búsqueda de objetivos conjuntos. El sector cultural nunca percibe un futuro inmediato que dé tranquilidad para seguir aportando con propuestas que enriquezcan nuestra pluralidad y a su vez poder cuestionar e interpelar todo lo que está en constante ebullición en nuestro contexto. Es necesario encontrar puntos de inflexión que permitan resolver los problemas como la falta de públicos, la falta de empatía con el movimiento artístico, la falta de seriedad a la hora de generar propuestas a largo plazo, la falta de garantías laborales en entidades públicas y privadas, puesto que solo nos derivan a crisis constantes. En resumen, el Estado boliviano sigue construyendo una visión centralista, burocrática, lenta y corrupta en sus prácticas, a pesar de plantearse plurinacional en su constitución, dificultando así las prácticas artísticas y culturales y generando anticuerpos en todos los que se dan a la tarea de gestionar espacios de arte y cultura. Entonces, ¿cómo (de)construimos? La autora es gestora cultural (de alasitas).

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Corporativismo: el factor dirimidor

Luciana Jáuregui J. Uno de los resultados inesperados del paro cívico del 11 de octubre fue, sin duda, la centralidad del mundo corporativo. Gremiales y transportistas se constituyeron en los verdaderos protagonistas del retiro del proyecto de Ley Contra la Legitimización de Ganancias Ilícitas Nº 218 y de las medidas programadas para hoy jueves contra la Ley de Estrategia Nacional de Lucha contra la Legitimación de Ganancias Ilícitas y Financiamiento del Terrorismo Nº 1386. Esto mostró la poca capacidad de convocatoria de los comités cívicos y la relevancia del mundo corporativo para dirimir las pugnas entre oficialismo y oposición. Los conflictos corporativos no son para nada recientes, sin embargo, hasta ahora estos se desenvolvieron como disputas “intrahegemónicas”, es decir como pugnas por la distribución de bienes políticos dentro de un mismo proyecto político. En rigor, la relación entre el MAS y las organizaciones urbano- populares fue desde el inicio flexible e inestable y dependió en gran media de los problemas de cada coyuntura política. Las organizaciones sociales operaron desde en una lógica bivalente, al incorporarse al proyecto colectivo del “proceso de cambio” y al mismo tiempo recluirse a la defensa de sus intereses corporativos en situaciones de amenaza. El gobierno por su parte, estableció alianzas pragmáticas, que intercambiaron apoyo electoral a cambio de no comprometer los intereses gremiales, sorteando, en muchos casos, disputas entre dirigencias y bases y cabalgando sobre equilibrios difíciles por las propias pugnas intersectoriales. La novedad del conflicto político actual, y de los que se sucederán a posteriori, es que emergen en un contexto de disputa hegemónica abierta, en la que los desplazamientos internos dentro de los bloques inciden en la configuración general de las relaciones de fuerza. Por eso, no resulta extraño que los comités cívicos y las plataformas ciudadanas traten de implantarse en una movilización, que, en su contenido político y composición social, es ajena. Para esto, buscaran articular conflictos fragmentarios bajo un paraguas común de “lucha contra el autoritarismo”. Sin embargo, actualmente atravesamos un proceso de complejización del escenario político, evidente ya desde las elecciones subnacionales, en el que el binarismo ya no logra explicar la integralidad de la política. De momento, el meollo del conflicto entre el mundo corporativo y el MAS tiene más bien una naturaleza económica, en la que más allá de la letra de la ley, lo que se juega es preservar la política de no interferencia estatal en sus actividades económicas, considerando que es un sector que históricamente convivió con diversos y hasta opuestos tipos de gobiernos bajo un pacto implícito de no intervención. Efectivamente, durante el ciclo hegemónico del “Proceso de Cambio”, el gobierno del MAS propició un corporativismo estatal, que logró controlar las transacciones y funcionalizar las dinámicas interorganizativas al Estado. Sin embargo, la coyuntura de lucha entre dos direcciones políticas, el MAS y la oposición cívico regional, propicia mayor autonomía de las organizaciones sociales aliadas y, por lo tanto, fisuras organizativas y relaciones diferenciales cada vez más condicionadas. Ahora que se abren de múltiples frentes de lucha, no hay que olvidar que los sectores de la economía informal son gravitantes respecto a la dinámica política y a la estabilidad económica en el país. Al fin y al cabo, el mundo corporativo goza de estructuras de movilización robustas y tiene, a diferencia de las “pititas”, capacidad de paralizar las actividades económicas y generar un “efecto de dominó” en el resto de actividades productivas. Quizás hay que considerar que el horizonte político del corporativismo es allí donde sus intereses sectoriales estén garantizados, mientras tanto, la defensa del proyecto popular o de “lucha contra el autoritarismo” se tornan etéreos, en tanto no logren articular o rearticular estas demandas con concreción. Muchas veces con costos políticos e ideológicos grandes para cualquiera de los bloques. Lo cierto es que hasta ahora la etnicidad juega como el elemento aglutinador del bloque popular frente a la oposición, pero esto no merma el pragmatismo político del mundo corporativo, que, juega en condiciones de ventaja en el escenario político actual. Quizás el ciclo de conflictividad que se abre hoy evidencie finalmente que las organizaciones corporativas se constituyen en verdaderos factores de poder, tanto a nivel nacional, departamental y municipal. Arditi, ya decía que en las democracias actuales existe un nuevo circuito de la política conformado por movimientos sociales y grupos de interés organizados, que se constituyen en los verdaderos centros de referencia para la agregación de intereses y la construcción de identidades colectivas. Algo que no resulta novedoso en nuestro país, en el que la matriz socio-política corporativa demarcó históricamente las relaciones Estado-sociedad, que se basan, antes que, en relaciones entre individuos, en relaciones entre sujetos colectivos. Hasta ahora, la predominancia de la mirada liberal tendió a soslayar o estigmatizar las dinámicas corporativas desde una cierta nostalgia conservadora, que restringe la política sólo al ámbito de las instituciones y presume que los partidos políticos son garantes del interés general, una pureza que, como sabemos, nunca existió. Del otro lado, la mirada apologética de los movimientos sociales tampoco logró encarar las ambivalencias de las agendas sectoriales y las pulsiones progresistas y conservadoras que anidan en el campo popular, todo esto en el marco del carácter estructural y paradójico de la economía informal. Con todo, es claro que el mundo corporativo concierne a sujetos con agencia política propia, que, según las coyunturas políticas, pueden operar como aliados o adversarios del MAS. La autora es socióloga.

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